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De hecho, el mero acto de abrir la caja determinará el estado del gato, aunque en este caso los tres estados determinados en los que podía estar el gato eran: Vivo, Muerto y Jodidamente Furioso
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26 abr 16 Etapa ciclista: Loma de los Escalones – Club de Golf – King Kong (03/04/2016)

El domingo 3 de abril de 2016 volví a salir a rodar con mis amigos cordobeses. Aprovechando una visita a Córdoba para la boda de mi prima Lourdes, así como una semana de vacaciones para resolver algunos asuntos en Sevilla, no iba a dejar pasar la oportunidad de volver a rodar por mi querida tierra cordobesa. No en balde estuve dando la lata a mis amigos durante más de un mes para organizar la salida. Y tras unos cuantos dimes y diretes, al final acabamos saliendo a rodar el domingo, en mi caso con unas breves horas de sueño tras la boda de Lourdes.

Quedamos a las 10:00h cinco BartoCalvos: Javi Aljama, Ángel, Mané, Inma (que se nos uniría más tarde, junto al Club de Golf) y yo. Salimos desde el Vial Norte. Era la primera vez en tres años largos que salía a rodar con Ángel, y eso ya era también algo digno de celebrar. Y con nueva montura: una excelente Ghost que le compró a Paco Herrera, en un estado excelente, y con muy poco uso. Javi vino -tarde, como suele- también con su nueva Slash de carbono. Un gran día.

Empezamos a rodar a eso de las 10:25h. Salimos de Córdoba por el Puente Romano del arroyo Pedroche, y subimos por la senda del Camino Mozárabe hasta la Carrera del Caballo. Ángel iba avisando de que estaba desentrenado, pero no paraba de tirar, como en los viejos tiempos. Yo, por mi parte, me encontraba mucho mejor de lo que esperaba con la Ghost, habida cuenta de la juega y las pocas horas de sueño, y el estar ahora más acostumbrado a rodar distancias cortas con la plegable. Pero no iba mal la cosa, nada mal.

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Subimos la Loma de los Escalones, a un ritmo relajado, pero sin pausa. En mi caso, me sentía cómodo rodando, y el entusiasmo por encontrar por paisajes largamente añorados me ayudaba a disfrutar de cada pedalada. Así, poco a poco Javi y yo nos fuimos separando, para acabar llegando destacados a Doña Enriqueta. Allí, reconstruido el grupo, volvimos a seguir con el ascenso, siempre por el trazado del Camino, hasta llegar a Arrastraculos. Nuevo reto. Y de nuevo, superado con éxito, con mi segundo mejor tiempo histórico de esa pared. Si es que cuando digo que me encontraba cómodo, no es por decir.

Pero se nos estaba haciendo tarde. Habíamos quedado con Inma a las 12:30h en el Club de Golf, rondábamos ya el mediodía, y aún no habíamos llegado a Cerro Muriano. Bajamos a toda velocidad, y allí Ángel decidió seguir hacia el Club de Golf por carretera, y Mané, Javi y yo nos quedamos para hacer un pequeño tentempié.

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Tras la breve parada seguimos los pasos de Ángel, y empezamos el ascenso al Club de Golf por carretera. La idea era llegar cuanto antes, para luego, si había ganas, seguir por la Pasada del Pino hasta Las Jaras. Pero por lo que estaba pudiendo ver, iba a ser demasiado para la burra. Se estaba haciendo tarde, y la gente no estaba aún en forma para una etapa con tanta exigencia.

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Al poco nos encontramos los cinco. Una buena subida por carretera, tras la que decidimos recortar un poco la etapa. Tomamos el GR-48 para ir al Lagar de la Cruz. Disfrutamos de un buen tramo XC, en el que empezamos a ver nubes que amenazaban el final de etapa.

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Una vez en el Lagar, hicimos una parada para tomar unas buenas cervezas, disfrutadas en mejor compañía, y decidimos dar por finalizada la etapa, ya que el día se estaba poniendo bien feo, y era ya bastante tarde.

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Ángel, merced al estado un tanto precario de sus frenos, decidió bajar a Córdoba por carretera. Inma estaba al lado de casa, y Javi, Mané y yo nos decidimos por Los Morales, pero haciendo la King-Kong, recientemente abierta. Dicho y hecho, según bajábamos, empezó a chispearnos, pero no era nada que no pudiéramos afrontar. Bajamos el primer tramo de Los Morales, y luego enfilamos para la King-Kong. Y lo que Javi nos había contado de ella no era -ni mucho menos- una exageración. Un tramo salvaje, abierto a puro huevo, y con un estremecedor salto de 2 metros precedido por un palé. Espectacular.

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El resto de la bajada tampoco desmerecía. Terreno virgen, recién abierto, con mucha tierra suelta y algún que otro susto. Pero sumamente divertido. Acabamos saliendo de nuevo a Los Morales, y terminamos de bajar por Sansueña. Allí Mané y yo nos separamos de Javi, y volvimos a la Asomadilla. Una etapa algo más breve de lo que me hubiera gustado, pero de la que disfruté cada segundo. ¡Gracias a los que la hicieron posible!

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 35’932 km
  • Distancia (según el GPS): 35’8 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 54m 23s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 16m 2s
  • Velocidad media: 12’3 km/h
  • Velocidad máxima: 55’4 km/h
  • Pulsaciones medias: 139 pulsaciones/min
  • Pulsaciones máximas: 180 pulsaciones/min
  • Consumo medio de calorías:1802 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: S/D kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: S/D
  • Consumo total de calorías: S/D kcal
  • Índice IBP de dificultad: 84 BYC
Elapsed Time Moving Time Distance Average Speed Max Speed Elevation Gain
04:16:02 02:54:23 35.84 12.33 55.44 756.30
hours hours km km/h km/h meters
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09 ene 16 Camino Mozárabe: Etapa 1: Córdoba – Villaharta (23/III/2013)

Esta entrada es la parte 2 de 5 de la serie Camino de Santiago 2013

Iniciamos nuestra andadura pasadas las 8:15h del sábado 23 de marzo. Como nos habíamos estado temiendo, la mañana no iba a acompañar. Las previsiones eran de lluvias intermitentes a lo largo de toda la jornada, y a la salida de la Asomadilla el cielo estaba completamente cubierto, pero aún no había roto a llover.

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Atravesamos el Parque de la Asomadilla para llegar a la Fuente de la Salud. Desde allí, cruzamos el Polígono de Chinales para dirigirnos en dirección al Puente Romano del Arroyo Pedroche, que no llegamos a cruzar. En su lugar, tomamos el viejo trazado de la N-432, convertido hoy en día en una pista terriza. De manera pausada fuimos ascendiendo hasta llegar al paso inferior con el nuevo trazado de la N-432. Seguimos ascendiendo hacia la Carrera del Caballo, donde se impuso tomar una decisión: ¿subiríamos por la Loma de los Escalones, o por la vieja carretera? Por una vez, la cordura se impuso, y descartamos subir por la Loma. Las lluvias la habrían dejado empapada, haciendo que la roca caliza que la compone estuviera peligrosamente resbaladiza, cosa que no es plato de buen gusto, especiamente cuando vas lastrado con alforjas. Alforjas que tampoco invitaban, precisamente, a tomar la Loma con mucha alegría. Así que desde la Carrera del Caballo volvimos al viejo trazado de la N-432, y nos disposimos a subir hasta Cerro Muriano por asfalto.

Llevaba desde que habíamos salido de casa con la molesta sensación de estar olvidando algo. Y ya lo creo que olvidaba algo. ¡Me había dejado en la mesa del salón mi credencial de peregrino! Una rápida comprobación de la bolsa de documentos lo confirmó, así que no nos quedó más opción que llamar a casa, y pedirle a mi hermana Helena que nos hiciera el favor de alcanzarnos en coche y traerme la credencial. A esas alturas llevábamos ya casi 1 hora de etapa, y desandar el camino no era una opción, si queríamos llegar a una hora decente a nuestro destino. Pero no era solamente eso. Había algo más que olvidaba, y que no conseguía recordar.

Continuamos subiendo en dirección a Cerro Muriano. El tiempo empeoraba a ojos vista. Se había levantado un viento húmedo que no era sino presagio del inminente chaparrón que nos esperaba. Al cabo de media hora nos alcanzó mi hermana, haciéndome entrega de la credencial. Justo después empezó a llover, cuando aún no habíamos llegado a la altura de Villa Enriqueta. Una lluvia casi torrencial en algunos momentos, pero no nos quedaba otra que seguir, ya que en ese tramo del recorrido no había donde guarecerse. En la subida empecé a experimentar algunos saltos en la cadena. Pero como era nueva, en un nuevo casette, tampoco le presté demasiada atención. Cuestión -imaginaba- de rodar un poco para que se acomodara del todo. No era la primera vez que pasaba.

Pasada Villa Enriqueta el tiempo empezó a mejorar, convirtiéndose la lluvia, poco a poco, en una llovizna que cesó totalmente al llegar a Cerro Muriano. Hicimos allí, a la entrada, una parada para tomar el segundo desayuno del día y conseguir el primer sello de la jornada. Eran las 10:30h. Retomamos la marcha tras una media hora, atravesando Cerro Muriano, y continuando por el tramo viejo de la N-432 junto a la base militar, la Estación de Obejo, hasta llegar al nudo que une el viejo trazado con el nuevo. A partir de ahí, la idea era tomar la senda que transcurre entre el tramo abandonado de la N-432 y el viejo ferrocarril de Almorchón, y que a tramos se confunde con éstos. Sin embargo, la cosa no iba a ser tan sencilla. Las lluvias de las últimas jornadas, junto con las del día en curso habían convertido la zona en una sucesión de torrenteras, arroyuelos desbordados y balsas de agua, que hacían el rodar enormemente penoso, y hacían rezongar a mi padre, que apostaba por seguir por la N-432.

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Pese a todo, conseguí salirme con la mía, y recorrimos este tramo entre Cerro Muriano y El Vacar por la vieja senda, si bien tomando más de lo que hubiera querido la vieja vía -que hacía el rodar enormemente penoso por las traviesas- y la carretera abandonada. Nos tomó prácticamente una hora y cuarto llegar hasta El Vacar. Y de nuevo, la lluvia hizo acto de presencia a la salida de Cerro Muriano, para interrumpirse al llegar a El Vacar. Habíamos pasado ya mediodía, y tras una breve pausa para un nuevo sello y un refrigerio, seguimos en dirección a Villaharta. Cómo no, con lluvia de nuevo. Y todavía con algunos molestos saltos en la cadena.

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Esta vez optamos por seguir por el viejo trazado de la N-432 hasta el cruce de Villaharta. Lo errático del tiempo no invitaba a tomar la senda que en paralelo a la vieja carretera coincidía con las marcas del Camino. Llegamos a la bajada de tierra que lleva a Villaharta, pasado por la Fuente de Los Malos Pasos, para seguir por carretera. Una decisión de la que mas tarde nos lamentaríamos.

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No mucho después pudimos contemplar la primera vista de Villaharta desde la carretera. Se alzaba en una estribación de Sierra Morena, hermoso en su blancura en contraste con el verdor de la Sierra en primavera. Pero eso significaba que íbamos a terminar la jornada en ascenso. Y vaya ascenso: desde los 492 metros de altitud del cruce de Villharta hasta el mismísimo pueblo, a 575, en apenas kilómetro y medio, con rampas del 11%, tras casi 40 kms. de etapa, y con el lastre de las alforjas. Iba a ser divertido.

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Y sobre todo, cuestión de tomárselo con calma. Culminamos el ascenso al filo de la una y cuarto de la tarde, al llegar al centro cívico del pueblo. Sin embargo, allí no nos esperaban buenas noticias. El Bar Mirasierra, indicado como sitio de atención al peregrino, se encontraba cerrado, y en el centro cívico no supieron darnos razón de algún albergue u hotel donde poder descansar. Por suerte, en la Casa del Pueblo sí que nos indicaron que junto al cruce de la N-432 se encontraban los Pabellones de San Isidro, que funcionaban tanto de albergue rural como de albergue de peregrinos. Justo al lado de la Fuente de los Malos Pasos, por la que habiamos evitado pasar al seguir por carretera. Así que nos tocó volver a bajar hasta el cruce.

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Allí encontramos acomodo para pasar la noche, en una agradable estancia que comprendía dos dormitorios, salón, cocina integrada y cuarto de baño.

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Nos libramos del lastre y fuimos a almorzar a un cercano polígono industrial. La comida no era mala, pero el hambre la hizo aún mejor. También compramos algunos bocadillos y algo de beber para la cena, y volvimos a los Pabellones, no sin parar a echarnos una primera foto en un crucero de granito.

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Posteriormente visitamos la Fuente de los Malos Pasos, aunque hay que admitir que el agua no nos lo puso fácil.

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Aprovechamos el resto de la tarde para hacer la limpieza del día. La noche fue algo movida por culpa -una vez más- de la lluvia. Pero de una manera que no hubiera podido imaginar. Teníamos una estufa de leña como calefacción, pero la única leña de la que disponíamos se había mojado con las lluvias, con lo que fue terriblemente penoso encenderla y mantenerla encendida. Más parecía que ahumábamos la habitación que otra cosa. Y aunque nos lo tomábamos a broma, mi padre estaba seriamente preocupado por sufrir una intoxicación por monóxido de carbono esa noche. Que fue fría y larga como pocas, entre el poco tirar de la estufa, el frío, el humo y -pese a lo que él diga- los ronquidos de mi padre. Y es que la otra cosa que había olvidado eran mis tapones de los oídos.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: 40’125 km
  • Distancia (según el GPS): 40,4 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 39m 14s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 51m 19s
  • Velocidad media: 11 km/h
  • Velocidad máxima: 55’7 km/h
  • Índice IBP de dificultad: 40 BYC

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30 abr 13 Etapa ciclista: Loma de los Escalones – Cerro Muriano – Torreárboles (07/04/2013)

El domingo 7 de abril realicé mi primera salida en Córdoba tras las etapas realizadas por el Camino Mozárabe. Después de varias semanas, por fin volvía a salir en una etapa de montaña en condiciones, y el objetivo marcado era muy especial: subir a Torreárboles, la cota más alta de Sierra Morena en las inmediaciones de Córdoba. Así que con ese objetivo partimos pasadas las 9:00h Mané, Antonio y yo.

Cruzamos el parque de la Asomadilla y ascendimos por el Barrio Naranjo. A continuación tomamos el antiguo trazado del ferrocarril de Almorchón, y cruzamos el arroyo Pedroche por el Puente de Hierro, que se encontraba perfecto para la ocasión: húmedo y resbaladizo.

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Tras cruzar -a pie- el Puente de Hierro, nos encaminamos hacia la Carrera del Caballo. Cruzamos la N-432, y por carretera subimos hasta la Virgen de Linares. Y desde allí, afrontamos la subida de la Loma de los Escalones. Dura, como siempre, pero en la que me sorprendí afrontando bastante bien -mejor que nunca, de hecho- los primeros tramos de roca viva.

Subimos sin mucha novedad, pese a lo húmedo de la caliza, la Loma. A continuación seguimos ascendiendo por el Camino, para desembocar en la subida de Arrastraculos, que hicimos también sin poner pie en tierra. Estaba siendo una mañana memorable. Desde lo alto de Arrastraculos descendimos a toda velocidad hasta Cerro Muriano, donde hicimos una parada para tomar un desayuno.

Una vez terminada la pausa, nos encaminamos hacia nuestro verdadero objetivo: Torreárboles. Volvimos sobre nuestros pasos, siguiendo las marcas del GR-48, hasta llegar a las inmediaciones de la cuesta de Arrastraculos. Desde allí seguimos las marcas, hasta que las perdimos, justo ante una cancela que obstaculizaba el paso por un camino. Bordeamos la cerca, y seguimos por la pista que transcurría a los pies de Torreárboles, rodeando el cerro. Unos 1500 metros después de la cancela, y tras hacer realizado un pequeño descenso, llegamos a una intersección del camino. Tomamos el camino de la derecha, que en una brutal subida de algo menos de 500 metros, con rampas del 15’9% nos llevó a una valla, donde volvimos a encontrar las marcas blancas y rojas del GR-48.

Dado que habíamos rodeado el cerro, y que habíamos perdido las marcas, decidimos subir por el sendero que bordeaba la verja, y en el que vimos la marca del GR, hasta lo alto de Torreárboles. Fue una subida criminal, en la que ya no sólo no fuimos capaces de ir sobre la bici, sino que en la mayoría de los tramos apenas éramos capaces de tirar de ella en la subida. Fueron 400 metros de locura, hasta coronar Torreárboles. Eran las 12:15h.

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Nos quedamos un rato contemplando las vistas, y cuando íbamos a realizar el descenso, nos encontramos con una pareja de la Guardia Civil. Les preguntamos acerca del camino, para resolver dudas de si habíamos ascendido por el sitio correcto, y nos comentaron -cosa que ya conocíamos- que había problemas de paso con el dueño de una finca colindante. De hecho, ellos se encontraban allí para hacer seguimiento de una excursión del grupo A Desalambrar, a los que, en efecto, vimos realizando la ascensión. Amablemente, nos comentaron que la bajada señalizada transcurría pegada a la cerca. En efecto, justo antes de la verja que anteriormente habíamos visto me había parecido observar que había un sendero que ascendía junto a la valla, pero lo había descartado, al parecerme demasiado abrupto.

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Así pues, tomamos el camino de descenso, pasando junto a las antenas de telecomunicaciones. El sendero era estrecho y a tramos peligroso, con saltos grandes sobre piedra viva, pero la mayoría del tiempo podía realizarse bien en descenso. Sin mucha novedad llegamos hasta la cerca anterior, y desde allí nos dirigimos a la ermita de Nª Sª de los Pinares. Se nos había hecho tarde para subir Los Villares, por lo que optamos por volver a Córdoba por la vía rápida: Morning Star y Loma de los Escalones.

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Bajamos a un ritmo razonable -más tranquilo en mi caso- el Morning Star, con Mané y Antonio a la cabeza. Pese a bajar más relajado, aun así acabé con la manos llenas de arañazos (¡y eso que llevaba guantes largos!). Posteriormente salimos al tramo antiguo de la N-432, y desde allí ascendimos hasta la curva del Frenazo. A esas alturas de la jornada llevábamos una palicilla considerable, así que bajamos sin muchos trámites la Loma de los Escalones. Posteriormente, tomamos la carretera hasta llegar a la Carrera del Caballo, y descendimos hasta el club Asland por el tramo abandonado de la N-432. Junto al club nos despedimos de Antonio, que volvía a su casa por la Joroba de Asland y el Vial Norte, mientras que Mané y yo nos dirigimos a la Asomadilla, enlazando a través de la obra abandonada de la Ronda Norte. Por último, cruzamos el parque de la Asomadilla, para llegar a nuestras casas al filo de las 14:00h. Me había notado en un estado de forma excelente, y como en un momento dado le dije a Mané, tras el Camino, notaba que me faltaban kilómetros por hacer. :D

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia: S/D
  • Distancia (según el GPS): 34’948 km.
  • Tiempo de etapa: 3h 45m 03s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 41m 25s
  • Velocidad media: 9’317 km/h
  • Velocidad máxima: 43’2 km/h
  • Pulsaciones medias: 143 pulsaciones/min
  • Pulsaciones máximas: 185 pulsaciones/min
  • Consumo medio de calorías: S/D
  • Consumo máximo de calorías: S/D
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: S/D
  • Consumo total de calorías: 3985 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 100B MTB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Loma de los Escalones – Cerro Muriano – Torreárboles

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18 feb 12 Etapa ciclista: Córdoba – El Vacar (12/02/2012)

El domingo 12 de febrero realicé una de las etapas más brutales de las que he hecho hasta el momento. Hay que admitir que no se trata de la más dura en cuanto al recorrido de las que hasta ahora haya disputado, sino ,por la combinación de recorrido, distancia, perfil ym sobre todo, climatología.

Durante la semana anterior habíamos estado el grupo de amigos de Córdoba disparatando sobre recorridos brutales para hacer con la bici en ese fin de semana, y finalmente habíamos consensuado un recorrido al que denominamos “Brutal2″: Loma de los Escalones – Cuesta de Arrastraculos – Cerro Muriano – El Vacar – Cerro Muriano – Torreárboles – Los Postes – Meseta Blanca – Trialera. Un disparate largo, duro y, como su nombre indicaba, brutal. Una etapa que nos iba a obligar, dado su kilometroaje, a salir bien tempranito en la mañana. Con lo que no contábamos es que íbamos a salir en el que probablemente fuera el día más duro de lo que llevábamos de invierno.

Así pues, recogí bártulos de Málaga y regresé a Córdoba la víspera de la etapa, dispuesto a realizar la etapa brutal. Por suerte para mí, seguía teniendo en Córdoba mi ligera Fuji. Cuando llegamos, tentado estuve de reemplazar la cubierta Small Block Eight de 2.1” trasera por la veterana Larsen TT de 1.9”. Pero teniendo en cuenta que la bajada de los postes era parte del recorrido, opté por conservar una cubierta con algo más de superficie. Si hubiera sabido lo que acabaría pasando, habría optado sin dudarlo por la Larsen.

Habíamos quedado para comenzar la etapa a las 8:30h del domingo. Cuando asomé la cara a la calle, un poco antes de la hora fijada, tuve una indudable confirmación de que la etapa iba a ser sumamente dura. Se me helaron hasta las ideas. El termómetro de la bici indicaba -1.5ºC. Y aún estábamos en la ciudad. Poco a poco fueron apareciendo Marcos, Ángel y Mané. Auténticos héroes. Pero el más heroico de todos, a esa hora de la mañana, fue Javi Aljama, que había bajado todo el Brillante hasta el punto de encuentro. Teniendo en cuenta la velocidad de bajada y la temperatura en la Sierra, la sensación térmica de que tuvo que sufrir en la bajada era de -18ºC.

Merced a un pinchazo de Mané, acabamos empezando la etapa al filo de las 9:00h. Nada más salir realizamos la primera variación sobre el recorrido previsto: para enlazar con la Loma descartamos subir desde el puente romano del arroyo Pedroche, sino que optamos por cruzar el barrio Naranjo, bajar hasta Puente de Hierro, y subir por la trialera. Una mala decisión. Nada más entrar en la trialera, la temperatura descendió hasta los -3ºC, y a medida que íbamos remontando el arroyo, la temperatura seguía bajando. Pasamos la fuente de la Trinidad, que se encontraba helada, y seguimos subiendo, y la temperatura cayendo. Llegamos a alcanzar los -5.6ºC. Ángel y yo nos encontrábamos razonablemente bien, ya que ambos llevábamos guantes de invierno -de neopreno, en mi caso- que nos hacían soportar el frío en las manos bastante bien. Pero Marcos, Javi y Mané, pese a llevar guantes largos, eran guantes convencionales. Ellos llegaron a sufrir rigidez en los dedos, lo que les imposibilitaba accionar las manetas de freno. Para nuestro horror, pronto descubrimos que el agua de los camelback se nos había congelado en el tubo. Y es que a esas alturas hacía una temperatura más agradable en el interior de nuestras neveras.

Paramos un momento al llegar a la pista de la cantera, para entrar un poco en calor al sol. Llegamos Ángel, Javi, Marcos y yo. Pero Mané no aparecía. Marcos se dio la vuelta, y se lo encontró sentado en una piedra, aterido de frío, y con la braga protectora cubierta de escarcha, de su propio vaho. Le había dado un bajón en la subida, y se había tenido que sentar mareado. Cuando se unió a nosotros, vino con la intención de darse la vuelta. Y es que, para entrar en calor en la trialera, habíamos marcado un ritmo intenso, lo que le había provocado un choque térmico.

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Pese a todo, tras unos veinte minutos de descanso, en el que subimos hasta la maravillosa temperatura de -1.5ºC, Mané decidió continuar con nosotros. Subimos a ritmo tranquilo la pista de la cantera hasta la carretera, y atravesamos la urbanización Torreblanca. Posteriormente tomamos el Camino de Santiago, y empezamos, sin muchos más trámites, el ascenso de la Loma de los Escalones. Como hito llamativo personal, es la primera vez que conseguí realizar todo el tramo justamente anterior a la Virgen de Linares sin poner pie en tierra en ningún momento, incluyendo el pequeño cortado que hay justo antes del descenso.

No dejamos de constatar que el número de gente que nos encontrábamos era bastante más menguado que el habitual en cualquier otro domingo. Y es el que el frío estaba haciendo estragos. Iniciamos la subida a las 10:00h, y tardamos 37 minutos en subir hasta la curva del Frenazo. Contra lo habitual en otras ocasiones, no realizamos prácticamente parada alguna en ningún tramo. Y es que Ángel y Mané optaron por no interrumpir la marcha, y seguir con el ritmo que se habían conseguido marcar.

Apenas nos detuvimos, igualmente, en la curva, y atacamos la subida sin mayor dilación. Arrastraculos nos estaba esperando. Subimos todo el rato por el Camino Mozárabe, y tampoco Arrastraculos se nos resistió. Así llegamos a la primera cota de la etapa, en la que -de nuevo- tampoco nos detuvimos, ansiosos como estábamos de llegar al Muriano y meternos algo caliente entre pecho y espalda. Entramos en Cerro Muriano a las 11:00h, y paramos en el bar de la entrada del pueblo a comernos unas tostadas con unos cola-caos bien calientes. Y es que aunque Marcos y yo preferíamos ir a la churrería del final de la barriada, hay que admitir que allí hubiéramos tenido que estar a la sombra, y en ese bar podíamos estar sentados ricamente al sol. Algo que, la verdad, nos hacía bastante falta. Nos demoramos tres cuartos de hora, desayunando tranquilamente y entrando en calor, algo a lo que -en el caso de Ángel, Mané y yo- ayudaron sendas copas de Machaquito Seco bidestilado. 55º alcohólicos que compensaban los -5.6ºC que habíamos tenido que sufrir. Y que nos acompañarían, regusto anisado mediante, el resto de la etapa. :mrgreen:

Como decía, reanudamos la etapa a las 10:45h. De ahí en adelante teníamos 14 kilómetros de pedaleo hasta llegar a la siguiente parada del día: El Vacar y su castillo. Aunque el terreno era desconocido para nosotros, lo teníamos fácil para llegar. Se trataba tan sólo de seguir las fechas amarillas del Camino Mozárabe y los postes blancos y rojos del GR-48 (he de hacer constar que mi querencia por este apasionante recorrido me está ya causando ser objeto de algunas bromas por parte de mis amigos; pese a todo os quiero igual, malditos. :D )

Nada más salir del Muriano nos encontramos con una sorpresa: lo que teóricamente tendría que ser una senda paralela a la carretera, había sido convertido en todo un carril bici que llevaba más allá de la base militar. Y de color verde. :P Esta sorpresa nos permitió rodar de manera bastante cómoda en ese rato, pero hay que admitir que resultaba un tanto aburrida.

Poco después de la base, a la altura de la estación de Obejo, acabó el carril-bici. Desde allí encontramos lo que habíamos esperado: senda. Y como hacía el GR-48 en la zona de Los Villares, corría paralela a la carretera, realizando abundantes subidas y bajadas. Al menos hay que admitir que eran menos intensas que en Los Villares. En una de ellas tuve el percance del día: un arroyo había excavado un profundo tajo en el camino, que no obstante, se podía cruzar sin excesivos inconvenientes… salvo que, como en mi caso, te desviaras un par de centímetros de más a la izquierda: bloqueé la rueda en la bajada, y salí despedido sobre el manillar contra el talud. Por suerte, pude amortiguar la caída con los brazos, y me evité sufrir un golpe seco como en la Cañada de la Barca (cuyas consecuencias aún estoy sufriendo). Aun así, a decir de Mané, que iba detrás mía, la caída fue peligrosa.

En fin, sin mayor percance, volvimos a rodar. Pasados estos tramos de subidas y bajadas por bosque mediterráneo, salimos a un tramo de dehesa más abierto, y más amigable para rodar. O lo hubera sido si no hubiéramos encontrado algunas zonas embarradas, que nos dieron algún que otro susto. Lo que seguía impresionándonos es que, a esas alturas del día (pasaba ya del mediodía), siguiéramos encontrándonos charcos congelados. Sería una tónica de todo el día.

Llegamos a El Vacar a las 12:45h. Cruzamos rápidamente la aldea, y avanzamos hasta las estribaciones del castillo. Y es que no íbamos a llegar hasta allí, y luego no subir -qué menos- hasta la fortaleza de Mano de Hierro. Al menos, eso es lo que yo pensaba. Pero cuando llegamos hasta allí, Mané, que seguía con el cuerpo descompuesto desde la trialera, y Ángel, que en un alarde de osadía estaba haciendo la etapa con su bicicletón de descenso, dijeron que allí se plantaban, y que ellos se iban de birras a El Vacar.

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Así pues, sólo Javi, Marcos y yo realizamos la subida al castillo. Y es que como bien dijo Javi, cuando sugerí que si no íbamos al castillo siempre sería una excusa para volver, iba a subir al castillo con tal de no tener que volver nunca hasta ahí. La subida no tuvo nada de especial. Fueron apenas 300 metros desde la zona en la que nos habíamos detenido, y nos proporcionó una excepcional visita al castillo.

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…así como unas inmejorables vistas de la zona (y del dedo de Marcos):

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Así como un buen rato de palique:

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…hecho lo cual, rodeamos completamente el castillo, y emprendimos la vuelta a El Vacar, decididos a no hacer esperar excesivamente a nuestros amigos. Y es que pese a lo avanzado del día, la temperatura seguía siendo bastante fría: 12ºC. Aunque la verdad sea dicha: a esas alturas quien más quien menos de nosotros tenía casi calor después de lo pasado.

Llegamos poco después a El Vacar, donde encontramos rápidamente a Ángel y Mané, que ya habían dado buena cuenta de una ronda de cervezas. No nos quedó menos que unirnos a la fiesta.

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Dimos por finalizada la escala técnica a las 13:30h. Era ya sumamente tarde y aún teníamos que volver hasta el Muriano, realizar la subida a Torreárboles y la bajada de los Postes. Al menos, esa era la teoría. Teoría que estaba claro a esas alturas que difícilmente íbamos a cumplir. Viendo el percal, decidimos parar a comer en Cerro Muriano, y ver qué plan adoptar a partir de entonces. La vuelta fue bastante más rápida que la ida, ya que la tendencia general del tramo era en subida hacia El Vacar. Tanto fue así que tardamos apenas 50 minutos en realizar la vuelta, frente a la hora y media que habíamos empleado en la ida. Y seguíamos encontrándonos, casi a las dos de la tarde, charcos congelados:

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Tan rápido volvimos, que Marcos y yo aprovechamos la parte del carril-bici para hacer relevos a toda velocidad. Demasiada velocidad: los de las rígidas dejamos atrás a los de las dobles en un abrir y cerrar de ojos. Reagrupados a la entrada del Muriano, volvimos al mismo bar de la ida. El menú cambió un poco con respecto a la ida: flamenquín con patatas y dos huevos fritos, que cayeron en un visto y no visto.

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Allí decidimos, por lo avanzado del día y por el mal cuerpo que tenía Mané (del frío ni siquiera se quitó el casco durante la comida) recortar la etapa. Tuvimos una pequeña discusión acerca del mejor camino de vuelta (carretera hasta los Villares, y desde allí bajada por el 14%, salvo Javi que enlazaría con las Ermitas; o bien Loma de los Escalones y trialera), en la que finalmente decidimos bajar por la Loma, la opción preferida por Mané.

Eran las 15:30h cuando emprendimos la última fase de la etapa. Salimos del Muriano -por vez primera- por carretera, y realizamos íntegramente por ella la bajada hasta la curva del Frenazo. Fue en este tramo donde alcanzamos la punta de velocidad del día (60’9 km/h en mi caso, sin dar pedales). Desde allí tomamos la pista hasta la Loma, y realizamos la bajada. Una bajada sin gran novedad, salvo el comprobar de nuevo cómo de diferente es realizar esa bajada con una rígida frente a una doble. Y es que ya estaba empezando a olvidarlo. ^_^u

Una vez en Linares, la vuelta la hicimos por carretera hasta Torreblanca. Allí desandamos el camino hecho a la ida, y bajamos por la trialera hasta el Puente de Hierro. Nos despedimos de Javi junto al castillo del Maimón, ya que él optó por dirigirse a su casa enlazando por la parte alta de la calle San José de Calasanz. Nosotros, por nuestra parte, cruzamos el Naranjo, y salimos a casa por el Parque de la Asomadillo. Allí Mané y yo nos separamos de Marcos y Ángel, que emprendieron el descenso a sus casas. Mané y yo llegamos a las nuestras a las 16:35h. Tras más de siete horas y media de durísima etapa. Pese a haberla recortado sustancialmente. Y es que la etapa había finalmente no había sido la “Brutal2″ que habíamos planeado. Como dijimos medio en serio, medio en broma, se había quedado en “sólamente bruta.”

Los datos de la etapa están esta vez algo más menguados. Debido al enorme frío de la etapa, mi pulsómetro no funcionó adecuadamente, por lo que tan sólo tengo disponibles los datos de velocímetro y GPS, más la información de kilocalorías de Javi Aljama:

  • Distancia (según el velocímetro): 60’9 km.
  • Distancia (según el GPS): 59’133 km.
  • Tiempo de etapa: 4h 28m 42s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 7h 38m 7s
  • Velocidad media: 13’1 km/h
  • Velocidad máxima: 60’9 km/h
  • Pulsaciones medias: S/D
  • Pulsaciones máximas: S/D
  • Consumo medio de calorías: S/D/h
  • Consumo máximo de calorías: S/D
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: S/D
  • Consumo total de calorías: 6462 kcal
  • Índice IBP de dificultad: 95AB

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Córdoba – El Vacar

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01 dic 11 Etapa ciclista: Cerro Muriano – Lagar de la Cruz (27/11/2011)

El domingo 27 volvimos a salir a rodar nuestro grupo de amigos ciclistas de Córdoba. Teníamos por delante una previsión de etapa brutal: subir por la Loma de los Escalones y la Cuesta de Arrastraculos hasta Cerro Muriano, y posteriormente dirigirnos hasta el Castillo del Vacar por la Vía Mozárabe. Allí haríamos un alto, y realizaríamos la vuelta hasta Cerro Muriano, para tomar el GR-48, pasar por Torreárboles y el club de Golf, antes de bajar de nuevo a Córdoba por el 14%. Una etapa brutal, de unos 65 kms. de distancia.

Con ese fin habíamos quedado a las 8:00h Ángel y su hermana Inma, Mané, Carlos, Enrique, Javi Aljama, Javi Balaguer, Marcos y yo. Nueve valientes para una etapa excepcional. Pero por distintas razones a las 7:00h nos encontramos con que tan sólo cuatro íbamos a salir: Ángel, Marcos, Javi Aljama y yo. Y Ángel iba a salir en modo embrutecido: con su Specialized Big Hit de descenso adaptada para rodar, ya que la semana anterior había fisurado el cuadro de su Ghost. Total, que iba a salir a rodar con una montura que pasaba de los 16 kilos.

A las 8:00h de la mañana, cuando salí de casa camino de la de Ángel, teníamos una mañana despejada y helada: 7ºC, y aún teníamos que salir de la ciudad. Cuando llegué a casa de Ángel éste ya se encontraba allí, y con novedades interesantes: tres colegas de Marcos del club Los Califas venían con nosotros. Molaba porque íbamos a salir con unos pros, pero todo hacía presagiar que el destrozo que nos iban a hacer en la etapa iba a ser órdago. La mala noticia es que la tija telescópica (alias tijapija) que Ángel se había visto obligado a poner en su bici de descenso para tener una buena altura de pedaleo le estaba fallando, y no dejaba de bajarse sola. Un problema que a la larga nos iba a dar muchos problemas.

Salimos del McDonald’s del Brillante a las 8:15h, y nos encaminamos al Vial Norte, para salir de Córdoba por el puente romano sobre el arroyo Pedroche. A esas alturas la temperatura ya había bajado hasta los 5ºC. La única suerte es que no íbamos a tardar en empezar a subir. Dejamos la carretera y cruzamos sobre el canal. En vez de tomar el sendero marcado por flechas amarillas, a la derecha de la casa, giramos a la izquierda, y empezamos la subida avanzando por una pequeña vaguada arbolada junto a la N-432. Una subida más suave al principio, pero con una rampas bastante fastidiosas al final.

Poco después enlazamos con la pista convencional, y seguimos ascendiendo por la Vía Mozárabe. Pasamos junto a la Virgen de Linares, e iniciamos el ascenso por la Loma de los Escalones. Una subida brutal, como de costumbre, en la que los Califas empezaron a marcar un ritmo brutal. Intentamos no descolgarnos demasiado, pero el destrozo que empezaban a hacernos a Javi, Ángel y a mí empezaba a ser vergonzoso.

Una vez pasamos la cancela, Javi tuvo que hacer una parada por problemas con la cadena de su burra, que aproveché para respirar un poco. Continuamos con el ascenso, en mi caso dejando que Ángel marcara el ritmo para recuperar un tanto el resuello. Al llegar a la zona de las calizas, me desvié un tanto por la izquierda, y continué el ascenso en solitario, hasta que en la segunda cancela alcancé a los Califas, que nos estaban esperando.

Apenas paramos unos instantes, lo justo para que Ángel y Javi se reunieran con nosotros, y continuamos con la subida. Teníamos por delante los dos kilómetros de pista de las canteras. Dos kilómetros engañosos, en los que parece que no estás subiendo, cuando en realidad llega a tener rampas del 10% con grava. Y como no podía ser menos, nos volvimos a quedar algo atrás. Nos reagrupamos de nuevo en la curva del Frenazo. Ángel optó por no parar y continuar con el ascenso. Javi, los Califas y yo descansamos un rato, antes de seguir subiendo por carretera hasta la imagen de María Auxiliadora que marca la entrada de la Cuesta de Arrastraculos.

La subida por Arrastraculos fue, como no podía ser de otra manera, brutal, aunque conseguimos subir el tramo más duro como unos campeones. Sin muchos más trámites empezamos a bajar hacia el Muriano, cuando Ángel, cerca de la entrada de Villa Alicia, sufrió un reventón en su rueda trasera. En el ínterin, Ángel me confirmo que la tija no había dejado de hundirse, lo que le había dificultado sobremanera el ascenso. Una vez finalizado el arreglo, bajamos a Cerro Muriano, y nos unimos a Marcos, Javi y los demás, en una pausa que aprovechamos para hincharnos a jeringos en un bar.

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Eran las 10:30h, y llevábamos 17 kilómetros largos del recorrido. Teníamos por delante, al menos en teoría teníamos por delante 13 kms. antes de llegar a El Vacar. Sin embargo, Ángel nos confirmó lo que ya nos temíamos: con la tija en esas condiciones no iba a ser capaz de continuar la etapa en toda su extensión, y optaba por volverse. Los demás decidimos volvernos con él. Al fin y al cabo, ya habría otras ocasiones para ir a El Vacar.

De la misma manera, descartamos hacer la subida de Torreárboles. En su lugar, salimos del Muriano por camino en dirección a la antigua carretera de los Villares. Realizamos una bajada bastante divertida hasta la entrada del Cuartel, que fue grabada por Ricardo, uno de los Califas. Desde allí tomamos la carretera, e iniciamos el ascenso, sobre las 11:15h. En la subida se repitió la tónica de todo el día: los Califas por delante, y Javi, Ángel y yo a remolque. Posteriormente, los Califas y yo tomamos el GR-48 en las cercanías del club de Golf. Para no seguir con la tortura, Ángel y Javi siguieron subiendo por la carretera. Se ve que yo soy algo más masoquista. Al menos pude disfrutar bastante con la bajada hasta el cruce del 14%. Una bajada trepidante, pero en la que a punto estuvimos a punto de sufrir dos serios percances: en un cambio de rasante estuve a punto de salir despedido de la bici (perdí incluso un pedal en el aire), y Marcos reventó la rueda delantera, y estuvo en un tris de salir también despedido, si bien estuvo ágil como un gato para evitar el desastre.
Realizamos un nuevo cambio de cámara, y convencimos a Ángel de que no se bajara directamente a casa por el 14%, sino que viniera con nosotros al Lagar de la Cruz para que nos tomáramos unas bien merecidas cervezas. La verdad es que para ser una etapa abortada, estaba siendo bastante chula.

Era ya mediodía cuando enfilamos camino del Lagar de la Cruz. Se dejaba notar que estábamos en una zona más frecuentada por excursionistas, ya que el tránsito de gente, que hasta ese momento era bastante más limitado, empezó a crecer de manera desmesurada. Y así, entre pitos y flautas, llegamos al Lagar, donde nos relajamos tomándos unas cervezas bien frías al sol de noviembre. Una excelente manera de dar por finalizada la parte más difícil del día.

Reanudamos la etapa a las 12:45h. Aunque en principio íbamos a bajar por los Morales, finalmente realizamos el descenso por la carretera del Brillante. Un descenso bastante divertido, en el que no dimos ni una sola pedalada, limitándonos a dejarnos caer, aprovechar el rebufo de los demás, y adoptando posturas aerodinámicas al mejor estilo de Perico Delgado en los Pirineos.

Perico Delgado en los Pirineos

Perico Delgado en los Pirineos

Un descenso sumamente divertido, en el que nos fuimos pasando y repasando, entre curvas cerradas, con Córdoba al fondo. Una bajada en la que Marcos tenía las de perder, ya que llevaba una bici bastante más ligera que los demás; aun así, estuvimos todos en un puño hasta llegar a Huerta Los Arcos, donde dimos por finalizada la etapa a las 12:55h, tras 35 kms. de recorrido. Allí nos separamos los cuatro, ya que los otros tres Califas habían seguido su camino. Javi camino de su casa, y Marcos, Ángel y yo Brillante abajo, si bien yo me desvié por Sansueña poco después. Diez minutos después llegaba a casa, por una vez ¡y sin que sirviera de precedente! antes del horario previsto.

Los datos de la etapa son los siguientes:

  • Distancia (según el velocímetro): 39’88 km.
  • Distancia (según el GPS): 37’7 km.
  • Tiempo de etapa: 2h 42m 46s
  • Tiempo desde el inicio de la etapa: 4h 43m 09s
  • Velocidad media: 14’7 km/h
  • Velocidad máxima: 54’66 km/h
  • Pulsaciones medias: 138 pulsaciones/m
  • Pulsaciones máximas: 186
  • Consumo medio de calorías: 990 kcal/h
  • Consumo máximo de calorías: 1440 kcal/h
  • Tiempo en zonas de pulsaciones: 2h 23m 15s
  • Consumo total de calorías: 4528 kcal

Y aquí está el enlace al recorrido de la etapa: Cerro Muriano – Lagar de la Cruz

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