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Que no cunda el pánico
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22 sep 21 Scones irlandeses

Desde hace algunas semanas llevaba con antojo de scones. Para el que no los conozca, los scones son unos panecillos, ligeramente salados, que en los países anglosajones se suelen tomar en el desayuno o con una merienda tardía. Hay algunas variedades dulces, que llevan arándanos desecados, uvas pasas y similares. Son tremendamente populares en Irlanda, y tuve mi primera experiencia con ellos en el viaje que hicimos Ana y yo en 2013. Posteriormente, ya viviendo en Irlanda, solíamos desayunar fuera un día del fin de semana, y un scone rara vez faltaba en el menú.

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Como en Sevilla me ha sido imposible encontrarlos, no me quedaba otra que arremangarme y hacerlos por mi cuenta. Por suerte, pude encontrar esta estupenda receta en The Irish Times: Back to basics: How to make the perfect Irish scone. He seguido la misma al pie de la letra, con excelentes resultados. A continuación incluyo la receta traducida.

Ingredientes
Sirve para 8 scones de buen tamaño

  • 350 gr de harina de fuerza
  • 1 sobre de levadura en polvo
  • Un buen pellizco de sal
  • 60 gr de mantequilla fría, cortada en dados pequeños
  • 20 cl de leche entera
  • 1 huevo, más una yema para glasear
  • Opcionalmente, arándanos desecados o pasas

Preparación

  1. Precalentar el horno a 220ºC, en el modo de aire. Preparar una bandeja de horneado con papel de cocina, o en su defecto espolvoreada con harina.
  2. En un tazón grande (o mejor en un robot de cocina) añadir los componentes secos (harina, levadura y sal) y mezclar bien. Con una LadyMaxx, basta un minuto a velocidad 1.
  3. Añadir los dados de mantequilla fría a la mezcla anterior, y mezclar hasta que adquiera la textura de pan rallado. De nuevo, con una LadyMaxx, 90 segundos a velocidad 1 son suficientes.
  4. Mezclar el huevo y la leche en un recipiente aparte. Una vez mezclado, añadir 3/4 de la misma al robot de cocina, y mezclar hasta que la masa adquiera una textura similar a bolitas (unos 40 segundos a velocidad 1). Posteriormente, agregar el líquido restante, utilizándolo para extraer el exceso de harina de los lado del tazón. Es importante no mezclar demasiado, sólo hasta que adquiera una textura homogénea.
  5. Enharinarse las manos, y extraer la masa, colocándola sobre una superficie de trabajo bien enharinada. Dar forma y golpear suavemente la masa hasta que tenga un grosor uniforme de unos 2 cm. Este punto es importante. La masa ha de tener un grosor generoso. Si se aplana demasiado, los scones no subirán como deben. Si se desea, se pueden añadir los arándanos desecados o las pasas al gusto, mezclándolos de manera homogénea con la masa.
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  7. Usar un cortador de scones de 7 cm. para cortar las porciones de masa. En caso de no tenerlo (como es mi caso), puede utilizarse un vaso con un diámetro similar. Un buen truco para evitar que la masa se pegue al vaso es enharinar la boca del mismo. Redistribuir la masa tras cada corte, para aprovecharla al máximo.
  8. Transferir las piezas cortadas a la bandeja con papel de cocina. Pintar la superficie superior de los mismos con la yema de huevo, o alternativamente con leche, para obtener un mejor acabado.
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  10. Hornear en la posición media del horno, previamente precalentado a 220ºC, de 8 a 10 minutos (para scones grandes) hasta que se eleven y empiecen a dorarse. Posteriormente, bajar la temperatura a 160ºC y hornear durante 10 minutos adicionales para que queden completamente cocinados.
  11. Una vez horneados, retirar del horno y transferir a una rejilla para que se enfríen.
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  13. Servir templados, cortados al medio, con mantequilla y mermelada, o un queso cremoso, al gusto.
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Una receta sencilla y que da unos resultados excelentes. Me han salido unos scones grandes, esponjosos, y con unas textura y sabor estupendos. ¡Espero que os gusten!

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21 sep 21 Los bombardeos alemanes de Irlanda durante la II Guerra Mundial

Uno de los recuerdos que más afloran de mi memoria de cuando vivía en Dublín es la impresión que me causó el centro de la ciudad. Impactaba el que pudieras encontrar, junto a maravillas como el Trinity College, la General Post Office, o en zonas tan estupendas como St. Stephen’s Green, y prácticamente sin solución de continuidad, edificios tremendamente degradados, algunos por el paso de las décadas, y otros directamente por tropelías urbanísticas.

163 - 167 James Street, Dublin

163 – 167 James Street, Dublin

23-25 Fenian Street

23-25 Fenian Street

Alguna que otra vez bromeé diciendo que a estas zonas le hubiera venido bien, para mejorar su estética, el sufrir un bombardeo de la Luftwaffe, sabiendo como sabía que Irlanda había sido un país neutral durante la II Guerra Mundial, y como tal -pensaba yo- había quedado libre de los horrores de la guerra, y del posterior proceso de reconstrucción por el que tuvo que pasar Centroeuropa en las décadas posteriores. Pero quién me iba a decir a mí que no podía estar más equivocado, y que la Isla de Irlanda también sufrió los embates de la guerra, materializados en bombardeos -precisamente- de la aviación alemana. Y es que esta es una historia bastante desconocida para la mayoría de los españoles.

El Bombardeo de Belfast. Belfast Blitz

Es preciso empezar esta historia algo más al norte. Recordemos que en la Isla de Irlanda existen dos países: la República de Irlanda, y el Reino Unido de Gran Bretaña, que incluye Irlanda del Norte. Si bien la República ganó su independencia del Reino Unido en 1922, tras el Alzamiento de Pascua de 1916 y varios años de guerra y siglos de dominación, seis condados del norte de la Isla cuya población era mayoritariamente protestante permanecieron en el Reino Unido, hecho que causaría graves consecuencias en las décadas posteriores. La ciudad más importante de estos condados, y que pasaría a ser la capital de Irlanda del Norte, era Belfast, que contaba con una potente industria naval, así como de represantación gubernamental por parte de la Corona. Al estallar la II Guerra Mundial, la ciudad -debido precisamente a esta industria estratégica en tiempos de guerra- pasó a ser un posible objetivo de los alemanes, a diferencia de lo que ocurriría con la República, que permaneció neutral durante la guerra, y que en todo momento mantuvo contactos diplomáticos con el III Reich.

WORLD WAR II: BELFAST AIR RAIDS. BRIDGE STREET. 4/5 May. Bridge Street/High Street.

WORLD WAR II: BELFAST AIR RAIDS. BRIDGE STREET.
4/5 May. Bridge Street/High Street.

La II Guerra Mundial empezó con la toma de Polonia por parte de Alemania, y la declaración de guerra por parte de Francia y Reino Unido a este último país, pero en los primeros meses de guerra se vivió una inusual calma en el frente occidental, la conocida como drôle de guerre. Calma que no duraría mucho, ya que fue seguida por el espectacular ataque y derrota de Francia con las tácticas alemanas de la Blitzkrieg. El siguiente paso era Inglaterra, y a diferencia de la conquista de Francia, el peso de las operaciones los llevó el arma aérea alemana, con una serie de ataques y bombardeos que pasarían a la historia como El Blitz. Si bien el Blitz tuvo su foco en las ciudades inglesas y galesas, no fue desdeñable el impacto que sobre otras ciudades británicas tuvo esta parte de la guerra: bien conocidos son los ataques sufridos por Londres, Coventry, Manchester, Cardiff, Liverpool o Sheffield. Y Belfast no se iba a quedar al margen.

Belfast tras el Blitz

Belfast tras el Blitz

El Blitz de Belfast tuvo lugar en cuatro oleadas:

  • El primer raid ocurrió la noche del 7 al 8 de abril de 1941. Fue un ataque pequeño, probablemente con el objetivo de probar las defensas antiaéreas de la ciudad, y tuvo como objetivo principal los muelles de la ciudad, si bien diversas zonas residenciales de la ciudad fueron también alcanzadas.
  • El segundo ataque, y el de más importancia, tuvo lugar el día 15 de abril de 1941, Martes de Pascua. Este ataque tuvo como objetivo las industrias manufacturaras de las ciudad, que fueron atacadas con bombas explosivas de gran potencia, bombas incendiarias y minas terrestres. Este ataque afectó a zonas densamente pobladas del centro de la ciudad, lo que causó la muerte de 900 personas, y heridas a 1500. 55.000 casas sufrieron daños durante el bombardeo, y al menos 100.000 personas quedaron temporalmente sin hogar. El ataque empezó a las 22:40h, y en él participaron 150 bombarderos alemanes, que no tuvieron oposición por parte de la RAF, y apenas una pequeña respuesta por parte de los antiaéreos de la ciudad. El ataque se prolongó hasta las 5:00h del día siguiente.
  • El tercer ataque, conocido como Fire Blitz, tuvo lugar la noche del 4 al 5 de mayo de 1941. En este ataque, en el que se utilizaron gran cantidad de bombas incendiarias, murieron 150 personas.
  • El cuarto y último ataque tuvo lugar en la noche del 5 al 6 de mayo.
Belfast tras el Blitz

Belfast tras el Blitz

Además de estos grandes ataques dirigidos sobre Belfast, hubo una serie de bombardeos preliminares sobre Irlanda, posiblemente provocados por aviones alemanes que fallaron sus objetivos en Glasgow y otras ciudades del norte de Inglaterra. Recordemos que la orientación en aviación en aquellos años aún no estaba tan perfeccionada como en la actualidad, y era sencillo desorientarse y perder el rumbo, especialmente en vuelos nocturnos. Estos pequeños ataques tuvieron lugar a finales de marzo de 1941.

Belfast tras el Blitz

Belfast tras el Blitz

Los bombardeos de Dublín

La República de Irlanda no se mantuvo ajena a estos bombardeos. El Taoiseach Éamon de Valera protestó de manera formal ante el gobierno aleman, argumentando que los norirlandeses también eran “nuestra gente”. Además de esta protesta formal, apenas dos horas después del bombardeo del Martes de Pascua, bomberos del lado sur de la frontera (71 hombres y 13 camiones) se desplazaron a Belfast para ayudar en los esfuerzos para extinguir los incendios provocados por las bombas alemanas. Dichos bomberos se desplazaron desde Dundalk, Drogheda, Dublín y Dún Laoghaire. Esta última acción se apunta como una de las posibles causas del posterior bombardeo alemán de Dublín. Éste se produjo el 31 de mayo de 1941, en el que 4 bombas alemanas cayeron en el barrio de North Strand, en el norte de Dublín, matando a 28 personas, y dañando entre otros la casa del Presidente de la República.

En toda Irlanda se registraron los siguientes bombardeos alemanes:

  • 26 de agosto de 1940: Cinco bombas alemanas cayeron Campile, en el Condado de Wexford, en un ataque diurno, en el que murieron tres personas. Por este ataque el Gobierno del III Reich pagó en 1943 indemnizaciones por valor de 9000£ de la época.
  • 20 de diciembre de 1940: Dos bombas cayeron sobre Dún Laoghaire, hiriendo a tres personas. Posteriormente, una tercera bomba cayó sobre Carrickmacross, en el condado de Managhan, hiriendo a una persona.
  • 1-2 de enero de 1941: Se registraron bombardeos en los condados de Meath (cinco bombas, sin muertos ni heridos), Carlow (una bomba, tres muertos y dos heridos), Kildare (tres bombas, sin bajas), Wicklow (dos minas y tres bombas, sin bajas) y Dublín (varios heridos).
  • 31 de mayo de 1941: El mayor ataque recibido en la República. El ataque empezó en la madrugada, cuando varios bombarderos alemanes empezaron a sobrevolar la ciduad. Al principio las fuerzas de defensa irlandesas lanzaron bengalas con los colores de la bandera irlandesa para advertir a los alemanas de que se encontraban sobrevolando territorio neutral, pero poco después, tras verificar que seguían sobrevolando la ciudad en círculos, empezaron a abrir fuego. En un primer momento cayeron tres bombas en las cercanías del Phoenix Park, que afectaron a varias viviendas y dañaron la casa oficial del Presidente de la República, además de provocar diversos heridos. Fue la cuarta bomba la que causó el mayor daño, al caer entre Seville Place y Newcomen Bridge, donde destruyó 17 casas, dañó otras 300, mató a 28 personas e hirió a otras 90.
  • 2 de junio de 1941: Bombardeo de Arklow, sin bajas.
  • 24 de lulio de 1941: Bombardeo de Dundalk, leves daños materiales.
Memorial del bombardeo en North Strand

Memorial del bombardeo en North Strand

Para finalizar, en cuanto a las razones de los bombardeos sufridos por la República, se han apuntado diversas causas:

  • La ya citada posible reacción de represalia ante la ayuda prestada desde el lado sur de la Isla a Belfast tras el bombardeo de Pascua, con el fin de mandar una “advertencia” al Gobierno de Dublín para mantenerse neutral en la guerra.
  • Errores de navegación o mala identificación de objetivos. Como ya se ha apuntado, las técnicas de navegación aérea no estaban por entonces completamente desarrolladas, y es posible que los aviones alemanes sufrieran este tipo de errores. Esta hipótesis se refuerza por los mensajes de German Radio durante la guerra, dependiende del Ministerio alemán de Propaganda, indicando que no era posible que los alemanes bombardearan intencionadamente Dublín. Además, el pago de indemnizaciones por los bombardeos durante la guerra parecen ir en ese sentido.
  • Una tercera hipótesis, emanada de unas declaraciones de Winston Churchill tras la guerra, van en la línea de que desde Reino Unido se utilizó un sistema para perturbar el sistema de guiado por radio de los bombarderos alemanes en sus ataques contra Reino Unido, que tuvieron como efecto colateral el desviarlos de su rumbo y provocar bombardeos sobre Irlanda.
  • …y una combinación de varios o todos los anteriores.

Referencias

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28 jul 21 La última de las Dublin Porter

No es la primera vez que hablo de ellas, aunque tampoco les haya dedicado toda la atención que se merecen. Cuando vivíamos en Irlanda descubrí una gran cantidad de cervezas interesantes, pero quizás la que recuerdo con más cariño es la Guinness Dublin Porter embotellada. Tuve ocasión de hablar de ella cuando el Real Madrid ganó la Undécima Copa de Europa, merced a que fue mi primera celebración de una Copa de Europa sin Paulaner. Pero es que la cerveza lo vale. Cuando volvimos, pensando -acertadamente- que me sería difícil dar con ella fuera de la Isla Esmeralda.

Se trata de la Guinness Dublin Porter. Es una cerveza basada en las primeras recetas de Arthur Guinness, si bien algo adaptada a los gustos modernos. Tiene un interesante sabor a caramelo, y es una estupenda variedad de Porter. Cuidé de mi pequeño alijo como si se tratara de oro en paño, y fui abriendo una de cuando en cuando, desde 2017 hasta hoy. Y es que -esta noche- he abierto la última que me quedaba:

La última de las Dublin Porter

La última de las Dublin Porter

Sí, traída de Irlanda en 2017. Lo que significa que era muy, muy veterana:

Muy, muy veterana

Muy, muy veterana

Aún así, tenía un sabor estupendo. Lo ideal para una noche de verano. Y como no podía ser menos, no he podido menos que degustarla en su correspondiente vaso de pinta.

Estas cervezas no se encuentran en España. Lo que me parece una excusa perfectamente válida para planificar un viaje a Dublín. :mrgreen:

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25 jul 21 La iglesia de St. James de Dublín, iluminada por el Xacobeo 2021

Hoy es 25 de Julio, día de Santiago, y como este año cae en domingo, se considera éste como Año Santo Xacobeo. A pesar de las restricciones por la Covid, se están realizando celebraciones por todo el mundo. Y me ha llamado la atención que la iglesia de St. James de Dublín es una de las que lo ha celebrado, iluminando su fachada con el logotipo Xacobeo:

St. James' Church, Dublin

St. James’ Church, Dublin

No ha sido la única, de hecho, se han registrado actos similares en Reino Unido y Polonia, y ya a finales del año pasado pudimos ver de similar guisa el Monasterio de San Isidoro, de Santiponce. Pero me gusta especialmente ver que en Dublín también le dedican algo de cariño al Xacobeo 2021.

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04 jun 21 Etapa ciclista: sendero PR-G-100 desde el Monasterio de Aciveiro (30/05/2021)

El domingo 30 de mayo realicé la segunda etapa de una sesión doble de bici que me marqué ese fin de semana. O al menos, eso era lo que pretendía con esta etapa, que acabó siendo en una parte considerable del recorrido una nueva demostración de cómo arrastrar la bici entre la maleza de los montes de Galicia. En este caso, en plena sierra de Candán.

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Salí del Monasterio de Aciveiro al poco de pasar las 9 de la mañana, con abundante niebla y un frío más propio de otros meses del año que del penúltimo día de mayo, Seguí las indicaciones del PR-G-100, que es el sendero circular de la Sierra de Candán, pero realizando el recorrido en sentido contrario al previsto. Esto traería posteriormente algunos dolores de cabeza, pues en algunos tramos del recorrido la señalización está pensada para ser leída sólo en un sentido, lo que hace que te puedas llegar -como fue mi caso- a despistar.

Tras dejar atrás el monasterio se ha de seguir la carretera, con marcas blancas y amarillas a mano izquierda, hasta pasar por debajo del nuevo puente de la carrerera de Lalín. No se tarda en salir a un pequeño prado, en el que encontramos a nuestra derecha el río Lérez, apenas un regato a estas alturas.

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La primera indicación de que éste no es un camino pensado para bici es que no tardamos en tener que descender por unas escaleras de piedra, y tomar una senda llena de vegetación, que conducía a algunos molinos harineros del monasterio, y que a día de hoy están abandonados y perdidos en la vegetación. Pese a todo, la senda es clara y se puede seguir sin dificultad, pese a los riesgos de acabar con tus huesos en el Lérez.

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El primer punto de dificultad está precisamente en algo que parece obvio: un vado del Lérez. El instinto nos lleva a cruzarlo, lo que constituye un error: el camino acaba llevando a un prado donde desaparece, y llegamos a un meandro del río lleno de maleza que nos impide continuar. Me tocó dar la vuelta buscando las marcas blancas y amarillas, que volví a encontrar en el punto menos obvio: justo antes del vado, llevándonos por un estrecho sendero por la margen izquierda.

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Pasado este punto, el río empieza a tener desnivel y ganar en velocidad, lo que proporciona unos interesantes rápidos, por un lado, y un lugar estupendo para emplazar un molino.

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Pasado el molino, las aguas vuelven a calmarse un poco, y nos encontramos con un nuevo vado, y un antiquísimo puente medieval.

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Hay una pista al otro lado del vado, que volveremos a encontrar más adelante. Pero de nuevo, en contra de lo obvio, tenemos que girar abruptamente a mano izquierda, y tomar esa misma pista, pero alejándonos del río, para entrar en la población de Andón.

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Desde Andón se vuelve a bajar al río, para dar con su famoso Puente, y un área recreativa.

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En este punto se bifurcan las señales de PR, separándose el PR-G-113 (Puentes del Lérez) y el PR-G-100 (Sierra de Candán), siguiendo en mi caso por este último. Se ha de cruzar el puente y seguir de frente por una pista empedrada. Y aquí pasó algo curioso: el camino se encontraba cortado por un cordel de color naranja, tendido de punta a punta del camino. Tengo visto estas cosas en Galicia para delimitar la entrada a fincas particulares, pero el camino se trataba claramente de dominio público, por lo que salté el cordel y seguí mi camino. Esto mismo volvió a acontecer un poco más arriba, lo que hizo que tuviera que zigazaguear un poco, hasta llevar a la pista que, en continuo ascenso, me tenía que llevar hacia Taboadelo, y que en uno de sus ramales comunicaba con el viejo puente medieval comentado más arriba.

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Llegado a este punto el paisaje sufrió un acusado cambio: se acabó el bosque de ribera, y me topé con paisaje de montaña y arbustos. No es que fuera un mal cambio. Al menos podía rodar cómodamente, y el día se había despejado, pero no dejaba de llamar la atención cómo podía variar tanto la vegetación en tan poco espacio. Aquí volví a tener problemas con la señalización, lo que hizo que me equivocara un par de veces antes de dar con la senda buena, que por encontrarse poco transitada, estaba bastante más cerrada de arbustos que otros caminos que se internaban en fincas privadas.

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Aun así, pude seguir el camino sin mayores inconvenientes, salvo un par de despistes por zonas cerradas de vegetación y carreteras secundarias, pero en los que no tardaba mucho tiempo en recobrar el camino correcto. Y así, acabé llegando a Lamasgalán de Abajo. Y allí empezó la locura.

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El PR-G-100 discurre -en teoría- por un camino entre Lamasgalán de Abajo y de Arriba, pero el camino era más bien una vía fluvial, barrizal en la mayor parte de sus puntos. Barrizal que se abría a caminos privados por fincas que al poco había que abandonar. Finalmente pude localizar el camino correcto, para verme de nuevo metido en la tríada galaica (recordemos, zarzas, tojos y ortigas), a unos 300 metros de Lamasgalán. Como ya me conocía la película, y todo tenía visos de empeorar, opté por volver sobre mis pasos, y en Lamásgalán de Abajo tomar una carretera que al principio me había parecido enormemente tentadora. Tan tentadora, que en vez de ir a Lamásgalán de arriba, opté por salir a la carretera de Lalín, para coronar el Alto de Candán por carretera.

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…y desde allí, esquivando Lamasgalán, subir a la cota máxima de la etapa, el puesto de observación de Penadoiro, a 902 msnm. Con unas vistas estupendas, todo hay que decirlo, del valle del Deza, del Lérez, y de las Sierras de Cando y Candán.

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Tras un breve descanso, bajé del puesto de observación, y crucé la carretera para seguir por el PR-G-100, entrando en el parque eólico. Desde allí tenía previsto seguir las marcas del PR-G, pero pronto pude ver que abandonaban entre abundante maleza la pista del parque. En mi caso, ya había tenido bastante sufrimiento en lo que llevábamos de día, por lo que volví sobre mis pasos, con idea de descender al monasterio por carretera. Pero me topé con una pista a mano izquierda que permitía bajar a La Rochela, esquivando la subida al monte, y la verdad es que me entraron ganas de realizar el último tramo del PR-G, de nuevo junto al Lérez, hasta el monasterio. Grave error.

Como decía, tomé la pista hasta salir a una carreterita, que recorrí en descenso hasta dar de nuevo con las marcas del PR-G a la entrada de La Rochela. Allí giré a la derecha, para descender hacia el cauce del Lérez, en lo que parecía al inicio un estupendo camino. Y lo era, pero fue llegar al río y dejar de serlo. De nuevo una senda estrecha, llena de maleza, desniveles, y absolutamente imposible para la bici. Eso sí, con sus marcas blancas y amarillas, y su paisano sentado en una piedra haciendo sudokus. Ver para creer.

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Con todo, no fue eso lo peor. Donde el paisano me despisté de las marcas, y me encontré pronto con avisos del GPS de que me había desviado de mi ruta, que se alejaba del río y subía por la ladera del monte. Atravesé maleza para dar con el camino, que era claro entre cercas de piedra. Pero que se encontraba comido de tojos. Siempre tojos. Pero -al menos esta vez- sólo tojos. La subida fue penosa, y me dejó de nuevo con las espinillas en carne viva.

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Al menos, una vez coronado el cerro, el camino se volvía más claro, y permitía rodar, en vez de tener que tirar de la bici. Pude hacer un descenso entre tojos hasta llegar a un camino un poco más abierto, que no tardó en llevarme a la pista que une O Forno con La Rochela.

Contra todos mis instintos, crucé el camino, para seguir por pista en dirección a Vilaverde, mi última escala antes de volver al monasterio. Y por una vez, no me equivoqué. Era una pista bastante decente, que permitía cruzar un pequeño arroyo sin dificultades, antes de entrar en Vilaverde. Y desde allí, volver por carretera al Monasterio fue coser y cantar. Lo que no venía mal, después de tantos quebraderos de cabeza a lo largo de toda la etapa.

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Datos de la etapa

  • Distancia: 21’280km
  • Distancia (según el GPS): 21’28km
  • Altitud ascendida: 772m
  • Tiempo de etapa: 2:51:49
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3:15:91
  • Pulsaciones medias: 139ppm
  • Pulsaciones máximas: 174ppm
  • Cadencia media: 61rpm
  • Cadencia máxima: 213rpm
  • Calorías consumidas: 1017kcal

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