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El síndrome del francotirador majara
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17 nov 22 Etapa ciclista: Santiponce – Guillena – Las Pajanosas – Gerena – Ruta del Agua (01/11/2022)

El día de Todos los Santos realicé una buena etapa de XC por los alrededores de Santiponce con la bici de montaña de carbono. Me encontraba en Sevilla por razones de trabajo, y como ese día, festivo a la sazón, no tenía nada mejor que hacer, me dediqué a rodar todo lo que pude. Empecé a rodar un poco antes de las 9:00h, y la primera sorpresa fue la niebla. Niebla y frío. Hasta entonces, habíamos tenido días excelentes en Sevilla, pero esa mañana empezaba completamente otoñal. NO estaba mal, pero no era exactamente lo esperado.

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Salí de Santiponce pasando junto a Itálica, para ascender hasta la Vía Verde. En esa zona la niebla era bastante intensa, aunque a medida que iba avanzando iba aclarando poco a poco, aunque sin llegar a desaparecer. Al llegar al Arroyo del Judío -seco a la sazón- la niebla abrió bastante, pero sin dejar aún ver el cielo azul.

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Desde allí tomé la Cañada Real de la Isla, camino hacia Guillena. A medida que avanzaba hacia el norte y ascendía, iba empezando a salir de la niebla. A la altura de la mina de cobre, pude ver algo llamativo: el final de la niebla, con el día despejado hacia el norte, y una masa neblinosa hacia el sur. Aún iba a tardar algunas horas en deshacerse en el valle, pensé.

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Dejada atrás la mina, descendí hacia Guillena por el sendero que va paralelo a la carretera. Al terminar la bajada, seguí hacia Guillena por la indicación del camino de Santiago, por donde continué hasta llegar a la gasolinera de Repsol. Allí me desvié a la izquierda, evitando entrar en Guillena, ya que mi idea era subir hacia Las Pajanosas. Pasé por el recinto ferial, y tomé la carretera que lleva a la cantera, primero, y después asciende convertida en camino en dirección a Las Pajanosas. En el extremo sur del campo de golf enlacé con la ruta del agua, por la que continué hasta llegar a la carretera de Las Pajanosas, a la altura del zoo. Ascendí por carretera, hasta Las Pajanosas. Continué sin determe en los bares de la entrada de la pedenía, con la idea de seguir sin parar en ascenso hacia El Garrobo, pero poco antes de salir de Las Pajanosas me lo pensé mejor, y paré en una placita para tomar algo de fruta, y descansar un poco. Pasaban ya de las 10 de la mañana, y llevaba unos 25 kilómetros en el cuerpo. Un tercio de la etapa, según mis cálculos. Y aún quedaba lo peor.

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Tras el descanso, continué rodando, saliendo de Las Pajanosas por el camino que pasa por la urbanización abandonada, y tras cruzar por encima de la autovía, empieza a subir hacia El Garrobo por uno de los mejores tramos trialeros de la zona. Con un comienzo que tiene un breve tramo de bosque en galería, al poco empieza un descenso vertiginoso hasta un arroyo -lamentablemente seco- para después ascender en sucesivas rampas. Una delicia. No quise cebarme demasiado en la subida, teniendo en cuenta lo que tenía por delante, pero lo disfruté enormemente. Los charcos habituales -cinco en todo el ascenso- ya se habían empezado a formar, merced a las lluvias -ciertamente escasas- caídas en los días anteriores, que habían bastando para que hicieran acto de presencia. Culminé la subida un poco antes de las 10:45h, y sin detenerme, tomé la carretera que lleva a Gerena.

Al poco me alcanzó un pequeño grupo de carreteros, a los que me acoplé. No debían de ir demasiado rápido, porque no me costó demasiado ir a su ritmo, teniendo de cuando en cuando que refrenarme. E incluso en la subida tras el arroyo de Las Torres tuve que ponerme en cabeza para que no me rompieran la marcha. En fin, la cosa no duró mucho, porque no tardé en meterme por la trialera paralela a la carretera, y ahí ya se me fueron. Pero si quisiera ir por carretera, no llevaría una bici de montaña. :mrgreen:

Tras una breve parada, continué el camino hasta Gerena, que atravesé, para salir por el sur, enlazando con la Ruta del Agua. Seguí por la misma, a un ritmo sorprendentemente bueno, hasta llegar al Pilón del Conti, donde hice una nueva parada. Me entretuve mirando el pozo, que tenía agua, aunque también bastante suciedad. De todas maneras, no tenía intención de beber. Ya lo había hecho una vez (que no me quedó más remedio porque me había quedado sin agua), y recuerdo el agua del mismo como bastante salobre. Llevaba, en cualquier caso, 45 kilómetros de mi recorrido, y no llegaban a ser las 11:30h.

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Tras la pausa, continué rodando, en dirección a La Alondra. Al cruzar el viejo trazado del ferrocarril tuve la tentación de tomarlo para volver a Santiponce. Empezaba a estar algo cansado. Pero decidí continuar por la Ruta del Agua. El camino va este rato más en ascenso, con suaves subidas y bajadas hasta el cortijo La Bartola. Fue en esa zona donde empecé a notar las piernas algo flojas. Así que al llegar a la estación depuradora de La Alondra, hice mi última parada, para tomar algo más de fruta, y ver si me recuperaba. Pasaba ya de los 50 kilómetros.

No fue muy buena idea. Al volver a rodar, me seguía notando débil, y tuve que bajar un poco el ritmo. La verdad, es que los últimos 12 kilómetros del recorrido se me hicieron un pelín largos. Seguí por la Ruta del Agua, cruzando la carretera de Salteras, y la tachuelilla que hay justo después se me hizo dura. Al menos, ya estaba cerca de casa. Seguí rodando de manera relajada, hasta llegar a la vía del tren. Allí tomé la Cañada Real, para bajar -a buen ritmo- hasta la vía verde, que tomé para volver hasta Santiponce. Llegué a casa a las 12:35h, tras haberme metido entre pecho y espalda casi 70 kilómetros de buen recorrido rodador. Y aunque el final se me había hecho algo largo, había disfrutado tremendamente de la etapa. Aunque lo mejor vino después: la visita de mis padres, que decidieron venir a pasar la tarde conmigo a Santiponce. Un estupendo tercer tiempo para una gran etapa.

Datos de la etapa:

  • Distancia: 69’378km
  • Distancia (según el GPS): 69’37km
  • Altitud ascendida: 711m
  • Tiempo de etapa: 3:19:50
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3:45:03
  • Pulsaciones medias: 138 ppm
  • Pulsaciones máximas: 177 ppm
  • Cadencia media: 67
  • Cadencia máxima: 132
  • Calorías consumidas: 3027kcal

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01 abr 21 Etapa ciclista: Vía Verde de Itálica – Ruta del Agua (01/04/2021)

El jueves 1 de abril Manolo, Miguel y yo volvimos a realizar una etapa ciclista por las cercanías de Sevilla. Seguimos con el plan de rodar y hacer kilómetros para ir entrando en forma, y tras la etapa anterior en torno al río, propuse una etapa de un kilometraje similar por la campiña sevillana: tomar la Vía Verde de Itálica desde Santiponce, y recorrerla hasta el puente roto sobre el río Guadiamar, en las cercanías de Gerena. Y desde allí, volver sobre nuestros pasos hasta el cruce con la Ruta del Agua, y volver a Santiponce por ella.

Quedamos esta vez a nuestra hora habitual, las 9:00h, y empezamos puntuales. Miguel había llegado con algo de adelanto, y Manolo llegó directamente montado en bici desde su casa. La mañana era bastante ventosa y amenazaba lluvia, pero salvo un breve instante de chispeo, a lo largo del día no nos cayó nada de agua. El viento, eso sí, fue constante. Avanzamos a un ritmo bastante bueno por la vía verde hasta llegar al puente del Arroyo del Judío, donde termina “oficialmente” el trazado de la vía verde, y continuamos por el trazado de la misma, camino de Gerena. El tramo antes de llegar a la carretera de Salteras se encuentra, como siempre, lleno de balasto y se hace fastidioso rodar sobre él, razón por la que esta vez iba con la bici de carbono en vez de con la gravel.

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Pasada la carretera, y hasta el cruce con la Ruta del Agua seguimos avanzando a buen ritmo, por un trazado que no tenía nada de barro y permitía rodar bien. Hay un derrumbe importante cerca del cruce, que hace que sea obligado cruzar con algo de cuidado. Pero aparte de eso, nada más. Pasamos por la carretera de Gerena a Olivares, e hicimos el arco junto a la antigua estación de Gerena-Empalme, para llegar a las cercanías del puente roto. Desde allí nos planteamos vadear el río y enlazar con la ruta verde del Guadiamar, pero decidimos finalmente seguir con el plan original, por lo que retornamos sobre nuestros pasos hasta llegar de nuevo al cruce con la Ruta del Agua. Y esta vez con el viento más en contra que a la ida.

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Tomamos la Ruta del Agua, donde se notó a mejor el cambio de firme. Avanzamos sin mucha novedad hasta La Alondra, disfrutando del paisaje.

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Seguimos avanzando, hasta llegar a la vía del tren de Huelva, y pasamos sobre la misma, para salir a la carretera de Valencina a Santiponce. Bajamos a Santiponce por carretera, y en el primer bar que encontramos paramos a tomar unas buenas tostadas con aceite y tomate. Tras el refrigerio, Miguel y yo volvimos a mi casa, y Manolo continuó hasta Sevilla.

Datos de la etapa

  • Distancia: 43’130km
  • Distancia (según el GPS): 43’13km
  • Altitud ascendida: 261m
  • Tiempo de etapa: 2:28:12
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3:05:56
  • Calorías consumidas: 1722kcal

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12 ene 20 Platos gravel para la Super BH L6000

Escribía hace algún tiempo sobre la restauración de una Super BH L6000 que había pertenecido a uno de mis tíos, y que había igualmente adaptado para su uso como gravel, ya que no soy especialmente aficionado al ciclismo de carretera. La restauración quedó estupenda, pero pronto pude comprobar que el uso de los platos de carretera originales (52-42) no era lo más adecuado para su uso en campo. Cuando la pista tiraba algo más de la cuenta para arriba, la cosa se complicaba bastante. Así que decidí comprar unos platos específicos para gravel, de la nueva gama Shimano GRX. El desmontar los platos antiguos dio algo de guerra, ya que se encontraban tremendamente agarrados al eje del pedalier, pero finalmente pude sacarlos y reemplazarlos por los nuevos, junto con el eje del pedalier. El resultado es bastante bueno, aunque con unos platos en plata hubiera quedado mejor:

Super BH L6000 Gravel en la Cañada Real de las Islas

Super BH L6000 Gravel en la Cañada Real de las Islas

Y no pude menos que salir a rodar con ella esta mañana. Fría (en torno a 3ºC cuando salí), pero despejada y excelente para rodar. A lo tonto, a lo tonto, hice una etapa de 50 kms. rodando entre Las Pajanosas, Gerena y Valencina, combinando recorrido por vía verde, cañadas, senderos, asfalto y la ruta del agua. Precisamente la idea para la que están concebidas las gravel.

Super BH L6000 Gravel en Gerena

Super BH L6000 Gravel en Gerena

Un resultado excelente. Para llevar 6-7 semanas sin rodar, he batido algunas marcas personales en diversos tramos. Y eso con una bici de los años 80 reconvertida. :mrgreen:

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24 jul 12 Etapa ciclista: Santiponce – Guillena – La Cantina – Gerena – Santiponce (15/07/2012)

El domingo 15 de julio salí a rodar en solitario en la que hasta la fecha ha sido la etapa más larga que he realizado en Sevilla: 72 kilómetros. El germen de esta etapa estaba en un recorrido de 101 kilómetros que estoy preparando en la zona de la Sierra Norte de Sevilla, y que combina varios trazados habituales en nuestras salidas sevillanas. Sin embargo, había una zona a recorrer por la que nunca había circulado: el tramo de la Ruta del Agua entre Las Pajanosas y Gerena. Así que, no teniendo mejor plan para un domingo a primera hora de la mañana, decidí recorrer ese tramo, partiendo desde casa. En realidad se trataba de hacer media 101. Pero las cosas no salieron como lo esperaba.

De acuerdo a mi plan, empecé a pedalear desde Santiponce al filo de las 8:00h. Tomé el trazado de la Vía de la Plata en dirección Guillena. La mañana se presentaba agradable, y daban ganas de rodar. Pronto dejé atrás la carretera y tomé la pista que, en línea recta como una flecha, conduce en dirección Guillena durante unos interminables 7 kilómetros por la pista de mantenimiento del sistema de suministro de aguas a Sevilla. En este tramo apenas me crucé con un par de ciclistas, un caminante y un peregrino, que descansaba en su larga marcha camino de Santiago. Al llegar al final de la pista seguí las indicaciones que por caminos agrícolas conducen a Guillena, teniendo para ello que salvar un maloliente arroyo justo antes de la entrada de Guillena.

Eran las 8:30h cuando estaba entrando en este pueblo. Dado que mi objetivo era salir de él por el Cordel de la Cruz de la Mujer, y luego girar al oeste en dirección a Las Pajanosas por la Ruta del Agua, estaba viendo que la etapa se me iba a quedar algo corta. Así que una idea se empezó a formar en mi cabeza: ¿por qué no combinar el recorrido con la subida del Cordel de la Cruz de la Mujer hasta La Cantina y volver por el tramo restringido? Si hubiera tenido algo de sentido común habría desechado recorrer 22 kilómetros extra de etapa, sobre todo sabiendo que había salido apenas con 1’5 litros de agua en el Camelback. Pero como no lo tengo, al menos no cuando salgo a dar pedales, al llegar al cruce del Cordel con la Ruta del Agua continué ascendiendo.

Realicé el ascenso hasta la cima de la Cuesta de la Lenteja en unos 35 minutos. No había dejado de pedalear ni un segundo desde mi salida de Santiponce (salvo para salvar el pestilente arroyo), por lo que llevaba ya hora y 20 minutos de etapa… y no tenía intención de detenerme. Bajé la siempre divertida Cuesta de la Lenteja, y acto seguido, sin parar en la Cantina, inicié la vuelta hasta el cruce por el tramo restringido.

Mantuve en la vuelta un ritmo bastante alegre. No tanto como el que Rafa y yo nos marcamos en la etapa nocturna de la semana anterior, pero sí lo suficiente como para mantener una media superior a los 19 km/h en el trazado pestoso del tramo restringido. Y eso contando con dos paradas para echar sendas fotografías del Pantano de Gérgal en un nivel asombrosamente bajo de agua.

Pantano de Gérgal

Pantano de Gérgal

No pude menos que volver a tomar una fotografía del trazado del ferrocarril del Cala, por donde dos semanas antes habíamos transitado en una etapa sumamente divertida. Y el nivel del agua seguía bajando. ¿Hasta dónde se podrá llegar ya?

Vista del ferrocarril del Cala

Vista del ferrocarril del Cala

Salí del Tramo Restringido a las 10:00h. Mi pequeña excursión me había llevado una hora y cuarto, pero había valido la pena. Me acercaba a los 40 kilómetros de etapa, y aún tenía mucho que ver por delante. Seguí avanzando por la Ruta del Agua hasta llegar al Zoo de Guillena, lo que representaba un camino ya conocido. Era a partir de ahí, y hasta llegar al cruce con la Vía Verde de Itálica, donde empezaba lo desconocido.

Tras algunas dudas al respecto, conseguí encontrar la continuación de la Ruta del Agua, que resurge de la carretera justo enfrente del zoo. Avancé a un buen ritmo por ella, deteniéndome tan sólo para corregir mi rumbo en una bifurcación que a punto estuvo de hacer volver erróneamente a Guillena por una pista que -por otro lado- tiene una pinta bastante interesante. Corregido este error, crucé la vieja N-630 al sur de Las Pajanosas, y pasé por un paso subterráneo bajo la A-66. Inicié una breve bajada, preludio de un tramo bastante sinuoso y con abundantes toboganes camino de Gerena. Este tramo de la Ruta del Agua se encuentra bastante bien señalizado, por lo que es complicado perderse, aunque no hay que despistarse en los abundantes cruces que jalonan este tramo. Tramo que, por otro lado, marca el fin de las zonas arbóreas en lo que restaba de recorrido: a partir de ahí tenía 24 kilómetros a pleno sol. Y nos empezábamos a acercar peligrosamente a las 11 de la mañana…

En las cercanías de Gerena la Ruta del Agua abandona las faldas de Sierra Morena, para adentrarse de manera definitiva en la Campiña sevillana. Y lo hace descendiendo en línea recta en dirección a esta, como para marcar distancias con lo sinuoso del tramo anterior. Esta recta tan sólo se ve interrumpida por la variante de Gerena, que hace necesario tomar un desvío hasta llegar a una rotonda, antes de reincorporarse a la Ruta del Agua.

A esas alturas del recorrido empezaba a preocuparme la falta de agua. El calor apretaba, las sombras habían desaparecido, y no veía sitio donde poder repostar en las cercanías. Por suerte para mí -o al menos eso pensaba yo- divisé una gasolinera en la distancia. Era mi salvación. Abandoné la Ruta del Agua y me dirigí a la cercana gasolinera… para descubrir que llevaba vaya usted a saber cuánto tiempo cerrada. Mi gozo en un pozo. Menos mal que había sido lo suficientemente prudente como para no agotar de maner anticipada mi exigua reserva de agua.

Así pues, me reintegré a la Ruta del Agua, y me preparé para seguir la marcha, economizando agua en la medida de lo posible. Un esfuerzo futil, ya que la sequedad de la campiña, sus continuas subidas y bajadas y el inclemente sol, hicieron que apenas 5 kilómetros después agotara el agua. Llevaba en ese momento casi 60 kilómetros de etapa.

Por suerte para mí -o al menos eso pensé en mi inocencia- poco después divisé un pozo, con abrevaderos para animales. Corrí hacia él y con un rudimentario cubo saqué algo de agua del pozo, con la que pensaba saciar mi sed. Iluso de mí: el pozo era salobre. Apenas pude tomar un par de sorbos antes de escupir el resto. Pero al menos había calmado la sequedad de mi boca. Algo era algo, pero tenía por delante aún un buen puñado de kilómetros que recorrer. Iba a ser duro, muy duro…

Apenas 200 metros después del pozo llegué hasta el cruce con la Vía Verde de Itálica. Durante todo el recorrido había sopesado continuar con la Ruta del Agua hasta las cercanías de Valencina, para volver a Santiponce por la Cañada Real de las Islas y la Vía Verde. Pero viendo lo negro que pintaba el asunto, decidí finiquitar la etapa por la vía rápida, y volver a casa por el trazado más directo.

Aun así, fue sumamente duro: el tramo de 8’5 kms. entre el cruce y el puente sobre el Arroyo del Judío se encuentra sin habilitar, por lo que es abundante en balasto, traviesas y zonas de tránsito deteriorado. Esos 8 kilómetros se me hicieron bastante duros, sobre todo porque, contra mi costumbre, tuve que procurar respirar casi todo el tiempo por la nariz, para evitar que se me resecara la boca. Pese a todo, pude pasar a varios grupos de ciclistas, y mantener una media de 19 km/h, con picos de 24 km/h. Tampoco era plan pasar más tiempo de la cuenta bajo el sol que empezaba a caer a plomo.

Sin embargo, todo esfuerzo se paga. Alcancé el tramo rehabilitado de la vía verde a las 11:42h, exhausto y muerto de sed. No tardé en ponerme a más de 171 pulsaciones, lo que indicaba que empezaba a deshidratarme, ya que me encontraba en un tramo completamente plano. Por suerte estaba ya a menos de 5 kilómetros de casa. Salvé la distancia hasta el puente de los Vinateros como buenamente pude, y me desvié a la izquierda, para emprender la acostumbrada bajada por la parte norte de Itálica. Bajada que tuve que hacer sentado, pues casi no era capaz de mantenerme en pie sobre la bici. Por último, entré en Santiponce por la vieja nacional.

Llegué a casa un minuto antes del mediodía. Entré en casa como una exhalación y me bebí del tirón un litro de agua. Me senté a ver pasar la vida en la entrada de casa, amarrado a la botella de agua. Más que nada porque no tenía fuerzas para entrar la bici. Al cabo de un rato, cuando estuve en condiciones de hacerlo, di por finalizada la etapa. En el transcurso de la mañana bebería otro litro de agua, medio de zumo y medio de gaseosa. Había sido una etapa que me había hecho llegar al límite: y no tanto por su dureza -que no lo era en exceso- sino por la falta de previsión en lo referente a las reservas de agua. Una lección que no hay que olvidar.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 74’050 km.
  • Distancia (según el GPS): 72’047 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 42m 19s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 01m 34s
  • Velocidad media: 20’0 km/h
  • Velocidad máxima: 50’1 km/h
  • Pulsaciones medias: 146
  • Pulsaciones máximas: 173
  • Consumo medio de calorías: 1060 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1290 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 3h 44m 14s
  • Consumo total de calorías: 5735 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 68BC

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Santiponce – Guillena – La Cantina – Gerena – Santiponce

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