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19 nov 22 Etapa ciclista: Forcarey – Outeiro Grande – Graña de Cabanelas (19/11/2022)

El sábado 19 de noviembre realicé una breve etapa ciclista por las cercanías de Forcarey. Breve en distancia, pero una de esas etapas que acaba resultando tremendamente satisfactoria. Fue una etapa corta motivada por las circunstancias meteorológicas. Estos días han sido bastante lluviosos en la zona, y la previsión para el día era igualmente mala, con la excepción de una ventana de 4 horas por la mañana, en la que el tiempo se preveía nublado, pero libre de lluvias. Y, en efecto, a las 8 de la mañana la lluvia había cesado. Pude sacar a Ulises a dar un breve paseo antes de emprender la marcha. El cielo aparecía con nubes altas, y apenas había algunos bancos de niebla en las montañas circundantes. Así que a la vuelta del paseo, bajé a por la Giant, y me dispuse a empezar a rodar justo a las 9:00h. Pero en ese rato todo había cambiado. Forcarey estaba cubierto por una neblina, y no dejaba de lloviznar. La cosa estaba como para volver a meterse en casa. Aun así, decidí continuar, confiando en que la previsión fuera acertada, y tuviera un respiro algo más adelante.

Empecé a rodar dirigiéndome hacia la Chamosa, donde continué por carretera, y en continuo lloviznar, hasta el Salgueiro. Allí dejé atras el asfalto, y empecé a rodar por una estupenda corredoira, que como no podía ser de otra manera, estaba empapada, llena de barro y de hojarasca. ¡Pero es que es otoño! Sería ingenuo espera otra cosa.

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De nuevo sobre el asfalto, subí hasta alcanzar la carretera a la altura del observatorio astronómico. Desde allí, tomé la pista que lleva al Barazal, y emprendí la estupenda subida a A Mámoa. No pude evitar mojarme los pies al pasar sobre el arroyo de la Chamosa, que iba con bastante agua. Así que ya estaba empapado por todos lados. Llegué a A Mámoa, y no pude evitar detenerme ante una de las casas, que cuenta con una pintoresca decoración del Camino de Santiago. No en balde, el Camino d la Geira Romana y los Arrieros pasa por allí.

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Al pararme a echar las fotos, dejé la bici justo en la salida de ventilación de la casa. Salía un calorcito la mar de agradable. Algo que me venía bien con la que me estaba cayendo. Nada espectacular, pero una llovizna persistente de la que te acaba dejando calado. Seguí adelante, volviendo por asfalto a la carretera de Forcarey. Desde allí, mi idea era realizar la subida al Outeiro Grande, una cima cercana a la que no había ascendido con anterioridad. Esta subida se realiza por un camino que surge de una curva abandonada de la carretera. Encontré el acceso a dicha curva, y al poco di con el camino de subida. La subida es constante, unos 550 metros desde la curva, con una media del 9% y tramos del 15%. Es un buen camino, amplio, pero con hierba, barro y algo de piedra suelta que hace que se enganche mucho. Técnicamente no es difícil, pero exige más esfuerzo de lo que parece. Tras superar esta primera subida se llega a una antena de radio, que en esa mañana se encontraba casi oculta por la niebla.

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Continué a continuación con el ascenso hasta el otero en sí. Es otro medio kilómetro, pero más tendido, si bien con el mismo tipo de camino. En condiciones normales tiene que dejar unas vistas estupendas del entorno, pero en mi caso, solo podía ver niebla. Al menos, había dejado de lloviznar.

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Llegué al otero no mucho después, y pude ver el vértice geodésico que marca el punto más alto (758 msnm). No me pide resistir a trepar hasta él, y echarme algunas fotos.

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Ya que estaba allí, y que parecía que la niebla era menos intensa en lo alto, tampoco que pude resistir a sacar el dron y tomar algunas grabaciones por encima de la niebla. Por desgracia, el vídeo no quedó registrado, aunque pude ver en el móvil algunas tomas del banco de niebla por encima, y cómo ésta se extendía por los valles de alrededor. Una verdadera lástima que no se grabara.

Tras el rato de parada, descendí en dirección a la aldea de Carballo. El comienzo de la bajada me dejó una muestra de las vistas tan estupendas que se tienen desde este lugar, pese a la niebla:

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La bajada en sí es estupenda. Mucho más acusada que por la vertiente sur, por la que yo había ascendido. Tiene dos tramos diferenciados, siendo el más escarpado el segundo, donde se llegan a encontrar desniveles del 22%. ¡Y se nota! Me alegré de ir en la Giant con los frenos de disco hidráulicos, y no en la gravel con los frenos cantilever. Si ese hubiera sido el caso, lo habría pasado bastante mal. Al final de la bajada se llega a un camino, aún en descenso, pero considerablemente más suave, que acaba llegando a las cercanías de Carballo. No era la primera vez que rodaba por ahí, y sabía que desde ese punto tenía otro camino, a ratos entre eucaliptos y a ratos entre bosque autóctono, que me llevaría a la carretera que va a la Graña de Cabanelas. Es una subida, aun por asfalto, dura, con desniveles del 14%, y que más vale tomársela con calma. Luego hay una divertida bajada hasta la Graña. Llegados allí, giré a la izquierda para tomar la carretera que va hasta Levoso, pero al cabo de un rato me salí a mano derecha por un camino que asciende directamente hasta las cercanías del observatorio, y luego, ya por asfalto, acaba llegando a la carretera de La Estrada. En la carretera, giré a la izquierda para encaminarme hacia Forcarey.

En mi rutero del día tenía previsto dirigirme a las Rabadeiras, para hacer un divertidísimo tramo de trialera que lleva hasta Córneas, pero rondaban ya las 11 de la mañana, había comenzado a lloviznar de nuevo, y pensé que era mejor reservar ese tramo para otro día con mejores condiciones meteorológicas. Y es que hacía frío, estaba calado, no dejaba de lloviznar, y había momentos en que no veía a más de 20 metros por la niebla. ¡Y estaba siendo lo mejor de toda la semana! :mrgreen: Pero ya era hora de ir echando el cierre. Dicho lo cual, pasé Las Casetas de la Armada, y descendí tranquilamente, aunque con algo de frío (habíamos rondado toda la mañana entre los 4 y los 9ºC), de vuelta a Forcarey, dando por finalizada la etapa a las 11:07h.

  • Distancia: 20’735km
  • Distancia (según el GPS): 20’73km
  • Altitud ascendida: 491m
  • Tiempo de etapa: 1:43:59
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2:07:16
  • Pulsaciones medias: 137 ppm
  • Pulsaciones máximas: 171 ppm
  • Cadencia media: S/D
  • Cadencia máxima: S/D
  • Calorías consumidas: 1728kcal

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17 nov 22 Etapa ciclista: Santiponce – Guillena – Las Pajanosas – Gerena – Ruta del Agua (01/11/2022)

El día de Todos los Santos realicé una buena etapa de XC por los alrededores de Santiponce con la bici de montaña de carbono. Me encontraba en Sevilla por razones de trabajo, y como ese día, festivo a la sazón, no tenía nada mejor que hacer, me dediqué a rodar todo lo que pude. Empecé a rodar un poco antes de las 9:00h, y la primera sorpresa fue la niebla. Niebla y frío. Hasta entonces, habíamos tenido días excelentes en Sevilla, pero esa mañana empezaba completamente otoñal. NO estaba mal, pero no era exactamente lo esperado.

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Salí de Santiponce pasando junto a Itálica, para ascender hasta la Vía Verde. En esa zona la niebla era bastante intensa, aunque a medida que iba avanzando iba aclarando poco a poco, aunque sin llegar a desaparecer. Al llegar al Arroyo del Judío -seco a la sazón- la niebla abrió bastante, pero sin dejar aún ver el cielo azul.

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Desde allí tomé la Cañada Real de la Isla, camino hacia Guillena. A medida que avanzaba hacia el norte y ascendía, iba empezando a salir de la niebla. A la altura de la mina de cobre, pude ver algo llamativo: el final de la niebla, con el día despejado hacia el norte, y una masa neblinosa hacia el sur. Aún iba a tardar algunas horas en deshacerse en el valle, pensé.

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Dejada atrás la mina, descendí hacia Guillena por el sendero que va paralelo a la carretera. Al terminar la bajada, seguí hacia Guillena por la indicación del camino de Santiago, por donde continué hasta llegar a la gasolinera de Repsol. Allí me desvié a la izquierda, evitando entrar en Guillena, ya que mi idea era subir hacia Las Pajanosas. Pasé por el recinto ferial, y tomé la carretera que lleva a la cantera, primero, y después asciende convertida en camino en dirección a Las Pajanosas. En el extremo sur del campo de golf enlacé con la ruta del agua, por la que continué hasta llegar a la carretera de Las Pajanosas, a la altura del zoo. Ascendí por carretera, hasta Las Pajanosas. Continué sin determe en los bares de la entrada de la pedenía, con la idea de seguir sin parar en ascenso hacia El Garrobo, pero poco antes de salir de Las Pajanosas me lo pensé mejor, y paré en una placita para tomar algo de fruta, y descansar un poco. Pasaban ya de las 10 de la mañana, y llevaba unos 25 kilómetros en el cuerpo. Un tercio de la etapa, según mis cálculos. Y aún quedaba lo peor.

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Tras el descanso, continué rodando, saliendo de Las Pajanosas por el camino que pasa por la urbanización abandonada, y tras cruzar por encima de la autovía, empieza a subir hacia El Garrobo por uno de los mejores tramos trialeros de la zona. Con un comienzo que tiene un breve tramo de bosque en galería, al poco empieza un descenso vertiginoso hasta un arroyo -lamentablemente seco- para después ascender en sucesivas rampas. Una delicia. No quise cebarme demasiado en la subida, teniendo en cuenta lo que tenía por delante, pero lo disfruté enormemente. Los charcos habituales -cinco en todo el ascenso- ya se habían empezado a formar, merced a las lluvias -ciertamente escasas- caídas en los días anteriores, que habían bastando para que hicieran acto de presencia. Culminé la subida un poco antes de las 10:45h, y sin detenerme, tomé la carretera que lleva a Gerena.

Al poco me alcanzó un pequeño grupo de carreteros, a los que me acoplé. No debían de ir demasiado rápido, porque no me costó demasiado ir a su ritmo, teniendo de cuando en cuando que refrenarme. E incluso en la subida tras el arroyo de Las Torres tuve que ponerme en cabeza para que no me rompieran la marcha. En fin, la cosa no duró mucho, porque no tardé en meterme por la trialera paralela a la carretera, y ahí ya se me fueron. Pero si quisiera ir por carretera, no llevaría una bici de montaña. :mrgreen:

Tras una breve parada, continué el camino hasta Gerena, que atravesé, para salir por el sur, enlazando con la Ruta del Agua. Seguí por la misma, a un ritmo sorprendentemente bueno, hasta llegar al Pilón del Conti, donde hice una nueva parada. Me entretuve mirando el pozo, que tenía agua, aunque también bastante suciedad. De todas maneras, no tenía intención de beber. Ya lo había hecho una vez (que no me quedó más remedio porque me había quedado sin agua), y recuerdo el agua del mismo como bastante salobre. Llevaba, en cualquier caso, 45 kilómetros de mi recorrido, y no llegaban a ser las 11:30h.

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Tras la pausa, continué rodando, en dirección a La Alondra. Al cruzar el viejo trazado del ferrocarril tuve la tentación de tomarlo para volver a Santiponce. Empezaba a estar algo cansado. Pero decidí continuar por la Ruta del Agua. El camino va este rato más en ascenso, con suaves subidas y bajadas hasta el cortijo La Bartola. Fue en esa zona donde empecé a notar las piernas algo flojas. Así que al llegar a la estación depuradora de La Alondra, hice mi última parada, para tomar algo más de fruta, y ver si me recuperaba. Pasaba ya de los 50 kilómetros.

No fue muy buena idea. Al volver a rodar, me seguía notando débil, y tuve que bajar un poco el ritmo. La verdad, es que los últimos 12 kilómetros del recorrido se me hicieron un pelín largos. Seguí por la Ruta del Agua, cruzando la carretera de Salteras, y la tachuelilla que hay justo después se me hizo dura. Al menos, ya estaba cerca de casa. Seguí rodando de manera relajada, hasta llegar a la vía del tren. Allí tomé la Cañada Real, para bajar -a buen ritmo- hasta la vía verde, que tomé para volver hasta Santiponce. Llegué a casa a las 12:35h, tras haberme metido entre pecho y espalda casi 70 kilómetros de buen recorrido rodador. Y aunque el final se me había hecho algo largo, había disfrutado tremendamente de la etapa. Aunque lo mejor vino después: la visita de mis padres, que decidieron venir a pasar la tarde conmigo a Santiponce. Un estupendo tercer tiempo para una gran etapa.

Datos de la etapa:

  • Distancia: 69’378km
  • Distancia (según el GPS): 69’37km
  • Altitud ascendida: 711m
  • Tiempo de etapa: 3:19:50
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3:45:03
  • Pulsaciones medias: 138 ppm
  • Pulsaciones máximas: 177 ppm
  • Cadencia media: 67
  • Cadencia máxima: 132
  • Calorías consumidas: 3027kcal

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22 oct 22 Etapa ciclista: Los Morales – El Reventón (16/10/2022)

El domingo 16 de octubre salí por Córdoba con mi amigo Ángel en una etapa vespertina. No es habitual que salga por la tarde, y menos aún en Córdoba, pero en esta ocasión tenía una estupenda razón para ello: el día anterior se había celebrado la boda de mi prima Carmen con el que ya es su marido, Adriá, en Villaharta, y la fiesta se había extendido hasta tarde. Y como no era menos, lo había dado todo. Así que a la mañana del domingo no estaba en condiciones de hacer nada a derechas, las cosas como son. Además, Ángel me había comentado que le vendría mejor salir por la tarde, por lo que las piezas encajaron perfectamente.

Aproveché la última hora de la mañana para hacer algunos ajustes en la RockRider 6.4 de mi padre, que es la bici que estoy cogiendo en Córdoba cuando ando por allí. Estaba bastante bien desde la última salida, pero era necesario inflar neumáticos, quitar polvo (literalmente) y engrasar un poco la cadena. Así, cuando Ángel llegó a las 17:00h, estaba listo para empezar a rodar. No disponíamos de mucho tiempo hasta la puesta de sol, y de todas maneras, seguía hecho un guiñapo, así que optamos por un recorrido bastante convencional, pero que no deja de ser una gran salida: subida por Los Morales, y bajada por El Reventón. Convencional, sí, pero que para mí presentaba la novedad de saber cómo había quedado el sendero del Lobo (también conocido como Los Chorizos) y la bajada del Reventón tras la reciente mejora de los mismos para permitir el uso y disfrute de los mismos por las personas que suben a la Sierra.

Traté de empezar suave en la subida por la Cuesta Negra y las calles aledañas de Sansueña, camino de Los Morales. Pero entre la paliza del día anterior y el tiempo sin rodar en la zona, no acababa de encontrar mi ritmo. “Vas muy rápido”, me advertía Ángel. Y era cierto. Además, se me iba bajando el sillín, y fue necesario hacer una pequeña pausa para ajustarlo. Al poco, entramos en Los Morales, y aquello se me hizo un mundo. Como siempre, empieza con un arranque brutal, con tierra muy suelta, y tramos de mucha piedra. Tuve que echar pie a tierra pronto. Estaba sudando como un cerdo, y pasando las de Caín. Ángel buscaba darme un buen ritmo, pero la cosa iba de desastres. Aún así, estaba valiendo la pena. Y fue entonces cuando se puso a llover.

No nos engañemos, fueron apenas unas gotas, pero no dejó de hacerme gracia. Seguimos trepando por Los Morales. El tramo peor fue el de la piedra, pasado el cual ya no necesité echar pie a tierra en ningún sitio más, salvo una breve parada de descanso al final de la cuesta en la que ya se ven las antenas. Desde allí seguimos ascendiendo a un ritmo razonable, y tras un rato de sufrimiento, acabamos llegando al Lagar. Sin parar, resolvimos seguir hacia las Ermitas, tomando el sendero del Lobo. La primera parte está prácticamente igual, pero pasado el tramo de bosquecillo cerrado, el sendero está perfectamente acondicionado. Una gran diferencia con respecto al sendero hundido en el terreno, que apenas permitía rodar a fila de uno, que tenía en mi memoria. Como le decía a Ángel, una ganancia para los visitantes de la Sierra en general, una pérdida para los que nos gustan los senderos técnicos para bici.

Tras un descenso vertiginoso, llegamos al cruce de las Ermitas. Allí le pedí a Ángel subir hasta las Ermitas, donde estuvimos haciendo algunas tomas de vídeo, y luego emprendimos el descenso por El Reventón. Ahí se podía ver de nuevo el trabajo de mejora del camino.

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Zahorra y tierra compactada, que han dejado el camino perfectamente liso. Ha pasado a ser una autopista. Una ganancia para todos, una pérdida para nosotros. Aunque ahora los descensos son vertiginosos sin destrozar cámaras en la bajada. De nuevo en la bajada hicimos otra toma de vídeo, y seguimos el descenso. Al llegar al Patriarca, dejamos atrás el asfalto, y bajamos cruzando el parque. Ahora se encuentra bien señalizado, y es un gusto seguir las marcas.

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Me separé de Ángel en la parte baja del Patriarca. Él debía volver a casa por el Canal, y yo atravesando el Tablero. Fue un gustazo compartir con él esta etapa. Vaya desde aquí mi homenaje. Y ya cada uno por su lado, me encaminé a casa. No pude menos que detenerme justo a una pintada que lleva años emocionándome, y es la pintada de Alita, Ángel de Combate, que se encuentra ya cerca de mi casa. Aparte de por la factura técnica, que es muy buena, es por el hecho de que haya sobrevivido durante al menos dos décadas sin daños desde que fue realizada. Mi homenaje al artista.

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Llegué a casa a las 19:05h, tras 20 kilómetros de etapa, corta, dura, y enormemente divertida. No había podido dejar de salir ese día por que no sabía cuánto tiempo tardaría en volver a andar por Córdoba. Y algo me decía que habría de pasar un tiempo. En efecto, apenas 24 horas después, andaba cruzando España, ya que el lunes llamaron a Ana para incorporarse a un puesto de profesora interina en Pazos de Borbén, Pontevedra, hasta final de curso. That’s life!

Datos de la etapa:

  • Distancia: 19’006km
  • Distancia (según el GPS): 19’00km
  • Altitud ascendida: 520m
  • Tiempo de etapa: 1:41:32
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2:05:06
  • Pulsaciones medias: S/D
  • Pulsaciones máximas: S/D
  • Cadencia media: S/D
  • Cadencia máxima: S/D
  • Calorías consumidas: 654kcal

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12 oct 22 Etapa ciclista: Trialera del Camino de Santiago – La Lapa (09/10/2022)

El domingo 9 de octubre realicé una etapa ciclista por las cercanías de Guillena. Tenía ganas de algo rápido, conocido y agradable, y no tardé en decidirme por hacer la subida y bajada por la Trialera del Camino de Santiago. Sin embargo, como eso iba a quedárseme algo corto, pensé en complementarlo con un segmento nuevo, que ya había intentado recorrer una vez con anterioridad, pero que no había sido posible al encontrarse cerrado de manera ilegal: la bajada por La Lapa hasta el pantano de Gérgal. Tenía constancia de que este tránsito ya era posible, y me apetecía recorrerlo. Dicho y hecho, empecé a rodar algo pasadas las 8:30h desde el polígono de Guillena, habiendo optado esta vez por la bicicleta de carbono. Empecé la subida con algo de fresco, pero en un día tremendamente agradable. La subida no tuvo mayores comentarios, ya que desde que hace algún tiempo se adecentó la misma, ha ganado en comodidad pero perdido en interés. Sin embargo, y pese a esto, sigue siendo un recorrido estupendo.

A media subida, me encontré con una pareja de peregrinos, algo mayores, a los que saludé y deseé un buen camino. No mucho después, llegué al desvío a la fuente de agua, y no me pude resistir a desviarme un poco para acercarme a la misma. Por desgracia -o por suerte, porque la primera y única vez que bebí de ahí acabé con una infección estomacal, aunque no tengo pruebas de que fuera por beber en la fuente- la bomba se encontraba rota, y no era posible extraer agua de la misma.

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De vuelta al camino, seguí en ascenso, y volví a pasar a la pareja de peregrinos. Sin detenerme, charlamos un poco, informándoles de lo que había por delante. Fue una breve charla en inglés, lo que agradecí poder hacer después de un tiempo. Tras ello, continué mi ascenso, pasé la doble cancela, y no tardé mucho en finalizar la trialera, para salir a la pista de grava que lleva a la carretera de Burguillos a Castilblanco. Allí, contra lo acostumbrado, giré a la izquierda para emprender el descenso de La Lapa. La pista está catalogada como carretera SE-186, y ya la había recorrido una vez en ese sentido, para llegar a una verja metálica que impedía el paso a mitad de la bajada. Esta vez, sin embargo, fue diferente. Aunque la carretera sigue sin asfaltar (mejor para mi gusto), se encuentra con abundante señalización de carreteras, y un buen firme de grava fina. En plana bajada había desaparecido ya la ominosa cancela, y fue posible llegar hasta el final de la misma, en el pantano de Gérgal, y justo enfrente de la estación de tren abandonada. Una bonita vista y, la verdad, es una pena que no haya algún puente, tirolina, o cualquier otro método que permita pasar al otro lado.

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Tras un pequeño tentempié, emprendí la vuelta. Es una subida bastante constante, con unas rampas del 10% y que sube de manera prácticamente continua durante 3.5 kms, hasta llegar a un pequeño descanso, para luego culminar con una pequeña subida. Desde allí, se desciende hasta enlazar de nuevo con la trialera del Camino de Santiago. Allí me volví a encontrar con la pareja de peregrinos. Siendo la tercera vez, no me pude resistir a detenerme un rato, y darles palique. La mujer era la más habladora, debía de andar por la sesentena; el hombre aparentaba ser algo más joven, pero no era muy hablador. En la conversación me contaron que eran de Iowa (EEUU), y ella era una habitual de los Caminos de Santiago. Charlamos un poco del recorrido, de otros caminos, y me preguntaron por las celebraciones del día anterior en Santiponce (la Virgen del Rosario), y parecieron asombrados de la gran cantidad de ciclistas que había por la zona. En efecto, es un recorrido muy popular. Me preguntaron por mi inglés, lo que me dio pie a hablar un poco de mis años en Irlanda. Y por último, por la casualidad de que ese día se celebrara la carrera de fondo Turdetania Trail, comentamos también sobre los corredores de fondo que en ese momento empezaron a llegar. Sin más me despedí deseándoles -otra vez- un buen camino.

Por mi parte, reemprendida la marcha, bajé por la Trialera del Camino de Santiago, pasando con todo el cuidado posible a corredores, hasta terminar la parte de bosque, y salir a la bajada entre olivos. Allí fue donde pasé al corredor que iba en cabeza, y sin más novedad, llegué hasta el polígono, donde di por finalizada la etapa, tras 32 kilómetros de pedaleo.

Datos de la etapa:

  • Distancia: 31’932km
  • Distancia (según el GPS): 31’93km
  • Altitud ascendida: 551m
  • Tiempo de etapa: 1:44:56
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2:05:41
  • Pulsaciones medias: 146
  • Pulsaciones máximas: 169
  • Cadencia media: 66
  • Cadencia máxima: 157
  • Calorías consumidas: 1834kcal

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05 ago 22 Cañada Real de las Islas a vista de dron

Desde que volvimos de Forcarey (y de las vacaciones en Almería) he estado saliendo a rodar al alba por las cercanías de Santiponce. El calor de estos días hace que sea mucho más agradable salir a rodar a esta hora que más tarde por la mañana, o incluso por la misma tarde. En varias de las ocasiones no me he podido resistir a llevar el dron. El siguiente vídeo es el resultado de ello:

Está rodado en la Caña Real de las Islas (o de Isla Mayor), entre Santiponce, Salteras y Guillena. En el vídeo se aprecia tanto la Cañada real en sí, como la Mina de cobre Las Cruces, el viejo puente ferroviario de las minas de Aznalcóllar sobre el arroyo del Judío, y el cortijo de Villadiego.

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