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22 oct 22 Etapa ciclista: Los Morales – El Reventón (16/10/2022)

El domingo 16 de octubre salí por Córdoba con mi amigo Ángel en una etapa vespertina. No es habitual que salga por la tarde, y menos aún en Córdoba, pero en esta ocasión tenía una estupenda razón para ello: el día anterior se había celebrado la boda de mi prima Carmen con el que ya es su marido, Adriá, en Villaharta, y la fiesta se había extendido hasta tarde. Y como no era menos, lo había dado todo. Así que a la mañana del domingo no estaba en condiciones de hacer nada a derechas, las cosas como son. Además, Ángel me había comentado que le vendría mejor salir por la tarde, por lo que las piezas encajaron perfectamente.

Aproveché la última hora de la mañana para hacer algunos ajustes en la RockRider 6.4 de mi padre, que es la bici que estoy cogiendo en Córdoba cuando ando por allí. Estaba bastante bien desde la última salida, pero era necesario inflar neumáticos, quitar polvo (literalmente) y engrasar un poco la cadena. Así, cuando Ángel llegó a las 17:00h, estaba listo para empezar a rodar. No disponíamos de mucho tiempo hasta la puesta de sol, y de todas maneras, seguía hecho un guiñapo, así que optamos por un recorrido bastante convencional, pero que no deja de ser una gran salida: subida por Los Morales, y bajada por El Reventón. Convencional, sí, pero que para mí presentaba la novedad de saber cómo había quedado el sendero del Lobo (también conocido como Los Chorizos) y la bajada del Reventón tras la reciente mejora de los mismos para permitir el uso y disfrute de los mismos por las personas que suben a la Sierra.

Traté de empezar suave en la subida por la Cuesta Negra y las calles aledañas de Sansueña, camino de Los Morales. Pero entre la paliza del día anterior y el tiempo sin rodar en la zona, no acababa de encontrar mi ritmo. “Vas muy rápido”, me advertía Ángel. Y era cierto. Además, se me iba bajando el sillín, y fue necesario hacer una pequeña pausa para ajustarlo. Al poco, entramos en Los Morales, y aquello se me hizo un mundo. Como siempre, empieza con un arranque brutal, con tierra muy suelta, y tramos de mucha piedra. Tuve que echar pie a tierra pronto. Estaba sudando como un cerdo, y pasando las de Caín. Ángel buscaba darme un buen ritmo, pero la cosa iba de desastres. Aún así, estaba valiendo la pena. Y fue entonces cuando se puso a llover.

No nos engañemos, fueron apenas unas gotas, pero no dejó de hacerme gracia. Seguimos trepando por Los Morales. El tramo peor fue el de la piedra, pasado el cual ya no necesité echar pie a tierra en ningún sitio más, salvo una breve parada de descanso al final de la cuesta en la que ya se ven las antenas. Desde allí seguimos ascendiendo a un ritmo razonable, y tras un rato de sufrimiento, acabamos llegando al Lagar. Sin parar, resolvimos seguir hacia las Ermitas, tomando el sendero del Lobo. La primera parte está prácticamente igual, pero pasado el tramo de bosquecillo cerrado, el sendero está perfectamente acondicionado. Una gran diferencia con respecto al sendero hundido en el terreno, que apenas permitía rodar a fila de uno, que tenía en mi memoria. Como le decía a Ángel, una ganancia para los visitantes de la Sierra en general, una pérdida para los que nos gustan los senderos técnicos para bici.

Tras un descenso vertiginoso, llegamos al cruce de las Ermitas. Allí le pedí a Ángel subir hasta las Ermitas, donde estuvimos haciendo algunas tomas de vídeo, y luego emprendimos el descenso por El Reventón. Ahí se podía ver de nuevo el trabajo de mejora del camino.

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Zahorra y tierra compactada, que han dejado el camino perfectamente liso. Ha pasado a ser una autopista. Una ganancia para todos, una pérdida para nosotros. Aunque ahora los descensos son vertiginosos sin destrozar cámaras en la bajada. De nuevo en la bajada hicimos otra toma de vídeo, y seguimos el descenso. Al llegar al Patriarca, dejamos atrás el asfalto, y bajamos cruzando el parque. Ahora se encuentra bien señalizado, y es un gusto seguir las marcas.

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Me separé de Ángel en la parte baja del Patriarca. Él debía volver a casa por el Canal, y yo atravesando el Tablero. Fue un gustazo compartir con él esta etapa. Vaya desde aquí mi homenaje. Y ya cada uno por su lado, me encaminé a casa. No pude menos que detenerme justo a una pintada que lleva años emocionándome, y es la pintada de Alita, Ángel de Combate, que se encuentra ya cerca de mi casa. Aparte de por la factura técnica, que es muy buena, es por el hecho de que haya sobrevivido durante al menos dos décadas sin daños desde que fue realizada. Mi homenaje al artista.

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Llegué a casa a las 19:05h, tras 20 kilómetros de etapa, corta, dura, y enormemente divertida. No había podido dejar de salir ese día por que no sabía cuánto tiempo tardaría en volver a andar por Córdoba. Y algo me decía que habría de pasar un tiempo. En efecto, apenas 24 horas después, andaba cruzando España, ya que el lunes llamaron a Ana para incorporarse a un puesto de profesora interina en Pazos de Borbén, Pontevedra, hasta final de curso. That’s life!

Datos de la etapa:

  • Distancia: 19’006km
  • Distancia (según el GPS): 19’00km
  • Altitud ascendida: 520m
  • Tiempo de etapa: 1:41:32
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2:05:06
  • Pulsaciones medias: S/D
  • Pulsaciones máximas: S/D
  • Cadencia media: S/D
  • Cadencia máxima: S/D
  • Calorías consumidas: 654kcal

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12 oct 22 Ulises

Dibujo de Ulises

Dibujo de Ulises

Anda estos días Ana pintando en sus clases de pintura a Ulises al óleo. Como preparación del cuadro ha hecho un boceto de nuestro perro. El óleo está saliendo muy bien, pero el boceto me ha encantado, y no he podido menos que preservarlo.

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12 oct 22 Etapa ciclista: Trialera del Camino de Santiago – La Lapa (09/10/2022)

El domingo 9 de octubre realicé una etapa ciclista por las cercanías de Guillena. Tenía ganas de algo rápido, conocido y agradable, y no tardé en decidirme por hacer la subida y bajada por la Trialera del Camino de Santiago. Sin embargo, como eso iba a quedárseme algo corto, pensé en complementarlo con un segmento nuevo, que ya había intentado recorrer una vez con anterioridad, pero que no había sido posible al encontrarse cerrado de manera ilegal: la bajada por La Lapa hasta el pantano de Gérgal. Tenía constancia de que este tránsito ya era posible, y me apetecía recorrerlo. Dicho y hecho, empecé a rodar algo pasadas las 8:30h desde el polígono de Guillena, habiendo optado esta vez por la bicicleta de carbono. Empecé la subida con algo de fresco, pero en un día tremendamente agradable. La subida no tuvo mayores comentarios, ya que desde que hace algún tiempo se adecentó la misma, ha ganado en comodidad pero perdido en interés. Sin embargo, y pese a esto, sigue siendo un recorrido estupendo.

A media subida, me encontré con una pareja de peregrinos, algo mayores, a los que saludé y deseé un buen camino. No mucho después, llegué al desvío a la fuente de agua, y no me pude resistir a desviarme un poco para acercarme a la misma. Por desgracia -o por suerte, porque la primera y única vez que bebí de ahí acabé con una infección estomacal, aunque no tengo pruebas de que fuera por beber en la fuente- la bomba se encontraba rota, y no era posible extraer agua de la misma.

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De vuelta al camino, seguí en ascenso, y volví a pasar a la pareja de peregrinos. Sin detenerme, charlamos un poco, informándoles de lo que había por delante. Fue una breve charla en inglés, lo que agradecí poder hacer después de un tiempo. Tras ello, continué mi ascenso, pasé la doble cancela, y no tardé mucho en finalizar la trialera, para salir a la pista de grava que lleva a la carretera de Burguillos a Castilblanco. Allí, contra lo acostumbrado, giré a la izquierda para emprender el descenso de La Lapa. La pista está catalogada como carretera SE-186, y ya la había recorrido una vez en ese sentido, para llegar a una verja metálica que impedía el paso a mitad de la bajada. Esta vez, sin embargo, fue diferente. Aunque la carretera sigue sin asfaltar (mejor para mi gusto), se encuentra con abundante señalización de carreteras, y un buen firme de grava fina. En plana bajada había desaparecido ya la ominosa cancela, y fue posible llegar hasta el final de la misma, en el pantano de Gérgal, y justo enfrente de la estación de tren abandonada. Una bonita vista y, la verdad, es una pena que no haya algún puente, tirolina, o cualquier otro método que permita pasar al otro lado.

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Tras un pequeño tentempié, emprendí la vuelta. Es una subida bastante constante, con unas rampas del 10% y que sube de manera prácticamente continua durante 3.5 kms, hasta llegar a un pequeño descanso, para luego culminar con una pequeña subida. Desde allí, se desciende hasta enlazar de nuevo con la trialera del Camino de Santiago. Allí me volví a encontrar con la pareja de peregrinos. Siendo la tercera vez, no me pude resistir a detenerme un rato, y darles palique. La mujer era la más habladora, debía de andar por la sesentena; el hombre aparentaba ser algo más joven, pero no era muy hablador. En la conversación me contaron que eran de Iowa (EEUU), y ella era una habitual de los Caminos de Santiago. Charlamos un poco del recorrido, de otros caminos, y me preguntaron por las celebraciones del día anterior en Santiponce (la Virgen del Rosario), y parecieron asombrados de la gran cantidad de ciclistas que había por la zona. En efecto, es un recorrido muy popular. Me preguntaron por mi inglés, lo que me dio pie a hablar un poco de mis años en Irlanda. Y por último, por la casualidad de que ese día se celebrara la carrera de fondo Turdetania Trail, comentamos también sobre los corredores de fondo que en ese momento empezaron a llegar. Sin más me despedí deseándoles -otra vez- un buen camino.

Por mi parte, reemprendida la marcha, bajé por la Trialera del Camino de Santiago, pasando con todo el cuidado posible a corredores, hasta terminar la parte de bosque, y salir a la bajada entre olivos. Allí fue donde pasé al corredor que iba en cabeza, y sin más novedad, llegué hasta el polígono, donde di por finalizada la etapa, tras 32 kilómetros de pedaleo.

Datos de la etapa:

  • Distancia: 31’932km
  • Distancia (según el GPS): 31’93km
  • Altitud ascendida: 551m
  • Tiempo de etapa: 1:44:56
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2:05:41
  • Pulsaciones medias: 146
  • Pulsaciones máximas: 169
  • Cadencia media: 66
  • Cadencia máxima: 157
  • Calorías consumidas: 1834kcal

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02 oct 22 Etapa ciclista: San Luis de Sabinillas – La Hedionda – El Secadero – Pinar de Tábanos (25/09/2022)

El domingo 25 de septiembre realicé en Manilva una etapa ciclista que había estado preparando todo el verano: una salida estilo gravel por Manilva, con mi vieja bici de acero reconstruida. Y es que al final había hecho algo de lo que no estaba al 100% seguro de que lo iba a hacer, y era llevar de vuelta a Manilva la bici en la que había estado trabajando todo el verano. Pero 5 bicis en casa son demasiadas, así que acabé haciendo lo lógico. Empecé a rodar al filo de las 8:00h, saliendo de La Noria por el paseo marítimo de San Luis de Sabinillas, para cruzar la carretera y subir hacia los Baños de la Hedionda. La subida junto al río Manilva no fue mal, al contrario, la bici se mostraba suave en el rodar, precisa en los cambios y contundente en las frenadas. Todo lo que ya había experimentando en la primera salida con ella por Santiponce. Pero también mostraba el otro defecto que le había notado, el que el plato de 32 dientes se quedaba corto en ese recorrido. Sin embargo, ese problema desapareció al llegar al tramo de grava que precede a la zona de los baños. A partir de ahí, esa relación de desarrollo empezó a dar todo su potencial.

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Hice una primera parada en los Baños, donde a esa hora de la mañana ya había gente. El agua de los baños daba sensación de calidez a esa hora, y la verdad es que apetecía un baño, pero se me hacía pronto para el recorrido, así que volví sobre mis pasos, y desanduve el camino hasta llegar de nuevo a la carretera, justo debajo de los puentes de la autopista. Desde allí, tomé la carretera de la Cantera, con la idea de tomar la carretera de Casares lo antes posible. Se trata de una subida muy dura, apenas un kilómetro, pero con rampas de 18% en cemento rayado, ya que hay tramos en los que el asfalto no agarra. En algunos momentos, pese a las cubiertas lisas y el cassette de 34 dientes, no me quedó otra que tirar del plato pequeño. Ya en la rotonda de la autopista, seguí subiendo por la A-377, que en ese primer tramo también constituye un desafío interesante, con sus 2 kilómetros, rampas del 14% y una pendiente media del 6%. Pero después de lo anterior, se hacía casi sencillo. Una vez arriba, seguí llaneando un poco hasta llegar al desvío del Canuto de la Utrera, al que no me pude resistir a bajar. Descendí hasta la entrada del mismo por una pista terriza, a tramos con grava, hasta llegar al lugar de las prospecciones petrolíferas.

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Tras un rato de solaz, volví de nuevo sobre mis pasos, para retornar a la carretera. Era más sencillo que hacerlo, porque -fiel a mis costumbres- había llevado el concepto de gravel a su límite, y unos pasos más allá. Tuve una subida divertida por sendero, grava al 12% de desnivel y finalmente pista, hasta poder volver a la carretera.

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De nuevo en la carretera, crucé al otro lado de la misma, para emprender el descenso del cortijo de la Zarabanda. Es un descenso de casi 5 kilómetros, por buena pista casi todo el rato, entre bosque mediterráneo y fincas de labor, con rampas máximas del 15%. Divertido, salvo que aún te estés acostumbrando a un nuevo manillar de cabra y unos nuevos frenos.

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Tengo que admitir que lo pasé mal en algunos tramos, ya que me hacía polvo las manos, en especial entre el dedo gordo y el resto de la mano. Pero supongo que es cosa de acostumbrarse. Una vez finalizado el descenso, se llega a la Vereda de los Pescadores, que se encuentra asfaltada, y que permite enlazar con El Secadero y San Martín del Tesorillo. En general se va en falso llano, con apenas una pequeña tachuela. Aquí la gravel volvió a quedárseme algo corta de desarrollo, pero era algo que estaba dispuesto a asumir.

Ya en El Tesorillo, giré a mano izquierda, tomé la primera calle que sale a mano izquierda, justo al llegar a la carretera, que al poco se convierte en una estupenda subida por campo, en dirección a los altos del Pinar de Tábanos. Es una subida interesante, zigzagueante, con un firme razonablemente bueno, pero que permite disfrutar de la técnica… y perfecta para una gravel. Tras pasar una cancela, se llega a una vieja casa en ruinas, en la que se puede distinguir un horno de leña.

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El camino continúa en ascenso, y al poco se empiezan a ver las indicaciones de un nuevo sendero en señalización, de Honda Cavada a Pinar de Tábanos. Tendré que dedicarle tiempo en otra ocasión. Se sigue ascendiendo de manera cómoda, salvo por la aparición de bancos de arena en algunas ubicaciones, que con la gravel se hacen criminales. Pero el camino recompensa con estupendas vistas, tanto hacia este como oeste.

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Superado un cortijo medio abandonado, empieza el descenso. Aquí hay diversas alternativas, pero en mi caso opté por seguir la señalización que comentaba. Esto me llevó a pasar por encima de la autopista por un puente, que me llevó a la zona de los cerros de Alcorrín. Desde allí, llegué a una urbanización, desde la que tomé una calle en fuerte pendiente hasta llegar a la autovía, a la altura de la Playa del Negro. Crucé la carretera, y bajé hasta la playa, para tomar la Senda Litoral de Málaga de vuelta hacia Sabinillas.

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Desde aquí era todo bastante sencillo: rodar por una pista en buenas condiciones por la playa. Me detuve un momento en el Castillo de la Duquesa, para tomar la foto de rigor.

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Y nada más. Llegué a La Noria esquivando el paseo marítimo en obras, donde está prohibido montar en bici, para dar por finalizada la etapa recién pasadas las 11:00h, tras un recorrido de casi 35 kilómetros. Una bonita etapa, en la que la gravel se comportó de manera estupenda.

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…y después, tuve mi buen merecido descanso. :mrgreen:

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Datos de la etapa:

  • Distancia: 35’438km
  • Distancia (según el GPS): 35’43km
  • Altitud ascendida: 594m
  • Tiempo de etapa: 2:30:33
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2:59:38
  • Pulsaciones medias: 136
  • Pulsaciones máximas: 169
  • Cadencia media: S/D
  • Cadencia máxima: S/D
  • Calorías consumidas: 2401kcal

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