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De hecho, el mero acto de abrir la caja determinará el estado del gato, aunque en este caso los tres estados determinados en los que podía estar el gato eran: Vivo, Muerto y Jodidamente Furioso
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30 ago 13 Paso de la Vuelta 2013 por Santiponce

Acabo de venir de ver pasar la a los ciclistas que disputan la Vuelta Ciclista a España 2013. Y he podido captar una bonita imagen:

Ciclistas escapados por Santiponce

Ciclistas escapados por Santiponce

Los que aparecen en la imagen son los tres escapados que venían manteniendo una fuga desde casi el inicio de la etapa, Christian Knees, Marco Pinotti y Francisco Javier Aramendía.

Hacía ya muchos años que no veía una etapa en directo (en concreto, desde 1997, cuando fui a ver con Mané y su tío Dani la contrarreloj en Córdoba, cuando Fernando Escartín tuvo una caída). Espero poder repetir en breve. :D

Aquí está el resto de imágenes que he sacado: Paso de la Vuelta Ciclista a España 2013 por Santiponce

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18 nov 12 Etapa ciclista: Santiponce – Las Pajanosas (01/11/2012)

El día de Todos los Santos de 2012, jueves festivo, volví a salir a rodar un poco por la provincia de Sevilla, con la idea de ir recuperando algo de forma para la gran etapa que tenía pocos días después por delante: la VI Marcha Cicloturista de Fuente Obejuna, y cuya preparación había tenido que abandonar debido a una molesta y persistente lesión de espalda.

El 1 de noviembre comencé a rodar a las 9:20h, de nuevo en solitario. Tenía en mente hacer una buena kilometrada, subiendo por la vía verde de Itálica hasta el cauce del río Guadiamar, y desde allí descender por el corredor verde homónimo hasta las cercanías de Sanlúcar la Mayor, para volver posteriormente a casa por Villanueva del Ariscal y Salteras. Unos 70-75 kms. sobre el papel. Pero pronto me di cuenta de que iba a tener que abandonar dicha intención.

Salí de Santiponce para dirigirme a la vía verde por el camino agrícola de costumbre. Pero fue llegar allí y darme cuenta de que la situación, debido a las lluvias de la semana, había empeorado considerablemente con respecto al domingo anterior. El camino, pese a la pendiente, se había convertido en un auténtico barrizal que atrapaba las cubiertas y hacía casi imposible rodar. Y eso que apenas había salido de casa. Ya antes de alcanzar la vía verde me vi obligado a detenerme a retirar algo de barro de las cubiertas y del cuadro, ya que amenazaba con bloquear la rueda. El día prometía ser complicado.

Una vez en la vía verde la situación, al igual que el domingo anterior, mejoró sensiblemente, pero sin llegar a ser en ningún momento una maravilla, especialmente en el caso de mi cubierta trasera, una Small Block Eight de 2.1”, poco indicadas para ese barro pegajoso y denso. Pero lo peor aún estaba por llegar. Pasé el puente sobre el arroyo del Judío, y dejé el tramo civilizado de la vía verde. Tenía por delante unos 2.7 kms hasta llegar a la carretera, pedregosos en su mayor parte, y por tanto poco proclives a embarrarse, pero el tramo final antes de llegar a la carretera transcurría por una planicie rodeada de cultivos. Iba a ser complicado.

Fuji embarrada

Fuji embarrada

Y lo fue. O mejor dicho, no fue exactamente complicado. Fue imposible. En efecto, pasé sin excesivos problemas la parte pedregosa de la vía verde, pero al internarme en la planicie agrícola pronto me quedé clavado en el barro. Se formaron tres enormes pellas de barro pejagoso, en la horquilla delantera, en el freno trasero y en el cambio, que pronto hicieron imposible rodar. Tanto fue así que un grupo de marchadores de fondo, que había pasado un rato antes, me volvieron a pasar a mí, llegando antes que yo a la carretera. Yo, por mi parte, tras retirar algo de ese pesado barro de la bici, no tuve más remedio que cargármela al hombro para poder salir de ese atolladero. Pero no salí indemne. Ese barro se adhirió a mis botas de campo, convirtiéndolas en sendos bloques de arcilla que no había prácticamente manera de mover. Tardé casi un cuarto de hora en recorrer 500 metros de recta. Horroroso.

Y las noticias, al llegar a la carretera, no eran mejores. Allí me encontré con un grupo de ciclistas que me informaron de que el tramo de vía verde camino de Aznalcóllar estaba aún peor. Así que el día había quedado arruinado. Ante esto, no me quedó más remedio que tomármelo con filosofía, y rescatar lo posible del desastre. Tocaba una etapa de asfalto. Así pues, tras quitar algo más de barro, tomé la carretera en dirección a la N-630: decidí cambiar de objetivo, y subir por asfalto a Las Pajanosas. Hice una pequeña parada técnica en la Venta de Ana Velázquez para limpiar la bici y a mí mismo del nefando barro arcilloso, tras lo cual retomé mi marcha hasta Las Pajanosas, a donde llegué a las 11:00h.

Allí hice una breve parada, antes de emprender la bajada a Guillena por la carretera del zoo. Desde Guillena tenía la intención de dirigirme a Torre de la Reina y a continuación, Alcalá del Río y La Algaba. Pero al no encontrar una buena señalización de cómo hacerlo, y dado que el día empezaba a amenazar lluvia, opté por ser más conservador, y volver directamente a Santiponce por la N-630.

Dicho y hecho. Remonté de nuevo hasta la N-630 a la altura de la Venta, y volví sin más inconveniente a Santiponce, dándome incluso el gustazo de adelantar a un ciclista de carretera, por el camino, gracias a la Small Block Eight que había inflado hasta los 5 kg/cm^2 con anterioridad. Finalicé el recorrido a las 11:50h; una etapa que no se parecía en nada a la que había planificado, pero que había valido la pena.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: S/D
  • Distancia (según el GPS): 43’226 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 03m 06s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 2h 27m 03s
  • Velocidad media: 21’07 km/h
  • Velocidad máxima: 49 km/h
  • Pulsaciones medias: S/D
  • Pulsaciones máximas: S/D
  • Consumo medio de calorías: S/D
  • Consumo máximo de calorías: S/D
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: S/D
  • Consumo total de calorías: 2001 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 33CC

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Santiponce – Las Pajanosas

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18 nov 12 Etapa ciclista: Santiponce – Depósito de aguas del Aljarafe (28/10/2012)

El domingo 28 de octubre, el último del mes, salí a rodar un poco por las cercanías de Santiponce, a la poco habitual hora -a estas alturas del año- de las 8:00h. Aunque hay que decir que la cosa tenía algo de truco, porque ese día se había producido el cambio de hora, por lo que, pese a ser oficialmente las 8:00h, la sensación que tenía en el cuerpo era la de salir a la hora habitual, las 9:00h.

Se trató de una salida no programada, por lo que no conté en ella con mis compañeros habituales, tratándose, por lo tanto, de una salida en solitario. Y como tal, fue una salida un poco a ver lo que salía, sin tener un itinerario prefijado.

Así pues, salí de Santiponce y remonté un camino agrícola hasta llegar a la Vía Verde de Itálica. Las recientes lluvias caídas en la zona se dejaban notar en el terreno, que ya empezaba a encontrarse blando y embarrado. Un barro típico de la campiña sevillana, arcilloso, pegajoso, y enormemente molesto. Por suerte pronto llegué a la vía verde, y pude rodar sin problemas por ella. Pasé el puente sobre el arroyo del Judío, y seguí hasta alcanzar la carretera de Salteras.

Desde allí decidí que esa mañana iba a subir hasta el depósito de aguas del Aljarafe. Por ello, tomé la carretera en dirección a Salteras, hasta llegar a una estación de paneles solares. Allí dejé la carretera, para tomar un camino que bordeaba los paneles, con la esperanza de que se prolongara hasta la cercana Ruta del Agua. Esperanza futil, ya que al dejar atrás los paneles solares me encontré metido en mitad de un sembrado. Y puestos a haber llegado hasta allí, y viendo en lontananza la Ruta, no tuve menos que seguir adelante, sembrado a través, hasta alcanzar el camino. Cosa que pude hacer con bastante suerte, ya que esa zona no se encontraba tan embarrada como otras por las que había circulado.

El resto de la jornada no tuvo mucha más enjundia. Ascendí hasta el depósito de aguas, que se encontraba batido por todos los vientos del mundo, y posteriormente retorné a casa por la Ruta del Agua, a una hora en la que los ciclistas poco a poco se iban dejando ver por la zona.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 27’380 km.
  • Distancia (según el GPS): 27’185 km.
  • Tiempo de etapa: 1h 34m 03s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 1h 37m 09s
  • Velocidad media: 17’5 km/h
  • Velocidad máxima: 51’3 km/h
  • Pulsaciones medias: 152 pulsaciones/min
  • Pulsaciones máximas: 180 pulsaciones/min
  • Consumo medio de calorías: 1110 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1390 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 23m 09s
  • Consumo total de calorías: 1807 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 40BC

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Santiponce – Depósito de aguas del Aljarafe

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25 jul 12 Etapa ciclista: Arroyo de Pico de Palo – Ruta del Agua – Vía Verde de Itálica (22/07/2012)

El domingo 22 de julio, a la una de la tarde, estaba tranquilamente sentado en la playa de Samil (Vigo), disfrutando de una Estrella Galicia en compañía de Ana y mis cuñados, viendo volar sendos F-16. Sé que como comienzo de una etapa ciclista es un tanto anómalo, pero todo tiene su explicación. No digo que sea una buena explicación, pero al menos es una explicación. Como decía, disfrutaba de una exhibición aérea, como paso previo a mi propio periplo aéreo, que debía llevarme de vuelta a Sevilla, y a una nueva semana de trabajo.

Cuarenta y cinco minutos después, gracias al GPS y a un fenomenal atasco, subía despendolado la carretera que conduce a la Universidad de Vigo, intentando llegar al aeropuerto de Peinador antes de que mi avión me dejara en tierra. Por qué subía dicha carretera en vez de circular tranquilamente por la autovía lo dejo a los insondables designios del susodicho GPS y su nefanda opción de “recorrido alternativo”. Aunque tengo que decir que, finalmente, llegué al aeropuerto, si bien con el tiempo justo para embarcar. Un rato más tarde, volando ya sobre Sevilla y no muy lejano a tomar tierra, podía disfrutar del siguiente paisaje por la ventanilla del avión:

Entorno del pantano de Gérgal

Entorno del pantano de Gérgal

Es decir, los pantanos de Gérgal y Guillena, además del Cordel de la Cruz de la Mujer y el tramo restringido de la Ruta del Agua. No necesitaba mucho más que eso para que se me despertaran las ganas de salir a rodar esa misma tarde.

A las cinco y media, sin embargo, las ganas se me habían atenuado un tanto. No en balde me encontraba andando entre campos de girasoles, después de haberme bajado en la estación de cercanías de Santiponce, y tener una media hora de caminar bajo el sol implacable de la tarde, camino de casa. Hay que admitir que el día estaba resultando variado. Y lo que quedaba. Pero, pese a todo, decidí salir a rodar, si bien no lo hice hasta las nueve de la noche, cuando el calor había remitido en gran medida. Había abandonado la intención de subir hasta la zona de Guillena, conformándome con un objetivo algo más modesto: recorrer el tramo de la Ruta del Agua entre el cruce con la vía verde de Itálica y Valencina que dejé de recorrer en la etapa del día 15, al haberme quedado sin agua.

Así pue, salí de casa en dirección norte, pero en vez de tomar el camino que asciende hasta la vía verde, opté por tomar el camino que bordea el arroyo Pico de Palo, y que conduce, pasando cerca del Cortijo Villa Diego, hasta el puente sobre el arroyo del Judío. Allí tomé la Cañada Real de las Islas, hasta enlazar con la Ruta del Agua en las cercanías de Valencina. A partir de ese momento ya no abandoné la Ruta del Agua. Pasé junto a la urbanización La Alondra, cercana al depósito de aguas del Aljarafe, punto hasta el que anteriormente había llegado en este recorrido. Y seguí avanzando. La Ruta del Agua seguía con una dinámica similar: subidas y bajadas pegadas a las estribaciones de los cerros del Aljarafe, que no habrían de cesar hasta internarse de manera decidida en la campiña sevillana, ya cerca de Gerena. A esas alturas de la etapa ya había caído la noche, por lo que la presencia de animales de vida nocturna se había hecho muy patente. Eso, y la intrepidez de los conejos, que no cesaban de cruzarse en mi camino, a cual mas audaz, llegando uno de ellos a pasar entre las ruedas de mi bici.

Llegué al cruce apenas pasadas las 22:00h, tras una hora de recorrido y 19 kilómetros de etapa. A partir de ahí, todo era vuelta. Y qué vuelta más diferente a la que había tenido que hacer una semana antes. Con el frescor de la noche y con agua en abundancia (no era un error que pensara repetir en tan breve espacio de tiempo), pude rodar de manera más alegre, con una media de 22 km/h, pese a que la oscuridad, tan sólo mitigada por la Lupichin, obligaba a ser más prudente en el rodar. Llegué a casa a las 22:40h, habiendo conseguido sacarme la pequeña espinita que se me había clavado en la etapa anterior. Una etapa breve, pero bien aprovechada. Tanto como el día que estaba a punto de dejar atrás.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 33’350 km.
  • Distancia (según el GPS): 32’953 km.
  • Tiempo de etapa: 1h 38m 28s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 1h 39m 21s
  • Velocidad media: 20’4 km/h
  • Velocidad máxima: 39’1 km/h
  • Pulsaciones medias: 145
  • Pulsaciones máximas: 172
  • Consumo medio de calorías: 1050 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1310 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 1h 33m 59s
  • Consumo total de calorías: 1661 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 25DC

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Arroyo de Pico de Palo – Ruta del Agua – Vía Verde de Itálica

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24 jul 12 Etapa ciclista: Santiponce – Guillena – La Cantina – Gerena – Santiponce (15/07/2012)

El domingo 15 de julio salí a rodar en solitario en la que hasta la fecha ha sido la etapa más larga que he realizado en Sevilla: 72 kilómetros. El germen de esta etapa estaba en un recorrido de 101 kilómetros que estoy preparando en la zona de la Sierra Norte de Sevilla, y que combina varios trazados habituales en nuestras salidas sevillanas. Sin embargo, había una zona a recorrer por la que nunca había circulado: el tramo de la Ruta del Agua entre Las Pajanosas y Gerena. Así que, no teniendo mejor plan para un domingo a primera hora de la mañana, decidí recorrer ese tramo, partiendo desde casa. En realidad se trataba de hacer media 101. Pero las cosas no salieron como lo esperaba.

De acuerdo a mi plan, empecé a pedalear desde Santiponce al filo de las 8:00h. Tomé el trazado de la Vía de la Plata en dirección Guillena. La mañana se presentaba agradable, y daban ganas de rodar. Pronto dejé atrás la carretera y tomé la pista que, en línea recta como una flecha, conduce en dirección Guillena durante unos interminables 7 kilómetros por la pista de mantenimiento del sistema de suministro de aguas a Sevilla. En este tramo apenas me crucé con un par de ciclistas, un caminante y un peregrino, que descansaba en su larga marcha camino de Santiago. Al llegar al final de la pista seguí las indicaciones que por caminos agrícolas conducen a Guillena, teniendo para ello que salvar un maloliente arroyo justo antes de la entrada de Guillena.

Eran las 8:30h cuando estaba entrando en este pueblo. Dado que mi objetivo era salir de él por el Cordel de la Cruz de la Mujer, y luego girar al oeste en dirección a Las Pajanosas por la Ruta del Agua, estaba viendo que la etapa se me iba a quedar algo corta. Así que una idea se empezó a formar en mi cabeza: ¿por qué no combinar el recorrido con la subida del Cordel de la Cruz de la Mujer hasta La Cantina y volver por el tramo restringido? Si hubiera tenido algo de sentido común habría desechado recorrer 22 kilómetros extra de etapa, sobre todo sabiendo que había salido apenas con 1’5 litros de agua en el Camelback. Pero como no lo tengo, al menos no cuando salgo a dar pedales, al llegar al cruce del Cordel con la Ruta del Agua continué ascendiendo.

Realicé el ascenso hasta la cima de la Cuesta de la Lenteja en unos 35 minutos. No había dejado de pedalear ni un segundo desde mi salida de Santiponce (salvo para salvar el pestilente arroyo), por lo que llevaba ya hora y 20 minutos de etapa… y no tenía intención de detenerme. Bajé la siempre divertida Cuesta de la Lenteja, y acto seguido, sin parar en la Cantina, inicié la vuelta hasta el cruce por el tramo restringido.

Mantuve en la vuelta un ritmo bastante alegre. No tanto como el que Rafa y yo nos marcamos en la etapa nocturna de la semana anterior, pero sí lo suficiente como para mantener una media superior a los 19 km/h en el trazado pestoso del tramo restringido. Y eso contando con dos paradas para echar sendas fotografías del Pantano de Gérgal en un nivel asombrosamente bajo de agua.

Pantano de Gérgal

Pantano de Gérgal

No pude menos que volver a tomar una fotografía del trazado del ferrocarril del Cala, por donde dos semanas antes habíamos transitado en una etapa sumamente divertida. Y el nivel del agua seguía bajando. ¿Hasta dónde se podrá llegar ya?

Vista del ferrocarril del Cala

Vista del ferrocarril del Cala

Salí del Tramo Restringido a las 10:00h. Mi pequeña excursión me había llevado una hora y cuarto, pero había valido la pena. Me acercaba a los 40 kilómetros de etapa, y aún tenía mucho que ver por delante. Seguí avanzando por la Ruta del Agua hasta llegar al Zoo de Guillena, lo que representaba un camino ya conocido. Era a partir de ahí, y hasta llegar al cruce con la Vía Verde de Itálica, donde empezaba lo desconocido.

Tras algunas dudas al respecto, conseguí encontrar la continuación de la Ruta del Agua, que resurge de la carretera justo enfrente del zoo. Avancé a un buen ritmo por ella, deteniéndome tan sólo para corregir mi rumbo en una bifurcación que a punto estuvo de hacer volver erróneamente a Guillena por una pista que -por otro lado- tiene una pinta bastante interesante. Corregido este error, crucé la vieja N-630 al sur de Las Pajanosas, y pasé por un paso subterráneo bajo la A-66. Inicié una breve bajada, preludio de un tramo bastante sinuoso y con abundantes toboganes camino de Gerena. Este tramo de la Ruta del Agua se encuentra bastante bien señalizado, por lo que es complicado perderse, aunque no hay que despistarse en los abundantes cruces que jalonan este tramo. Tramo que, por otro lado, marca el fin de las zonas arbóreas en lo que restaba de recorrido: a partir de ahí tenía 24 kilómetros a pleno sol. Y nos empezábamos a acercar peligrosamente a las 11 de la mañana…

En las cercanías de Gerena la Ruta del Agua abandona las faldas de Sierra Morena, para adentrarse de manera definitiva en la Campiña sevillana. Y lo hace descendiendo en línea recta en dirección a esta, como para marcar distancias con lo sinuoso del tramo anterior. Esta recta tan sólo se ve interrumpida por la variante de Gerena, que hace necesario tomar un desvío hasta llegar a una rotonda, antes de reincorporarse a la Ruta del Agua.

A esas alturas del recorrido empezaba a preocuparme la falta de agua. El calor apretaba, las sombras habían desaparecido, y no veía sitio donde poder repostar en las cercanías. Por suerte para mí -o al menos eso pensaba yo- divisé una gasolinera en la distancia. Era mi salvación. Abandoné la Ruta del Agua y me dirigí a la cercana gasolinera… para descubrir que llevaba vaya usted a saber cuánto tiempo cerrada. Mi gozo en un pozo. Menos mal que había sido lo suficientemente prudente como para no agotar de maner anticipada mi exigua reserva de agua.

Así pues, me reintegré a la Ruta del Agua, y me preparé para seguir la marcha, economizando agua en la medida de lo posible. Un esfuerzo futil, ya que la sequedad de la campiña, sus continuas subidas y bajadas y el inclemente sol, hicieron que apenas 5 kilómetros después agotara el agua. Llevaba en ese momento casi 60 kilómetros de etapa.

Por suerte para mí -o al menos eso pensé en mi inocencia- poco después divisé un pozo, con abrevaderos para animales. Corrí hacia él y con un rudimentario cubo saqué algo de agua del pozo, con la que pensaba saciar mi sed. Iluso de mí: el pozo era salobre. Apenas pude tomar un par de sorbos antes de escupir el resto. Pero al menos había calmado la sequedad de mi boca. Algo era algo, pero tenía por delante aún un buen puñado de kilómetros que recorrer. Iba a ser duro, muy duro…

Apenas 200 metros después del pozo llegué hasta el cruce con la Vía Verde de Itálica. Durante todo el recorrido había sopesado continuar con la Ruta del Agua hasta las cercanías de Valencina, para volver a Santiponce por la Cañada Real de las Islas y la Vía Verde. Pero viendo lo negro que pintaba el asunto, decidí finiquitar la etapa por la vía rápida, y volver a casa por el trazado más directo.

Aun así, fue sumamente duro: el tramo de 8’5 kms. entre el cruce y el puente sobre el Arroyo del Judío se encuentra sin habilitar, por lo que es abundante en balasto, traviesas y zonas de tránsito deteriorado. Esos 8 kilómetros se me hicieron bastante duros, sobre todo porque, contra mi costumbre, tuve que procurar respirar casi todo el tiempo por la nariz, para evitar que se me resecara la boca. Pese a todo, pude pasar a varios grupos de ciclistas, y mantener una media de 19 km/h, con picos de 24 km/h. Tampoco era plan pasar más tiempo de la cuenta bajo el sol que empezaba a caer a plomo.

Sin embargo, todo esfuerzo se paga. Alcancé el tramo rehabilitado de la vía verde a las 11:42h, exhausto y muerto de sed. No tardé en ponerme a más de 171 pulsaciones, lo que indicaba que empezaba a deshidratarme, ya que me encontraba en un tramo completamente plano. Por suerte estaba ya a menos de 5 kilómetros de casa. Salvé la distancia hasta el puente de los Vinateros como buenamente pude, y me desvié a la izquierda, para emprender la acostumbrada bajada por la parte norte de Itálica. Bajada que tuve que hacer sentado, pues casi no era capaz de mantenerme en pie sobre la bici. Por último, entré en Santiponce por la vieja nacional.

Llegué a casa un minuto antes del mediodía. Entré en casa como una exhalación y me bebí del tirón un litro de agua. Me senté a ver pasar la vida en la entrada de casa, amarrado a la botella de agua. Más que nada porque no tenía fuerzas para entrar la bici. Al cabo de un rato, cuando estuve en condiciones de hacerlo, di por finalizada la etapa. En el transcurso de la mañana bebería otro litro de agua, medio de zumo y medio de gaseosa. Había sido una etapa que me había hecho llegar al límite: y no tanto por su dureza -que no lo era en exceso- sino por la falta de previsión en lo referente a las reservas de agua. Una lección que no hay que olvidar.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 74’050 km.
  • Distancia (según el GPS): 72’047 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 42m 19s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 01m 34s
  • Velocidad media: 20’0 km/h
  • Velocidad máxima: 50’1 km/h
  • Pulsaciones medias: 146
  • Pulsaciones máximas: 173
  • Consumo medio de calorías: 1060 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1290 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 3h 44m 14s
  • Consumo total de calorías: 5735 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 68BC

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Santiponce – Guillena – La Cantina – Gerena – Santiponce

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