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“¿Estás seguro de que ESO es aleatorio?” “Ése es el problema con la aleatoriedad: nunca puedes estar seguro”
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05 feb 12 Camino de Santiago 2011: Introducción

Esta entrada es la parte 1 de 7 de la serie Camino de Santiago 2011

Camino de Santiago

En 2011, un año más, siguiendo la tradición empezada en 2005, volví a realizar el Camino de Santiago. En esta ocasión tenía algo de especial. Más que algo, una buena cantidad de cosas:

  • Íbamos a realizar un Camino que, estrictamente hablando, no se podía hacer: la Ruta del Mar de Arosa y Río Ulla, que sólo se puede hacer en barco.
  • Por vez primera íbamos a llegar a Santiago sin el mínimo de kilómetros para la Compostela. Pero eso, a estas alturas de nuestra experiencia jacobea, era casi lo de menos.
  • Para compensar lo anterior, íbamos a realizar, en realidad, dos Caminos en uno, ya que a partir de Santiago continuaríamos hasta Finisterre. Por vez primera, nuestro punto de destino estaba más allá de Santiago.
  • Y para terminar, ese iba a ser mi último Camino de Santiago, ya que, con esos dos, ya habría recorrido todos los Caminos de Santiago existentes en Galicia.

A lo largo de una serie de artículos, como viene siendo costumbre, iré relatando las vicisitudes de cada una de las etapas que realizamos, a saber:

  1. Pontevedra – Portonovo – Padrón: Comienzo del Camino, y etapa de enlace a pie hasta nuestro verdadero comienzo del Camino: el puerto de Portonovo, donde nos recogería una lancha -no en balde es el Camino Marítimo- que nos llevaría hasta Pontecesures, punto desde el que nos dirigiríamos a pie hasta Padrón.
  2. Padrón – Santiago de Compostela: Segunda y última etapa del Camino Marítimo. Llegada a Santiago, donde haríamos noche antes de emprender nuestro segundo Camino.
  3. Santiago de Compostela – Negreira: Primera etapa del Camino a Finisterre. Etapa pura de interior por la provincia de La Coruña
  4. Negreira – Olveiroa: Segunda etapa del Camino a Finisterre. Última de las etapas puras de interior.
  5. Olveiroa – Cee: Etapa con final en la costa, y antesala del Fin del Mundo.
  6. Cee – Finisterre: Final del Camino, en el Finis Terrae de los romanos. ¿Y final de nuestros Caminos

Espero que os gusten estas pequeñas crónicas de nuestro viaje.

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07 mar 09 Camino de la Costa: Etapa 6. Sobrado dos Monxes – Santiago de Compostela

Esta entrada es la parte 7 de 7 de la serie Camino de Santiago 2008

El último día de recorrido, 25 de Julio, Día de Santiago, amaneció con malos presagios. Mi padre, a consecuencia del enfriamiento del día anterior, había pasado muy mala noche, con un catarrazo de cuidado. A la mañana, gracias a unos antigripales y dopado de paracetamol, parecía encontrarse mejor. Pero el clima no iba, ni mucho menos, a ayudar. De nuevo el día se presentaba muy frío y lluvioso. Más que un día de verano, parecía un día de invierno en Córdoba. Decidimos no perder demasiado tiempo. Tomamos un “desayuno de campaña”, con los víveres de supermercado que habíamos comprado la tarde anterior, y nos hicimos pronto al camino.

Dado que no estaba la situación como para andarse con florituras, decidimos realizar una nueva variación en el recorrido. Optamos por tomar la conocida como “variante de O Pino”: recorrimos un dédalo de carreteras comarcales, que nos hicieron pasar por las aldeas de Corredoiras, Boimorto, dejar Orxal a nuestra izquierda, y Liñares/Pastor, para acabar saliendo de nuevo a la N-634.

Camino de Boimorto empezó a llovernos en serio, como no nos había caído agua en todo el Camino. Una de esas lluvias densas, con gotas gordas como cocos de La Habana, que casi hacían daño al caer. Y allí estábamos, en mitad de la nada, sin ningún sitio en el que guarecernos. Con la única opción de seguir adelante, aguantar el chaparrón, y esperar a que escampara. Y no lo digo de manera metafórica.

El zurreo de agua duró hasta Boimorto, pero no dejaría de caernos agua hasta llegar a Santiago. Incluso, de cuando en cuando, el recorrido se veía aderezado con nuevas excelencias meteorológicas. Pronto hizo aparición una niebla densa que, hasta entonces, había pensado que era algo incompatible con la lluvia. Pero se ve que Galicia siempre te guarda alguna sorpresa. Decidimos hacer, cerca de un recinto ferial, la primera parada del día.

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Tras un breve rato de descanso, por aquello de no enfriarnos, seguimos adelante por un bosque de eucaliptos. Con la humedad, provocada por la lluvia y la niebla, el olor a eucalipto era enloquecedor, de tal manera que parecía que estuviéramos rodando por un bote de Vicks VapoRub más que por un bosque gallego. “Al menos -le dije a mi padre- te vendrá bien para la congestión”. Nos echamos unas risas a cuenta de esto.

Aún continuamos unos cuantos kilómetros por carreteras secundarias, algunas de ellas en obras, antes de desembocar por última vez a la N-634. Ya no la abandonaríamos hasta Santiago. Pero por el camino, entre subidas y -sobre todo- bajadas, aún tuvimos tiempo de parar en un bar de carretera a meternos entre pecho y espalda algo caliente (“Té, café, caldo, un tazón de leche, lo que tenga”), para combatir el frío que, ayudado por el agua y un fastidioso viento en contra, nos calaba hasta los huesos.

De nuevo en marcha, tuvimos que superar un par de pequeños altos -apenas tachuelas- que al menos nos permitieron entrar en calor. Aunque lo que más reconfortaba eran los ánimos con que la gente, desde los coches y autobuses que se dirigían a Compostela para celebrar la fiesta, nos regalaban con cariño. Y bueno, es algo que no se olvida.

Así, poco a poco, nos íbamos aproximando a Santiago. No pasaría mucho tiempo antes de que llegáramos a las inmediaciones del aeropuerto de Santiago. Allí coincidimos con un padre y un hijo con un aspecto teutónico ciertamente imponentes, también ciclistas, que iban a Santiago, con el equipaje en unos curiosos carritos que llevaban a rastras de la bici. Estuvimos rodando un rato con ellos, juntos pero no revueltos. A esas alturas, entroncamos nuestro recorrido con el Camino Francés. Esa parte ya me resultaba conocida. No el balde la había recorrido el año anterior con Fran, si bien con un estado climatológico ciertamente diferente. Pero era ya terreno familiar, y eso, junto a la cercanía de Santiago, nos hizo casi volar. Y de repente, casi sin esperarlo, la vimos. Bajo la lluvia, con frío y viento. Ahí estaba. Habíamos llegado, o casi, a Santiago.

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La entrada a Santiago la hicimos por el recorrido canónico. Rodamos por la Avenida de los Concheiros, para tomar a continuación las calles de San Pedro y Casas Reales, para bajar, ya andando debido a la aglomeración de gente, por la Azabachería, para desembocar en la Plaza de la Inmaculada. Esta vez sí, habíamos llegado.

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Contra la costumbre, lo primero que hicimos fue entrar en el Seminario Mayor para formalizar la reserva, y soltar bicis y demás bagaje. Y no fue mala variación. Resulta impresionante el edificio del Seminario Mayor. Aunque mejor como lugar de visita que como albergue. No tardaría mucho en descubrir que dos noches durmiendo en las camas del Seminario iban a afectarme más en lo físico que seis días dando pedales desde Oviedo. Pero casi se le perdonaba por lo magnífico del emplazamiento. Casi.

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Siguiente tarea: dirigirse a la Oficina del Peregrino para obtener la Compostela. No había tanta gente como había temido, pero aun así la cola salía a la calle. Lo más divertido del asunto fue un curioso letrero, en varios idiomas, que reclamaban a la gente que esperara su turno. Pero como no estaba en todos los idiomas hablados por los peregrinos, éstos se habían decidido a complementarlo.

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Ducha, descanso y almuerzo y siesta. Tras toda una etapa de frío, lluvia y viento, bien merecía la pena remolonear un poco antes de ponerse a dar vueltas por Santiago. Especialmente por mi padre que, pese a su resfriado, había aguantado como un campeón. Por la tarde cumplimos con el Apóstol.

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Y colorín, colorado, el Camino, una vez más, se había acabado. Y con un día de adelanto.

Datos de la etapa:

  • Distancia (según cuentakilómetros): 62’143 km.
  • Tiempo empleado: 4:08:15
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03 mar 09 Camino de la Costa: Etapa 5. Villalba – Sobrado dos Monxes

Esta entrada es la parte 6 de 7 de la serie Camino de Santiago 2008

La penúltima etapa del Camino amaneció con un cielo gris plomizo. Tras un reconfortante desayuno en el restaurante donde habíamos cenado, retomamos la N-634, bordeando Villalba, en dirección a Baamonde, a unos 20 kilómetros de distancia. Aün antes de llegar al pequeño pueblo, la lluvia hizo su aparición en escena.

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Hicimos un pequeño descanso, esperando a que escampara, junto a la iglesia románica de Baamonde y al enorme roble que se alza junto a ella.

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Esperamos un rato junto a un bar, aún cerrado debido a la temprana hora de la mañana. Esperamos futilmente a que abrieran, para poder guarecernos mejor de la lluvia pero, al no acontecer lo primero, y no acabar de escampar, decidimos continuar con la etapa, rodando bajo la lluvia. Abandonamos Baamonde por la antigua N-VI, por la que continuaríamos hasta llegar hasta Guitiriz, población famosa por sus balnearios. Esto supuso una nueva variación sobre el recorrido previsto en el Camino, ya que las complicadas condiciones meteorológicas desaconsejaban ceñirse al recorrido previsto, por caminos y bosque cerrado.

Por la carretera compartimos durante unos kilómetros recorrido con una pareja de ciclistas que también estaban realizando el Camino. Tenían como objetivo llegar a Santiago ese mismo día. Teniendo en cuenta que no llevaban equipaje, no es descabellado pensar que lo consiguieran, ya que pensaban retomar la N-634, evitando el paso por el Sobrado.

En la entrada de Guitiriz, en un bar, nos volvimos a encontrar con los tres ciclistas suizos con los que ya nos habíamos encontrado en días anteriores. Volvía a cumplirse la máxima: siempre que nos los encontrábamos lo hacíamos bajo la lluvia. Apenas llegar al bar, donde disfrutamos de un reconfortante segundo desayuno, los suizos continuaron con la etapa. En el bar consultamos a los parroquianos el mejor camino para llegar al Sobrado; nos recomendaron tomar la carretera LU-2302, que pasaba junto al campo de fútbol, ya que era la que nos llevaba más directamente al Sobrado. Dicho y hecho, ya teníamos recorrido. Tras acabar con el desayuno, continuamos con la etapa.

El recorrido de la LU-2302 nos condujo a una de las zonas menos pobladas que habíamos visto hasta ahora. Lo normal en el agro gallego es encontrar una zona más o menos contínua de población dispersa. Sin embargo, apenas abandonamos Guitiriz nos encontramos en un terreno prácticamente sin otra presencia humana que la propia carretera. Al principio ésta era casi completamente plana, pero poco a poco, a medida que nos íbamos aproximando a la provincia de La Coruña, empezaba a picar en ascenso. Y, poco a poco, la temperatura iba descendiendo y el tiempo empeorando.

A la altura de la población de Negradas la carretera se convirtió en un verdadero ascenso, con algunas rampas muy duras, como bien nos advirtió un anciano que, desde su casa, nos contempló pasar. “Ahí hai unha boa costa”, nos dijo con una sonrisa. No le faltaba razón, al buen hombre. Que vino aderezada, por cierto, con lluvia. Y claro, como no podía ser menos, dimos alcance a los tres suizos, con los que coronamos el ascenso, que hice en primer lugar. Una vez nos reagrupamos, sacamos tiempo para echarnos unas fotos, pese al frío y la lluvia:

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Apenas eran las doce del mediodía, y estábamos a 15ºC.

Una vez superado el alto, afrontamos un suave descenso en dirección a Sobrado. No pasaría mucho tiempo antes de que abandonáramos, de manera definitiva, la provincia de Lugo. Casi como si anunciara que entrábamos en una nueva provincia, nos encontramos con un crucero a la vera del camino. La lluvia, el viento y el frío, sin embargo, seguían arreciando.

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Tras finalizar el descenso, volvimos a afrontar un camino con contínuas subidas y bajadas, que no dejaban adoptar un ritmo cómodo. Esta constante se mantuvo hasta que llegamos a la aldea de Cruces, donde la carretera que llevábamos se incorporó a otra de orden superior que, al cabo de unos pocos kilómetros, nos llevarían hasta el Sobrado dos Monxes, nuestro final de etapa. Una vez nos despedimos, de manera definitiva, de los suizos, entramos en el monasterio.

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El monasterio de Santa María de Sobrado es una joya desconocida del barroco gallego. Sufrió, como tantos otros bienes de la iglesia, la desamortización del Mendizábal, y, sobre todo, su venta a un desaprensivo que lo utilizó como cantera. Estuvo a punto de quedar destruido, en 1954 fue recuperado para la vida monástica. Hoy en día acoge a un grupo de monjes cistercienses, y es lugar de albergue para peregrinos, así como hotel de reposo.

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La sala donde se acoge a los peregrinos corresponde a las antiguas caballerizas del monasterio. Proporciona acceso al Claustro de Peregrinos, y a los jardines y huertas del monasterio.

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La tarde la empleamos visitando el monasterio, con sus dependencias, entre las que destaca la espectacular iglesia, donde se encuentra una magnífica maqueta de la catedral de Santiago.

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Posteriormente planificamos la etapa del día siguiente, Santiago. Decidimos realizar una nueva variación, yendo a Santiago pasando por Boimorto, para enlazar posteriormente con la N-634. Necesitábamos recortar la etapa, ya que, pese a que mi rodilla no me estaba molestando demasiado, mi padre estaba empezando a resfriarse, a resultas de la dura etapa que habíamos pasado desde el punto de vista meteorológico. A última hora de la tarde, antes de recogernos, tuvimos la oportunidad de asistir a Completas. Teníamos ante nosotros los últimos 60 kilómetros del Camino. Lo que no sabíamos es que no iban a ser precisamente fáciles.

Datos de la etapa:

  • Distancia (según cuentakilómetros): 56’565 km.
  • Tiempo empleado: 3:47:38
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25 ene 09 Camino de la Costa: Etapa 4. Ribadeo – Villalba

Esta entrada es la parte 5 de 7 de la serie Camino de Santiago 2008

La mañana de la cuarta etapa del Camino, primera en la que partíamos ya desde tierras gallegas, amaneció fría, nublada, y con amenaza de lluvia. Esta etapa la iniciamos con una importante variación en el recorrido. En vez de seguir estrictamente el Camino, continuamos bordeando la costa desde Ribadeo por la N-634, previa parada en una gasolinera para hacernos con un mapa de carreteras de Galicia, hasta Barreiros. Una vez allí, tomamos seguimos por la nacional en dirección a Mondoñedo. El trayecto por la carretera, en constante ascenso, fue bastante tranquilo hasta Vilanova de Lourenzá.

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Hicimos la primera para de la mañana en Lourenzá, junto al Monasterio de San Salvador, magnífica muestra del Barroco gallego, y en el que se puede visitar un conocido museo de Arte Sacro, y en la que destaca la preciosa iglesia de Santa María.

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Una vez finalizado el descanso, continuamos en dirección a Mondoñedo. Optamos por seguir por un viejo tramo de la N-634, evitando el nuevo trazado. No fue una mala decisión, ya que el trazado del tramo era mucho más cercano al recorrido señalizado del Camino.

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Por otro lado, proporcionaba un ascenso mucho más descansado hasta Mondoñedo, y nos permitió contemplar unas bellas vistas de Lourenzá.

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Sin embargo, la mañana estaba empezando a complicarse. La lluvia que llevaba amenazando desde la salida de Ribadeo, hizo acto de presencia, si bien es verdad que apenas en forma de una breve llovizna.

Tras recorrer los apenas 10 km. que separan Lourenzá de Mondoñedo, entramos en la bella ciudad de Mondoñedo, capital de una de las siete provincias históricas de Galicia, y co-sede del episcopado de Mondoñedo-Ferrol. Su importancia a lo largo de la Historia ha dejado huella en el entramado urbano de Mondoñedo y, pese a que actualmente no llega a los 5000 habitantes, es una hermosa población con un importante legado artístico.

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La siguiente parada, como no podía ser menos, la hicimos frente a la catedral, donde, en los soportales de la plaza, pudimos tomar un buen tentempié a base de café y tostadas; estas últimas, pese a ser de pan Bimbo, cayeron maravillosamente bien. Aproveché este rato para enviar un par de postales.

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Dado que la lluvia volvía a hacer acto de presencia, decidimos hacer una pequeña parada para visitar la catedral. Algo que fue, sin lugar a dudas, una decisión muy acertada. En la catedral, de un estilo gótico de transición con el románico, pudimos disfrutar de unos magníficos murales.

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También merece ser destacado el precioso rosetón que corona la entrada.

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Dado que seguía lloviendo de manera intermiente, seguimos postponiendo el momento de seguir el Camino. Aprovechamos para ver la Fuente Vieja, construida en la época de Carlos V.

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Posteriormente, y siguiendo la ruta cultural por la ciudad, contemplamos el imponente edificio del Seminario de Santa Catalina, del siglo XVI.

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Mediada la mañana, el tiempo empezó a mejorar bastante. El cielo se despejó, e incluso empezó a brillar un sol bastante fuerte, lo que nos permitió retomar el camino. Desde Mondoñedo, dado que el Camino transcurría por una vieja carretera cercana en su trazado a la Nacional, decidimos seguirlo, para evitar el tráfico pesado de la N-634. El Camino sale en ascenso del pueblo, y la carretera es una contínua sucesión de subidas y bajadas, algunas de ellas de fuerte pendiente.

Nada más salir de Mondoñedo pasamos por un alto en el que hay una casa que presentaba una curiosa hornacina, en la que en algún momento hubo una imagen. Ahora tan sólo queda la siguiente inscripción:

“El Ylmo. Sr. Obispo de Moñdo [Mondoñedo] concede cuarenta días de yndulgencias a los fieles que devotamente ante esta ymagen rezaren V.G. el Padrenuestro o el Credo. 2 de Enero de 1903″

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La carretera continuaba con contínuos ascensos y descensos hasta la aldea de Lousada, a unos siete kilómetros y medio, en los que prácticamente ninguna casa flanquea la carretera (salvo por la aldea de Sopena), algo bastante inaudito en el agro gallego. Pasado Lousada, hay que superar un duro ascenso hasta el Llano de la Aldea, donde se desemboca de nuevo en la Nacional. Justo antes de llegar a ésta hay una fuente de agua helada que hace las delicias de los caminantes.

De nuevo en la carretera, pronto llegamos al Alto da Xesta, que marca el inicio de un largo descenso que lleva prácticamente hasta Gontán, el pueblo donde teníamos previsto terminar esta etapa. Sin embargo, dado que aún era algo temprano para comer, decidimos continuar hasta el vecino pueblo de Abadín, que también cuenta con albergue de peregrinos.

Una vez allí, entramos en un bar de carretera, recomendado por unos obreros que realizaban reparaciones en la carretera, para comer. En efecto, disfrutamos de una magnífica comida. A la salida, dado que aún era bastante temprano, y que apenas teníamos 20 kilómetros de recorrido bastante asequible hasta Villalba, decidimos continuar la etapa.

En efecto, el recorrido hasta Villalba apenas presentó dificultades. El terreno era prácticamente plano, con apenas subidas y bajadas, e incluso la carretera, antes de llegar a Villalba, era una recta perfecta de unos 10 kilómetros. El Camino, en este trayecto, no discurre exactamente por la Nacional, sino por una pista cercana que va acercándose y separándose de la carretera. Decidimos continuar por ésta, si bien pudimos ver a un gran grupo de ciclistas que iban por el Camino. Pronto los volveríamos a encontrar.

El albergue de peregrinos de Villalba se encuentra justo a la entrada de esta población, en un polígono que está junto a la N-634. Es un edificio bastante moderno y con buenos servicios. Es gestionado por Protección Civil. Como hecho curioso puede citarse que ha sido el primer albergue del Camino, de todos los realizados, donde hemos pagado en vez de realizar el correspondiente donativo, con entrega de una entrada serigrafiada y todo. Todo esto viene de una normativa que publicó la Xunta en 2006, en la que, para evitar que los albergues fueran invadidos por turistas que no estuvieran realizando el Camino, decidió establecer un cobro de una pequeña cantidad, previa muestra de la credencial de peregrino.

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La tarde la empleamos en ajustar las bicis, lavar ropa, y reposar tranquilamente en el albergue. No mucho tiempo después llegó el grupo de ciclistas que habíamos visto con anterioridad. Cenamos con ellos en un restaurante cercano, en el polígono. Allí les recomendamos, dado que aún no tenían sitio donde parar en Santiago, que acudieran al Seminario Mayor, el sitio donde nosotros teníamos reservada habitación.

Recapitulando, habíamos realizado etapa y media en el mismo día. Ello implicaba que la etapa del día siguiente iba a ser demasiado corta, o que, por el contrario, tendríamos que volver a hacer etapa y media en la siguiente jornada. De acuerdo al perfil de la etapa, esto último parecía ser la opción ganadora. Sin embargo, ello implicaba que íbamos a llegar a Santiago con un día de antelación: el 25 de julio, día de Santiago. Algo que precisamente habíamos tratado de evitar. Pero algo que, finalmente, creíamos que merecería la pena.

Datos de la etapa:

  • Distancia (según cuentakilómetros): 77’048 km.
  • Tiempo empleado: 5:16:45
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16 dic 08 Camino de la Costa: Etapa 3. Luarca – Ribadeo

Esta entrada es la parte 4 de 7 de la serie Camino de Santiago 2008

Comenzamos la tercera etapa de la misma manera en que lo habíamos hecho los días anteriores: subiendo. El Camino salía de Luarca de vuelta a la N-634 yendo en dirección a Ribadecima que, como su nombre parece indicar, estaba “arriba de una cima” (y si no lo indica, lo propongo como etimología alternativa, pues le viene que ni pintado).

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El día comenzaba genial en lo meteorológico: completamente despejado, y agradable de temperatura. Lo único que resultaba fastidioso era un fuerte nordeste que nos acompañaría durante todo el día. Al poco de salir de Luarca nos tropezamos con la iglesia en ruinas de Santiago de Ribadecima. La iglesia fue abandonada en 1922 debido a que su cementerio estaba lleno de víctimas de la gripe de 1918, y el párroco temía que resultara contagioso para los vecinos. Impresionaba ver el grado de destrucción sufrido por la iglesia en apenas 90 años.

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La etapa transcurrió sin incidentes hasta Navia, donde hicimos la primera pausa de la mañana, en el parque dedicado a Ramón de Campoamor, nacido en esta localidad. En esta población intentamos comprar el billete de vuelta de mi padre a Sevilla desde Santiago, pero la oficina de la empresa Alsa se encontraba cerrada. Allí también pudimos ver a un gran grupo de ciclistas que parecían tambien estar realizando el Camino, a juzgar por las alforjas.

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La salida de Navia se hace en ascenso. El Camino se desvía poco después de cruzar el río que parte en dos a la localidad, dejando la Nacional a su derecha. Nosotros, sin embargo, optamos por seguir por la carretera. No fue una mala decisión, ya que no mucho tiempo después vimos cómo el grupo de ciclistas que ya nos habían pasado en Navia se volvían a incorporar de nuevo a la N-634 procedentes de caminos secundarios que atravesaban diversas aldeas. Seguimos nuestra marcha sin muchas novedades hasta El Franco, donde paramos en un bar de carretera a tomar café y tostadas. Allí tuvimos que tomar una decisión con respecto al camino a seguir: teníamos tres alternativas. La primera era seguir por la N-634 (que presentaba la problemática de transformarse no mucho tiempo después en autovía, y desconocíamos si presentaba vía de servicio), tomar carreteras por los pueblos que bordean la costa, o retomar el trazado recomendado del camino, por pueblos del interior. Optamos por esta tercera opción, no sin antes desviarnos para contemplar la playa de Porcía, otra belleza natural en la que Asturias parece ser tan pródiga.

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Una vez retomado el Camino, volvimos a rodar, por primera vez en dos días, por caminos de tierra. Fue una novedad interesante, con respecto al hasta entonces imperante asfalto de nuestro recorrido. Pasamos junto a casas de campo, donde perros del tamaño de osos nos acosaban, y rodamos entre campos sembrados, olvidándonos por un rato del tráfico y de su molesto ruido. Sin embargo, este plácido recorrido iba a causarme el primer problema mecánico de la jornada. A la altura de Tol, a unos 15 kilómetros de Ribadeo, noté que un radio de la rueda trasera se me había partido. Para más inri, correspondía al lado de la corona de piñones por lo que, pese a tener radios de repuesto, me imposibilitaba cambiarlo, ya que no disponía de llave para desmontar la corona. Tras pesquisas infructuosas en la constelación de aldeas por la que íbamos pasando, tuvimos que hacernos a la idea de no poder reparar la rueda hasta llegar a Ribadeo. Un señor nos aconsejó, si nos venía mejor, acercarnos a Castropol, ya que allí estaba seguro de que podrían repararnos la rueda. Pero como no nos venía de camino, optamos por ir a lo que creíamos seguro. Tendría que haberle hecho caso. Pero como en todo, estas cosas sólo se saben a toro pasado.

Otra de las curiosidades que nos ofreció esta excursión por las aldeas alejadas de la carretera principal fue la sorprendente fauna asturiana. No era, ni mucho menos, lo que me había imaginado:

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Pero claro, si luego te enteras de que el Circo Francés está acampado en el campo de fútbol de la zona, empiezas a comprenderlo.

Tras un rato de marcha algo molesta por el problema del radio, que hacía que la llanta me tocara un poco en los frenos, llegamos hasta Figueras, el último pueblo asturiano antes de llegar a Galicia. Allí nos encontramos un cartel que informaba a los peregrinos que el puente sobre la ría estaba en obras de conversión a autovía, lo que imposibilitaba a los peregrinos a pie cruzarlo, obligándolos a dar un rodeo por Vegadeo, al fondo de la ría, de unos 25 kilómetros. A nosotros no nos afectaba, pero las obras sí que nos impidieron tomar fotografías desde el impresionante puente a la ría, ya que los andaderos peatonales se hallaban desmantelados por la obra, no pudiendo, por tanto, detenernos. Nos despedimos de Asturias con un fuerte Noroeste, una vista preciosa de la ría, y ruido de obras a tutiplén.

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Una vez entrados en Galicia, y en Ribadeo, nos dirigimos a la oficina de Turismo para obtener algo de información del pueblo, y preguntar por tiendas de bicicletas para reparar el radio. Nos pasaron dos direcciones. Una de las tiendas ya no existía, y la otra, tras conseguir dar con el dueño, me informó de que no realizaba reparaciones, pero que si yo me atrevía me dejaba las herramientas. Un buen señor, ex-ciclista retirado por problemas cardíacos, ya nos había avisado de que tendríamos que ir a Castropol, al otro lado de la ría, para que me arreglaran la bicicleta. Un polícía local que lo hace por afición y amor al Camino, dijo. Vista la situación, optamos por dirigirnos al albergue de peregrinos, descargar allí las cosas, y encaminarme yo de nuevo a Asturias (que se dice pronto) para realizar la reparación.

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El albergue de peregrinos de Ribadeo es de nueva construcción, y se encuentra bastante cerca del puente de la ría. Cuando llegamos al albergue sólo nos encontramos a un turista extranjero, y a un matrimonio formado por un catalán y una sevillana que estaban realizando el Camino. Trabamos conversación y el catalán, muy amablemente, nos informó, guía del Camino de Santiago en mano, de que no podíamos quedarnos en el albergue porque los peregrinos a pie tenían preferencia, y que tendríamos que buscarnos otro alojamiento. Mi padre y yo nos miramos en silencio. Era una información que ya conocíamos, pero no es que fuera ésta la persona más adecuada para decirnos esto. Especialmente cuando unos minutos antes se había mostrado muy ufano por cruzar a pie el puente de la ría, cuando expresamente estaba vedado el paso a personas a pie por las obras. Pero se ve que era de las personas que creen que las normas están para cumplirlas, salvo cuando se le tienen que aplicar a uno. Decidimos esperar a que los responsables de Protección Civil dijeran algo al respecto. Yo mientras tanto iría a Castropol para que me repararan la bici. Era ya la una y media pasada.

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La vuelta a Asturias la hice volando como el viento. Esta vez el viento me soplaba casi a favor, e iba sin lastre. Pero lo de Castropol era un tiro a ciegas. Sólo sabía que tenía que llegar al pueblo, y averiguar dónde estaba la tienda del policía local. Por el camino, un radio contiguo al anterior dijo “basta”. El oscilar de la rueda empezaba a ser intolerable, y pronto se hizo imposible rodar sobre ella.

Llegué a Castropol, que se encuentra a unos 8 km. de Ribadeo, al filo de las dos de la tarde. Tras buscar infructuosamente, la farmacéutica del pueblo me puso en contacto con el policía en cuestión. Éste me citó a las tres de la tarde, cuando salía de servicio, en la nave donde realizaba las reparaciones, en un edificio casi en ruinas a la salida del pueblo, camino de Vegadeo.

Estuve esperando un rato hasta que llegaron las tres, en el que hablé con mi padre, y me comentó que los de Protección Civil no le habían puesto ninguna pega para que nos quedáramos en el albergue. Pero como yo me había llevado inadvertidamente las credenciales de peregrino conmigo, no pudieron registrarnos en el albergue. Que tendríamos que esperar hasta las ocho de la tarde.

Poco después e la tres, llegó el policía de Castropol, y me realizó la reparación. Sólo quiso cobrarme el importe de los radios, y se negó a que le pagara por la mano de obra. Desde aquí le agradezco todo lo que hizo por mí. Quiero manifestar que es un orgullo para todos los que amamos el ciclismo, y el Camino.

Una vez realizada la reparación, volví, una vez más, a Ribadeo. Eran las tres y media pasadas. No había comido nada desde media mañana, tenía de nuevo el viento de frente, y empezó a darme un bajón. Pero ya me daba todo igual. Tan sólo quedaba disfrutar del paisaje y volver a entrar en Galicia.

De nuevo en el albergue, decidimos recoger bártulos e ir a comer. Acabamos comiendo -necesitaba comida basura- en una pizzería donde, aparte de comer, nos informaron de la existencia de un cibercafé donde alquilaban habitaciones. Nos dirigimos hacia allá, y nos encontramos con el palacio de Versalles.

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Consistía en una habitación triple, que no era ni más ni menos que un pequeño apartamento (sin cocina), con tres camas, un enorme sofá y una magnífica televisión. Por 50€ la noche, lo tuvimos bastante claro.

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La tarde, como el resto de los días, la dedicamos al turismo. Ribadeo es una preciosa villa en la que se nota la mano de los indianos: emigrantes que se fueron a hacer las américas, y volvieron ricos a su pueblo, donde se preocuparon de construirse palacetes en los que lucir el dinero ganado a base de sangre y sudor al otro lado del charco.

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Además, tiene un casco histórico con el sabor de los pueblos del norte, en los que la Historia te sale al paso en cada paso. Y para colmo una ría, la del Eo, que le da un magnífico entorno natural. La única pena es que sólo disponíamos de una tarde para realizar la visita. Y todo ello sin hablar de la maravillosa Playa de las Catedrales, que no pudimos visitar debido a que sólo puede hacerse con la marea baja, habiendo sido ésta a las dos de la tarde, y encontrarse la Playa a unos 4 km. del pueblo.

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Pese a todo, disfrutamos enormemente la visita, y anduvimos arriba y abajo por el pueblo, contemplando la ría, viendo los palacetes, tomando un rato el sol en la plaza principal, junto -obviamente- a la iglesia y el ayuntamiento.

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A la caída de la tarde, hicimos la compra para la cena, y de nuevo, preparamos la etapa del día siguiente. Supuestamente hasta Abadín, pequeño pueblo lucense a mitad de camino entre Villalba.

Datos de la etapa:

  • Distancia (según cuentakilómetros): 85’000 km. (contando el viaje a Castropol)
  • Tiempo empleado: 4:59:16

Incidencias: rotura de dos radios en la rueda trasera de mi bicicleta

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