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04 jun 21 Etapa ciclista: sendero PR-G-100 desde el Monasterio de Aciveiro (30/05/2021)

El domingo 30 de mayo realicé la segunda etapa de una sesión doble de bici que me marqué ese fin de semana. O al menos, eso era lo que pretendía con esta etapa, que acabó siendo en una parte considerable del recorrido una nueva demostración de cómo arrastrar la bici entre la maleza de los montes de Galicia. En este caso, en plena sierra de Candán.

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Salí del Monasterio de Aciveiro al poco de pasar las 9 de la mañana, con abundante niebla y un frío más propio de otros meses del año que del penúltimo día de mayo, Seguí las indicaciones del PR-G-100, que es el sendero circular de la Sierra de Candán, pero realizando el recorrido en sentido contrario al previsto. Esto traería posteriormente algunos dolores de cabeza, pues en algunos tramos del recorrido la señalización está pensada para ser leída sólo en un sentido, lo que hace que te puedas llegar -como fue mi caso- a despistar.

Tras dejar atrás el monasterio se ha de seguir la carretera, con marcas blancas y amarillas a mano izquierda, hasta pasar por debajo del nuevo puente de la carrerera de Lalín. No se tarda en salir a un pequeño prado, en el que encontramos a nuestra derecha el río Lérez, apenas un regato a estas alturas.

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La primera indicación de que éste no es un camino pensado para bici es que no tardamos en tener que descender por unas escaleras de piedra, y tomar una senda llena de vegetación, que conducía a algunos molinos harineros del monasterio, y que a día de hoy están abandonados y perdidos en la vegetación. Pese a todo, la senda es clara y se puede seguir sin dificultad, pese a los riesgos de acabar con tus huesos en el Lérez.

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El primer punto de dificultad está precisamente en algo que parece obvio: un vado del Lérez. El instinto nos lleva a cruzarlo, lo que constituye un error: el camino acaba llevando a un prado donde desaparece, y llegamos a un meandro del río lleno de maleza que nos impide continuar. Me tocó dar la vuelta buscando las marcas blancas y amarillas, que volví a encontrar en el punto menos obvio: justo antes del vado, llevándonos por un estrecho sendero por la margen izquierda.

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Pasado este punto, el río empieza a tener desnivel y ganar en velocidad, lo que proporciona unos interesantes rápidos, por un lado, y un lugar estupendo para emplazar un molino.

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Pasado el molino, las aguas vuelven a calmarse un poco, y nos encontramos con un nuevo vado, y un antiquísimo puente medieval.

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Hay una pista al otro lado del vado, que volveremos a encontrar más adelante. Pero de nuevo, en contra de lo obvio, tenemos que girar abruptamente a mano izquierda, y tomar esa misma pista, pero alejándonos del río, para entrar en la población de Andón.

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Desde Andón se vuelve a bajar al río, para dar con su famoso Puente, y un área recreativa.

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En este punto se bifurcan las señales de PR, separándose el PR-G-113 (Puentes del Lérez) y el PR-G-100 (Sierra de Candán), siguiendo en mi caso por este último. Se ha de cruzar el puente y seguir de frente por una pista empedrada. Y aquí pasó algo curioso: el camino se encontraba cortado por un cordel de color naranja, tendido de punta a punta del camino. Tengo visto estas cosas en Galicia para delimitar la entrada a fincas particulares, pero el camino se trataba claramente de dominio público, por lo que salté el cordel y seguí mi camino. Esto mismo volvió a acontecer un poco más arriba, lo que hizo que tuviera que zigazaguear un poco, hasta llevar a la pista que, en continuo ascenso, me tenía que llevar hacia Taboadelo, y que en uno de sus ramales comunicaba con el viejo puente medieval comentado más arriba.

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Llegado a este punto el paisaje sufrió un acusado cambio: se acabó el bosque de ribera, y me topé con paisaje de montaña y arbustos. No es que fuera un mal cambio. Al menos podía rodar cómodamente, y el día se había despejado, pero no dejaba de llamar la atención cómo podía variar tanto la vegetación en tan poco espacio. Aquí volví a tener problemas con la señalización, lo que hizo que me equivocara un par de veces antes de dar con la senda buena, que por encontrarse poco transitada, estaba bastante más cerrada de arbustos que otros caminos que se internaban en fincas privadas.

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Aun así, pude seguir el camino sin mayores inconvenientes, salvo un par de despistes por zonas cerradas de vegetación y carreteras secundarias, pero en los que no tardaba mucho tiempo en recobrar el camino correcto. Y así, acabé llegando a Lamasgalán de Abajo. Y allí empezó la locura.

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El PR-G-100 discurre -en teoría- por un camino entre Lamasgalán de Abajo y de Arriba, pero el camino era más bien una vía fluvial, barrizal en la mayor parte de sus puntos. Barrizal que se abría a caminos privados por fincas que al poco había que abandonar. Finalmente pude localizar el camino correcto, para verme de nuevo metido en la tríada galaica (recordemos, zarzas, tojos y ortigas), a unos 300 metros de Lamasgalán. Como ya me conocía la película, y todo tenía visos de empeorar, opté por volver sobre mis pasos, y en Lamásgalán de Abajo tomar una carretera que al principio me había parecido enormemente tentadora. Tan tentadora, que en vez de ir a Lamásgalán de arriba, opté por salir a la carretera de Lalín, para coronar el Alto de Candán por carretera.

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…y desde allí, esquivando Lamasgalán, subir a la cota máxima de la etapa, el puesto de observación de Penadoiro, a 902 msnm. Con unas vistas estupendas, todo hay que decirlo, del valle del Deza, del Lérez, y de las Sierras de Cando y Candán.

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Tras un breve descanso, bajé del puesto de observación, y crucé la carretera para seguir por el PR-G-100, entrando en el parque eólico. Desde allí tenía previsto seguir las marcas del PR-G, pero pronto pude ver que abandonaban entre abundante maleza la pista del parque. En mi caso, ya había tenido bastante sufrimiento en lo que llevábamos de día, por lo que volví sobre mis pasos, con idea de descender al monasterio por carretera. Pero me topé con una pista a mano izquierda que permitía bajar a La Rochela, esquivando la subida al monte, y la verdad es que me entraron ganas de realizar el último tramo del PR-G, de nuevo junto al Lérez, hasta el monasterio. Grave error.

Como decía, tomé la pista hasta salir a una carreterita, que recorrí en descenso hasta dar de nuevo con las marcas del PR-G a la entrada de La Rochela. Allí giré a la derecha, para descender hacia el cauce del Lérez, en lo que parecía al inicio un estupendo camino. Y lo era, pero fue llegar al río y dejar de serlo. De nuevo una senda estrecha, llena de maleza, desniveles, y absolutamente imposible para la bici. Eso sí, con sus marcas blancas y amarillas, y su paisano sentado en una piedra haciendo sudokus. Ver para creer.

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Con todo, no fue eso lo peor. Donde el paisano me despisté de las marcas, y me encontré pronto con avisos del GPS de que me había desviado de mi ruta, que se alejaba del río y subía por la ladera del monte. Atravesé maleza para dar con el camino, que era claro entre cercas de piedra. Pero que se encontraba comido de tojos. Siempre tojos. Pero -al menos esta vez- sólo tojos. La subida fue penosa, y me dejó de nuevo con las espinillas en carne viva.

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Al menos, una vez coronado el cerro, el camino se volvía más claro, y permitía rodar, en vez de tener que tirar de la bici. Pude hacer un descenso entre tojos hasta llegar a un camino un poco más abierto, que no tardó en llevarme a la pista que une O Forno con La Rochela.

Contra todos mis instintos, crucé el camino, para seguir por pista en dirección a Vilaverde, mi última escala antes de volver al monasterio. Y por una vez, no me equivoqué. Era una pista bastante decente, que permitía cruzar un pequeño arroyo sin dificultades, antes de entrar en Vilaverde. Y desde allí, volver por carretera al Monasterio fue coser y cantar. Lo que no venía mal, después de tantos quebraderos de cabeza a lo largo de toda la etapa.

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Datos de la etapa

  • Distancia: 21’280km
  • Distancia (según el GPS): 21’28km
  • Altitud ascendida: 772m
  • Tiempo de etapa: 2:51:49
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 3:15:91
  • Pulsaciones medias: 139ppm
  • Pulsaciones máximas: 174ppm
  • Cadencia media: 61rpm
  • Cadencia máxima: 213rpm
  • Calorías consumidas: 1017kcal

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24 abr 21 Trazabilidad de activos en exterior con LoRaWAN, Chirpstack, Node-Red y una arquitectura de microservicios

Bonito combo el del título de este artículo, ¿verdad? A resultas de algunas actividades que estoy realizando en el trabajo relacionadas con redes IoT industriales, en mi tiempo libre le he dado una vuelta de tuerca al proyecto, para realizar un piloto de trazabilidad de activos en exterior. Cómo no, basado en el uso de LoRaWAN y Chirpstack, como contaba en un artículo anterior.

Arquitectura LoRaWAN

Arquitectura LoRaWAN

La cosa es que aprovechando que contaba con una pequeña infraestructura local de Chirpstack desplegada mediante microservicios, me hice con un dispositivo de Dragino bastante interesante, el LBT1:

Dragino LBT1

Dragino LBT1

Este dispositivo es bastante interesante: integra un módulo GPS que permite obtener su ubicación precisa, que es trasmitida mediante LoRaWAN para ser posteriormente explotada. Pero cuenta con capacidad Bluetooth, para realizar ubicación en interiores mediante iBeacons; dispone de un acelerómetro, de tal manera que el dispositivo tiene capacidad de enviar la señal LoRaWAN cuando detecta movimiento y no de manera indiscriminada, con el consiguiente ahorro de batería; tiene una batería recargable de 1000 mAh (que he podido probar que da para más de una semana de actividad sin necesidad de recarga); y cuenta con un botón que -en su configuración por defecto- permite pasar al dispositivo a un modo de emergencia, de tal manera que pasa a emitir la señal de manera periódica (y no activada por el acelerómetro, como en el modo normal), y con una codificación del paquete de datos específica, de tal manera que es posible distinguirlo de una transmisión normal, y actuar en consecuencia.

Estas capacidades, junto con la característica de integración HTTP proporcionada por Chirpstack, permiten algo bastante interesante, y es realizar un sistema de monitorización de activos en exterior, si lo combinamos con un procesamiento en segundo plano. Para ello, en mi caso, he utilizado Node-Red.

Flujo Node-Red para trazabilidad de activos

Flujo Node-Red para trazabilidad de activos

La idea general es la siguiente: se establece un punto de entrada desde donde recibir los POST HTTP provenientes de Chirpstack, que nos harán llegar cada uno de los eventos provenientes de los dispositivos. Aquí realizamos un primer procesado para obtener información relevante de la señal transmitida (básicamente, latitud, longitud, identificador del dispositivo, cantidad de carga de la batería, y si se trata o no de una señal de emergencia). Con esta información realizamos dos acciones: representar cada objeto definido en la aplicación Chirpstack y que esté enviando señal en el mapa, bien con un icono verde si todo va bien, o con un icono rojo si se ha pulsado el botón de emergencia. Además de esto, se mantiene trazabilidad de los movimiento realizados creando una línea con las distintas ubicaciones GPS enviadas por el dispositivo. Todo ello se representa sobre un mapa, que permite definir zonas de calor, y filtrar por cada uno de los objetos que estén enviando señal. El resultado es algo como esto:

Mapa de ubicaciones resultante

Mapa de ubicaciones resultante

El sistema, además, tiene capacidad para integrarse con sistemas de monitorización de terceros, así como con sistemas de alerta específicos. En mi caso he realizado un procesamiento adicional, que consiste en realizar persistencia de datos para su análisis posterior, en este caso, mediante una hoja de Google Spreadsheet, lo que es interesante de por sí, y puede dar para otro artículo.

Este ejemplo de aplicación tiene bastantes aplicaciones prácticas: realizar seguimiento de activos en una zona exterior de una empresa, seguimiento de personas mayores en zonas urbanas sin coste de transmisión de datos, y con la capacidad de que emitar una señal de emergencia en caso de necesidad, o el seguimiento de visitantes en parques naturales y zonas boscosas, ya que como demostré hace algún tiempo, es posible cubrir zonas muy amplias en entorno forestal con un despliegue de infraestructuras mínimo. E incluso, que es lo que tenía en mente, un sistema para seguimiento de ciclistas o senderistas de montaña en zonas de montaña.

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29 mar 21 El último viaje del Mercedes

El recordatorio más grande -al menos en tamaño- que teníamos de nuestro periplo irlandés era un Mercedes C180 Sportcoupe de 2002. Fue el coche que nos compramos al año de estar allí, y con el que nos recorrimos la Isla Esmeralda de punta a punta. Desde Tramore a La Calzada del Gigante, y de Dublín a los Acantilados de Moher. Incluso al remoto Condado de Kerry, y la estupenda Killarney, por no olvidar la muy especial Sligo, así como Carlingford.

Volvimos a España con él, cargados hasta los topes, y con un cofre lleno de trastos y de recuerdos. Solía decir que me valía con que el coche llegara a Santiponce, e hiciera un kilómetro más, pero no sólo fue capaz de eso, sino que nos recorrimos también España de punta a punta: Almería, Cuenca, Bilbao, toda la costa Cantábrica hasta Galicia, y por supuesto, Pontevedra, y desde ahí hasta abajo por la Ruta de la Plata. De hecho, tengo la sensación de que le hemos hecho más kilómetros en España que en Irlanda. Por no olvidar toda Francia desde Roscoff a San Juan de Luz, pasando por Burdeos.

Era un coche tremendamente divertido de conducir, con esa estupenda tracción trasera, su motor de 2 litros, y los 130 caballos de pontencia que desarrollaba. Pero toda historia llega a su fin, y tras más de un año sin conducir el Mercedes, y no teniendo sentido -desde el punto de vista económico- rematricularlo en España, y siendo un coche (volante a la derecha) que nadie compraría en España, hoy lo hemos vendido para desguace. Ha sido una pena verlo partir, pero no he podido menos que adecentarlo, para que en su último viaje luciera tan estupendo como en todos estos años en los que nos ha hecho felices.

Adiós, viejo amigo. Ojalá que todos los coches que tengamos nos salgan tan estupendos.

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13 mar 21 Despliegue de un servidor LoRaWAN libre con Chirpstack basado en contenedores

Estas semanas (en parte por afición y en parte por trabajo) he seguido avanzando con mis investigaciones con tecnología IoT basada en LoRaWAN. Ya había hablado anteriormente de comunicaciones básicas LoRa, uso de una red abierta LoRaWAN como es la red TTN, pero no había tocado el tema de disponer de un servidor LoRaWAN privado. Y es aquí donde entra en acción Chirpstack. Éste es un diseño basado en software libre que proporciona la capacidad de conectar dispositivos de campo LoRa y junto con los Gateway LoRaWAN permite constituir una red privada LoRaWAN. En este contexto, ChirpStack una solución que mediante una interfaz de usuario amigable permite gestionar dispositivos, usuarios, gateways, y que proporciona una interfaz de integración que permite interactuar con terceros sistemas.

Interfaz web de administración de Chirpstack

Interfaz web de administración de Chirpstack

ChirpStack proporciona una serie de componentes que interactúan entre sí para proporcionar la infraestructura necesaria para recibir información de dispositivos y gateways LoRa, con el objeto de proporcionar capacidades de gestión de dichos dispositivos (por un lado) y de poner la información que envían los dispositivos a disposición de terceros sistemas para que la consuman. Esto se articula en base a los siguientes componentes:

  • Dispositivos LoRa: Dispositivos de campo que envían por LoRa información de los sistemas que controlan (final de carrera, sensor de temperatura, el propio estado del dispositivo, etc…) a un Gateway, o bien que reciben información de este Gateway para realizar una acción (activar un relé, encender un led…).
  • Gateway LoRaWAN: Elemento que recibe información de los dispositivos, y transforma un paquete LoRa en un paquete IP (bien TCP o UDP, aunque lo más común es lo primero), transfiriendo la información que proporciona el dispositivo hacia un servidor donde esta información es procesada. También tiene capacidad de enviar información o solicitud de acciones a los dispositivos por parte de este servidor. Junto con los dispositivos LoRa, constituyen los elementos de campo, y aunque no forman parte estrictamente hablando de ChirpStack, sí tienen una interacción muy cercana con él.
  • Gateway Bridge: Es el primero de los componentes de ChirpStack, si seguimos el flujo de datos desde los dispositivos de campo hasta los servidores de computación. Su función es recibir la información de los gateways y procesarla, volcándola en un servidor MQTT de mensajería. Este bridge puede residir en el servidor donde se despliegue ChirpStack, en los propios gateways LoRa o estar instalado en un tercer componente aparte. Su función primordial, en pocas palabras, es volcar la información proveniente de la red LoRaWAN en el sistema de mensajería MQTT, donde será consumida por el resto de servicios de ChirpStack.
  • Network Server: Segundo de los componentes de ChirpStack. Es el servidor de red LoRaWAN propiamente dicho. Se encarga de monitorizar el estado de la red, los dispositivos conectados a la misma, y administrar el acceso de nuevos dispositivos a la red. También se encarga, en el caso de redes con múltiples gateways, de resolver duplicidades de dispositivos (dado que un paquete enviado por un dispositivo puede ser recibido y procesado por más de un Gateway), consolidar la información, y ponerla a disposición del servidor de aplicaciones de ChirpStack. También se encarga de las siguientes funcionalidades: Autenticación de dispositivos; gestión de la capa mac LoRaWAN; gestionar el envío de mensajes desde ChirpStack a los dispositivos, haciendo uso del canal descendiente de comunicaciones.
  • Application Server: Tercer componente de ChirpStack. Es corazón de la arquitectura. Permite crear “aplicaciones”, que en este contexto son grupos de dispositivos que envían una información del mismo tipo. Relaciona la información enviada por uno o varios dispositivos, almacenando un histórico, y la pone a disposición de terceros sistemas mediante diversos métodos de integración.
  • Geolocation server: Componente opcional que permite dotar de mayores capacidades de geolocalización de los dispositivos, en caso de que el Gateway no proporcione esta información, o en el que queramos hacer un tratamiento personalizado de la misma.
  • Broker MQTT: Utilizado como sistema de mensajería interna para el resto de componentes de ChirpStack y la comunicación con los gateways.
  • Redis: Motor de base de datos en memoria, que gestiona la información que se intercambia entre los dispositivos y aplicaciones creadas en ChirpStack.
  • Base de datos PostgreSQL: Almacena información de configuración de ChirpStack, organizaciones, aplicaciones, usuarios, etc… además de información histórica enviada por los dispositivos. Existen diversos mecanismos (HTTP, MQTT, InfluxDB, RabbitMQ, PostgreSQL, Azure Service Bus, AWS SNS, API REST).
Arquitectura de alto nivel de Chirpstack

Arquitectura de alto nivel de Chirpstack

El aspecto clave de ChirpStack hace referencia al modo en el que se procesa la información. ChirpStack hace uso de los componentes anteriores para componer y almacenar información estructurada proveniente de los dispositivos de campo, en un formato similar al siguiente:

{
“applicationID”: “123″,
“applicationName”: “temperature-sensor”,
“deviceName”: “garden-sensor”,
“devEUI”: “0202020202020202″,
“rxInfo”: [
{
"gatewayID": "0303030303030303",
"name": "rooftop-gateway",
"time": "2016-11-25T16:24:37.295915988Z",
"rssi": -57,
"loRaSNR": 10,
"location": {
"latitude": 52.3740364,
"longitude": 4.9144401,
"altitude": 10.5
}
}
],
“txInfo”: {
“frequency”: 868100000,
“dr”: 5
},
“adr”: false,
“fCnt”: 10,
“fPort”: 5,
“data”: “…”,
“object”: {
“temperatureSensor”: {“1″: 25},
“humiditySensor”: {“1″: 32}
},
“tags”: {
“key”: “value”
}
}

Otro aspecto interesante es que Chirpstack se puede desplegar de muy diversas maneras, al estar estructurado en una serie de componentes bien definidos que se comunican entre ellos mediante puertos e interfaces estandarizados. Permite tanto realizar un despliegue convencional en un único servidor, a desplegarse en un modelo de microservicios en un entorno Docker o Kubernetes. Para el caso en el que estoy trabajando, he optado por hacer un despliegue basado en contenedores Docker en una máquina virtual, aunque he realizado algunas pruebas con un despliegue más monolítico, y en el ámbito laboral estoy haciendo uso de un entorno Kubernetes.

El despliegue mediante Docker es tremendamente sencillo, ya que los propios desarrolladores de Chirpstack proporcionan una configuración de ejemplo con todos los elementos necesarios. Y una vez desplegado, es bastante sencillo añadir los componentes necesarios. En mi caso, he integrado un gateway Dragino LG308. La integración es tan sencilla como apuntar el servicio LoRaWAN del gateway al puerto 1700/UDP del servidor donde se encuentre levantado el componente Network de Chirpstack. Es posible desplegar un paquete software en el gateway Dragino para convertirlo en un Gateway Bridge de Chirpstack, pero si tenemos éste desplegado en otro sitio, no es necesario realizarlo.

Registro de un gateway en Chirpstack

Registro de un gateway en Chirpstack

Y en cuanto al registro de los dispositivos, tampoco supone mayor inconveniente. Es necesario definir de manera previa unos perfiles de configuración de dispositivos y la aplicación donde registramos estos últimos, y a partir de ahí, se puede crear la propia aplicación, y registrar los dispositivos, bien por OTAA o ABP, en función de nuestras preferencias. Con todo ello, se tiene una red privada LoRaWAN perfectamente funcional.

Ejemplo de recepción de datos de un dispositivo de campo (1)

Ejemplo de recepción de datos de un dispositivo de campo (1)

Ejemplo de recepción de datos de un dispositivo de campo (2)

Ejemplo de recepción de datos de un dispositivo de campo (2)

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20 nov 20 Trabajos en el Puente de los Vinateros

Hace algunos días tuve la sorpresa de ver que se habían llevado acciones de limpieza en el venerable Puente de los Vinateros. Este puente permitía que el camino de Valdehiguera salvara el trazado del ferrocarril minero de Aznalcóllar, y servía para comunicar Valencina de la Concepción y el Aljarafe con Santiponce. En concreto, se utilizaba para permitir el transporte de vinos del Aljarafe hasta el ferrocarril de Cala, que también pasaba por las cercanías de Santiponce, y embarcarlo en Sevilla.

Captura de mapa topográfico antiguo con el puente marcado

Captura de mapa topográfico antiguo con el puente marcado

Con el cierre de ambas vías el puente dejó de tener uso, por lo que poco a poco fue cayendo en el abandono. En mi caso, siempre lo había conocido colmatado de tierra y piedras, y amenazando ruina, que ocasionó que hace algunos años se cortara el trazado de la vía verde de Itálica bajo el puente, creado un trazado alternativo, ya que éste amenazaba ruina. Y así había permanecido, poco a poco más deteriorado, hasta que hace algunas semanas se emprendieron trabajos de limpieza en el mismo, cuya actuación más destacada fue la eliminación de toda la tierra acumulada, hasta rebajarlo a su nivel original:

Puente de los Vinateros limpio de tierra

Puente de los Vinateros limpio de tierra

Lamentablemente el puente ha sufrido nuevos derrumbes, haciendo que pierda parte de sus pretiles originales. Aunque siendo sincero, pensaba, a tenor del relleno de tierra que tenía, que hacía tiempo que los había perdido.

Pretiles derrumbados

Pretiles derrumbados

Por lo que parece, la intención es consolidar el puente y rehabilitarlo, una actuación que no ha llegado tarde por muy poco, porque las grietas a lo largo de toda su estructura eran cada vez mayores y más profundas. Y se entiende, visto la gran cantidad de relleno que alguien había realizado sobre el mismo, tapando por completo toda la alzada de los pretiles.

Graves daños en la estructura del puente

Graves daños en la estructura del puente

He podido localizar un par de vídeos de OlallaReal en los que da más información sobre el puente, y las acciones que parecen estarse llevando a cabo:

Esperemos que este y otros restos del patrimonio ferroviario de Santiponce sean puestos en valor de la manera que merecen.

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